7 de octubre de 2026
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Putin ensaya un invierno de terror en Ucrania

Uno de los puentes de Kiev, tras un ataque con drones rusos.

La Rusia de Vladimir Putin ya está preparando lo que aspira a ser su estrategia de terror para este otoño e invierno en Ucrania. Misiles y drones rusos atacaron durante la madrugada a Kiev y a otras doce regiones del país, causando al menos 21 víctimas civiles —cuatro de ellas menores— y alrededor de 60 heridos, según las autoridades ucranianas. El golpe más devastador se produjo en Pryluky, en la región de Chernígov, donde un edificio de viviendas quedó destruido y perdieron la vida 15 personas, incluidos los cuatro niños.

También se registraron víctimas en Kremenchuk, en Kiev y en otras dos ciudades. El ataque coincidió con el 74.o cumpleaños de Vladimir Putin y había sido anticipado por Kiev: el día anterior, Volodímir Zelenski había advertido que la inteligencia ucraniana esperaba una ofensiva «masiva». Las autoridades ucranianas siguen movimientos de bombarderos estratégicos desde el este hacia aeródromos cercanos al frente para detectar preparativos de este tipo.

Ucrania no logró neutralizar el ataque. Dispone de munición limitada para sus sistemas Patriot y carece aún de interceptores capaces de alcanzar los nuevos drones rusos a reacción. «Los misiles balísticos rusos siguen siendo el mayor desafío», dijo Zelenski, subrayando que la defensa antiaérea es una «necesidad vital» para su país. El Ministerio de Defensa ruso afirmó que sus objetivos eran instalaciones industriales vinculadas a la fabricación y almacenamiento de misiles y drones, además de puertos y buques en la región de Odesa; las imágenes difundidas contradijeron esas afirmaciones.

Guerra en el aire

El ataque evidencia un conflicto que, más de cuatro años y medio después de la invasión, sigue estancado en el frente terrestre y se libra sobre todo desde el aire. Ucrania responde con misiles y drones de largo alcance dirigidos contra la industria petrolera rusa. Zelenski afirmó haber alcanzado dos instalaciones petroleras y un campo de entrenamiento en Perm, Samara y Astracán, y divulgó imágenes de un petrolero en llamas cerca de Sochi. Sin embargo, el desgaste pesa mucho más sobre Ucrania.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, acusó a Moscú de seguir «una estrategia deliberada de terror» destinada a hacer imposible la vida cotidiana de los ucranianos. No hay señales de alivio inmediato: las negociaciones impulsadas por Estados Unidos han fracasado y, según analistas occidentales, Putin sigue convencido de que Ucrania acabará cediendo y de que sus aliados occidentales terminarán por fatigarse.

Uno de los puentes de Kiev, tras un ataque con drones rusos.

Uno de los puentes de Kiev tras un ataque con drones rusos. EFE

Rusia estaría preparando para este invierno la campaña más dura contra las ciudades ucranianas desde el inicio de la invasión a gran escala, según un documento militar ruso fechado en agosto e interceptado por la inteligencia ucraniana y presentado por el vicepresidente y ministro de Energía, Denys Shmyhal, a socios europeos en París. El plan, que publicó The New York Times, contempla lanzar hasta 1.000 misiles, drones y bombas guiadas contra la red eléctrica del país con el objetivo de reducir hasta un 90% el suministro de electricidad y calefacción en Kiev, Járkiv y Odesa, además de causar graves daños en el alcantarillado. «Nuestros socios, como nosotros, quedaron impresionados por su cinismo, por ese frío cálculo terrorista sobre cómo destruir nuestro sector energético», afirmó Shmyhal.

En tres fases

El documento divide la ofensiva en tres fases. La primera se dirige a subestaciones próximas a la frontera occidental, por donde Ucrania importa electricidad desde Europa. La segunda apunta a centrales hidroeléctricas. La tercera, la más alarmante, va contra las instalaciones que conectan a la red las tres centrales nucleares operativas, algunas situadas a menos de dos kilómetros de los reactores. También figuran en la lista centrales térmicas, salas de calderas, estaciones de bombeo y depuradoras, contra las que Moscú emplearía misiles balísticos y bombas planeadoras. En total, el Kremlin aspira a eliminar alrededor de 15 gigavatios de capacidad de generación, prácticamente toda la disponible al término del verano.

El objetivo no es únicamente militar. Según el Financial Times, que cita evaluaciones de la inteligencia ucraniana compartidas con responsables europeos, Moscú busca aislar del resto del país a las grandes ciudades —Kiev, Járkiv, Odesa y también Leópolis— y presionar a Kiev para que acepte sus condiciones a principios de 2027. El plan pretende además provocar una nueva ola de refugiados hacia la Unión Europea y alimentar el rechazo a la inmigración en varios países europeos. Es, en esencia, la estrategia de inviernos anteriores, pero a mayor escala y usando armas más difíciles de interceptar.

The New York Times advierte de que no ha podido verificar de forma independiente la autenticidad del documento ni hasta qué punto Moscú lo llevará a la práctica. Aun así, los hechos recientes apuntan en esa dirección: los ataques preliminares contra la red eléctrica comenzaron el 30 de septiembre y, desde el 1 de octubre, Rusia golpea a diario los puentes de Kiev sobre el Dniéper, algo que no se había visto en más de cuatro años de guerra. A las puertas de su quinto invierno bajo las bombas, la población civil ucraniana vuelve a ser el principal objetivo.

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