Denis Becirovic, un político bosnio de centro-izquierda del Partido Socialdemócrata (SDP-BiH); Zeljka Cvijanovic, de la Alianza de Socialdemócratas Independientes (SNSD) y vinculada al nacionalismo serbio; y Darijana Filipovic, de la Unión Democrática Croata (HDZ-BiH) y asociada al nacionalismo croata, encabezan, según resultados preliminares parciales de la Comisión Electoral Central, las votaciones de este domingo para la presidencia tripartita de Bosnia y Herzegovina.
La participación en estos comicios fue notablemente inferior a la de las elecciones de 2022: 41,48% frente al 51,45% de hace cuatro años. Los sufragios se celebraron en un contexto marcado por problemas económicos, un éxodo masivo de jóvenes y la preocupación por la corrupción, además de la reactivación de tensiones étnicas por parte de algunos líderes políticos. Esas divisiones tienen su origen en la guerra de 1992-1995, que dejó más de 100.000 muertos y millones de desplazados.
Unos 3,4 millones de electores estaban llamados a elegir a los tres miembros de la Presidencia multiétnica (representantes bosníaco, serbio y croata), a los parlamentarios de la Asamblea nacional y a los dirigentes de las instituciones de las dos entidades: la Federación de Bosnia y Herzegovina (con presencia mayoritaria bosníaca y croata) y la República Srpska (dominada por serbios étnicos).
Para Aida Daguda, del Centro para la Promoción de la Sociedad Civil, una ONG bosnia que trabaja en derechos ciudadanos, uno de los principales retos del país es la creciente convicción de que la participación individual no produce cambios significativos. Aunque esa percepción es más patente entre los jóvenes, no se limita a ellos. Daguda sostiene que fortalecer la cultura democrática es un proceso gradual que comienza por ayudar a las personas a verse como participantes activos en la construcción de su futuro.
Las actuales instituciones de Bosnia se crearon mediante los Acuerdos de Paz de Dayton de 1995, negociados con mediación estadounidense para gestionar las divisiones entre bosníacos musulmanes, serbios ortodoxos y croatas católicos que provocaron el conflicto.
Daguda añade que estas elecciones han girado en torno a la confianza: mucha gente se pregunta si tiene sentido quedarse en el país, participar y creer en la posibilidad de cambio. Además de las fracturas étnicas, los ciudadanos afrontan problemas cotidianos como inundaciones, incendios forestales, el encarecimiento de la vida y un entorno internacional incierto. La población busca líderes capaces de responder a esos desafíos con solvencia y visión de futuro, algo que muchos no perciben en el escenario político actual.
El protagonismo de Milorad Dodik
La jornada electoral estuvo marcada por la influencia de un político con una clara orientación prorrusa que, aunque no figuraba en las papeletas, dominó la campaña y contribuyó a avivar divisiones que generan temor a un ciclo de inestabilidad, según la agencia AP. Se trata de Milorad Dodik, ex presidente separatista y líder nacionalista de la República Srpska, inhabilitado para ocupar cargos públicos tras ser sancionado por desoír decisiones del Alto Representante internacional encargado de supervisar el cumplimiento de Dayton.
Dodik regresó recientemente de Moscú tras reunirse con el presidente ruso Vladimir Putin. Todo indica que su partido, la Alianza de Socialdemócratas Independientes (SNSD), obtendrá la victoria en la República Srpska, según AP. El analista Adnan Cerimagic, del European Stability Initiative (ESI) en Berlín, señala que, a pesar de su inhabilitación y de la pérdida formal de la Presidencia de la República Srpska en 2025, la figura de Dodik ha ganado protagonismo en la campaña.
Cerimagic apunta que Dodik ha presentado los años noventa como un choque de civilizaciones en el que, según su narrativa, los serbios defendieron a una supuesta Europa cristiana frente al islam; ha sostenido que Bosnia no es un lugar para los serbios y ha reclamado la desarticulación de los acuerdos de Dayton y del propio Estado bosnio.
En el mitin de cierre de campaña de su formación, celebrado la noche del viernes en Banja Luka, capital administrativa de la República Srpska, Dodik declaró ante sus seguidores que Bosnia «está muerta» y la calificó de país inviable. Al acto asistió el embajador ruso Igor Khalabukov. El analista Dragan Bursac dijo a AP que, aunque Dodik no aparecía en las papeletas por primera vez en casi tres décadas, «sigue al mando» y que las medidas para apartarlo de la vida política no han resultado efectivas.
Aunque Bosnia ha permanecido relativamente tranquila en los últimos años, parte de su clase dirigente ha fomentado tensiones entre la comunidad bosníaca (principalmente musulmana) y las poblaciones serbia y croata. Dirigentes serbobosnios como Dodik han promovido la idea de la secesión de la República Srpska del Estado bosnio, lo que ha generado inquietud entre potencias occidentales por el riesgo de escalada.
Bosnia es uno de los países con menor renta per cápita de Europa y sigue afrontando las secuelas de la guerra que estalló en 1992, tras su declaración de independencia de la antigua Yugoslavia. En aquel conflicto, las milicias serbobosnias combatieron para crear un Estado separado y aproximarse a Serbia; el enfrentamiento causó más de 100.000 víctimas mortales y millones de desplazados.
Oficialmente, Bosnia aspira a ingresar en la Unión Europea, aunque el proceso de adhesión está estancado. La falta de oportunidades económicas ha incentivado la emigración de cientos de miles de jóvenes durante la última década. Tras el censo de 2023, el país ha perdido más del 20% de su población.

