Alrededor de 700.000 personas se reunieron en la Plaza de la Concorde de París para asistir a la misa oficiada por el papa León XIV, uno de los actos religiosos más concurridos en la capital francesa en décadas. Peregrinos procedentes de distintas regiones del país participaron en la convocatoria, apoyados por miles de voluntarios.
Cientos de autobuses provenientes de Bretaña, Normandía, Borgoña y otras zonas llegaron a París desde primera hora. Los fieles recibieron al pontífice con gritos de “Leo, Leo” durante su recorrido en el papamóvil hacia el lugar de la celebración.
Más de 15.000 voluntarios colaboraron en la organización de la ceremonia, y alrededor de 400 jóvenes actuaron como monitores del altar. La liturgia contó con cerca de un millar de coristas y fue seguida a través de unas cincuenta pantallas gigantes instaladas en el recinto.
En su homilía, pronunciada en francés, León XIV centró su mensaje en la dimensión espiritual de la visita y apeló a recuperar la esperanza. “Hablo de la sed más profunda y existencial del ser humano”, afirmó, aludiendo a la necesidad de encontrar “sentido, verdad y plenitud”.
El pontífice también se dirigió específicamente a los jóvenes: “Ustedes son la Iglesia hoy”. Destacó su entusiasmo y compromiso y les instó a llevar la esperanza “allí donde reinan el desaliento y la sequedad espiritual”.
La visita del Papa a Francia se desarrolla en un contexto marcado por el debate sobre la secularización. Durante su estancia en París, León XIV visitó un centro de integración para inmigrantes y subrayó la importancia de atender a las personas en situación de vulnerabilidad.
El viaje apostólico continuó posteriormente en Lourdes, que fue el siguiente destino del pontífice.

