Una portada así supuso un golpe político. El 27 de abril de 2007, el tabloide BT publicó en primera página una foto de Morten Messerschmidt, entonces joven y popular diputado del Partido Popular Danés (DF), con el titular que afirmaba que había homenajeado a Hitler en el Tivoli de Copenhague. El subtítulo decía que, supuestamente borracho en un restaurante del recinto, “cantó canciones nazis con el brazo en alto”; en danés la acusación sonaba aún más contundente por el uso de un verbo derivado de heil que concentra el saludo hitleriano en una sola palabra.
Messerschmidt, actual líder del DF, sobrevivió a ese escándalo. También superó una condena por malversación durante su etapa como eurodiputado que parecía acabar con su carrera, una baja de siete meses por ansiedad y el posterior hundimiento casi total de su partido.
Hoy, tras varias recuperaciones políticas, su partido es el mejor posicionado en la oposición en las encuestas, con un 12,2% de intención de voto, solo por detrás de los socialdemócratas de la primera ministra Mette Frederiksen. Gran parte de ese repunte se atribuye al endurecimiento de su discurso migratorio, que plantea sin ambages que “abandonen Dinamarca más musulmanes de los que entran”.
No es sorprendente, por tanto, que Messerschmidt haya liderado las críticas danesas al Gobierno de Pedro Sánchez durante la crisis de Ceuta. Solicitó excluir a España de los acuerdos de libre circulación de Schengen y logró que, el 12 de agosto y en pleno período de vacaciones, se convocara una sesión extraordinaria del Parlamento para tratar el asunto.
El debate abordó sobre todo cuestiones internas danesas, pero Messerschmidt dejó clara su postura desde el inicio: consideró que lo ocurrido en Ceuta era consecuencia de la política de inmigración “absolutamente irresponsable” seguida por España, y señaló que un programa de regularización pensado para medio millón de inmigrantes se había visto desbordado, con “más de un millón” de solicitudes hasta ese momento.
Criticó asimismo al Gobierno español por ser un “Gobierno socialista chiflado” y alertó de que el acuerdo europeo de fronteras abiertas hace que las decisiones erráticas de un país afecten al conjunto de la UE.
Messerschmidt, abogado de 45 años, fue elegido diputado por primera vez en 2005. Conocido por su elegancia, educación y habilidad como orador, se convirtió pronto en una figura destacada, hasta el incidente del Tivoli. Tras la publicación, tuvo que abandonar temporalmente el DF y aseguró no recordar gran parte de lo ocurrido, negando conocer canciones nazis.
La crónica de BT se apoyó inicialmente en un par de testimonios. Días después surgieron otros testigos —incluidos periodistas de la revista Se og Hør que cenaban cerca— que desmintieron algunos de los detalles más graves de la versión inicial.
Aunque Messerschmidt estaba visiblemente ebrio aquella noche, varias declaraciones afirmaron que no realizó el saludo nazi y que lo que entonó fueron versos del Deutschlandlied, incluyendo la conocida expresión “Deutschland über alles”. Esos versos, escritos en 1841 en un contexto de búsqueda de unidad alemana, no están prohibidos y no son en sí mismos símbolos exclusivos del nazismo. BT tuvo que indemnizarle por difamación.
Una de las personas que testificó a su favor fue la cantante de cabaré Dot Wessman, que le conoció ese día; poco después se convirtieron en pareja. Messerschmidt fue readmitido en el DF y su popularidad creció: en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 obtuvo un récord de 465.000 votos personales.
Su avance se interrumpió en 2016, cuando fue acusado de malversación de fondos europeos por presunto uso indebido en gastos de campañas nacionales. El caso le provocó tanto estrés que permaneció de baja por ansiedad durante más de siete meses; llegó a declarar que se sentía perseguido y que, por paranoia, guardó su móvil bajo llave.
En agosto de 2021 fue declarado culpable y condenado a seis meses de cárcel condicional, sentencia que apeló alegando falta de imparcialidad del juez por críticas previas al DF en redes sociales. El Tribunal de Apelación ordenó un nuevo juicio y, en diciembre de 2022, fue absuelto.
En enero de 2022 fue elegido líder del DF, pese a la oposición de una facción del partido que consideraba arriesgado nombrarlo antes de resolver el recurso por la acusación de malversación. En las elecciones legislativas de 2022, el DF, que en 2015 había alcanzado un 21,1% del voto, logró evitar por poco el desastre electoral: superó por solo seis décimas el umbral del 2% necesario para entrar en el Parlamento.
Aun así, el partido daba la sensación de estar al borde de la irrelevancia. Gran parte del espectro político danés, incluida la primera ministra Mette Frederiksen, se había desplazado hacia posturas más restrictivas en inmigración, restando espacio político al DF.
Según analistas daneses, la última recuperación de Messerschmidt y del DF se explica por una radicalización de su postura antimigratoria, que aboga sin tapujos por reducir la presencia de musulmanes en Dinamarca. Episodios como la crisis de Ceuta ofrecen un contexto propicio para que ese mensaje gane apoyo.

