14 de octubre de 2026
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Texas: espectáculo, juego sucio e incertidumbre en las elecciones más seguidas en Estados Unidos

Texas: espectáculo, juego sucio e incertidumbre en las elecciones más seguidas en Estados Unidos

John y Susan, casados más de 35 años y votantes habituales del Partido Republicano en una zona de Texas con tendencias progresistas, describen estas elecciones como las más extrañas que recuerdan. Aunque planean seguir votando republicano, por primera vez tienen reservas por la falta de previsibilidad y los constantes sobresaltos en la campaña.

Hasta hace poco, la política texana se resumía en estereotipos claros: orgullo por la carne y el fútbol, religiosidad, defensa del derecho a portar armas y una identidad conservadora que marcaba con facilidad a los votantes. Apoyar al candidato surgido de las primarias parecía suficiente para mantener la cohesión del electorado.

En estas elecciones, sin embargo, el panorama se ha vuelto imprevisible: la contienda en el segundo estado más grande y con más votos electorales de EE. UU. ha derivado en una sucesión de sorpresas, escándalos y dramatismo que atrae la atención nacional por lo que está en juego, incluido el control de la Cámara Alta.

El proceso ha desconcertado incluso a expertos. Entre los sucesos destacan el ascenso inesperado de James Talarico, un demócrata que batió récords de recaudación y tuvo una ausencia inexplicada de dos semanas, y los continuos problemas de Ken Paxton, fiscal general republicano que fue sometido a impeachment en 2020 tras acusaciones internas sobre el uso indebido de su cargo.

También hay otros actores relevantes: Gina Hinojosa, una candidata hispana que desafía al gobernador George Abbott y aspira a convertirse en la primera latina al frente del estado; candidatos virales de perfil inusual; y la interferencia del presidente, cuyos ataques públicos a Paxton han sido constantes. Recientes informaciones sobre unas vacaciones de Paxton en Dubái con una supuesta amante y donantes prófugos, junto a comentarios del vicepresidente JD Vance insinuando sobre la sexualidad de Talarico, han añadido más tensión.

Texas sigue siendo un feudo republicano y conservador que Trump ganó por amplio margen en 2024. Pese a existencias progresistas en ciudades como Dallas, ningún demócrata ha ganado desde 1988 una elección al Senado en el estado. Ha habido acercamientos: Beto O’Rourke perdió por 2,6 puntos en 2018 y Colin Allred fue derrotado por 8,5 puntos en su intento posterior.

Cada ciclo electoral parece ofrecer una oportunidad para la oposición: entusiasmo, financiación y atención mediática aumentan, pero el voto rural y conservador suele decantar la balanza. En esta ocasión, no obstante, los sondeos dan a Talarico una ventaja promedio de alrededor de tres puntos y medio, lo que mantiene a todo el país atento.

En ciudades como Dallas, San Antonio y Fort Worth se percibe un debate intenso sobre lealtades partidarias, elegir al “mal menor” o abstenerse. Hay votantes incondicionales del Partido Republicano y otros, desencantados, que contemplan no participar en esta elección concreta como forma de protesta.

Para muchos el Senado se ha convertido en un referéndum sobre la figura del presidente y su estilo. Mientras Trump busca convertir la contienda en un plebiscito a su favor, filtraciones del equipo de Paxton muestran que su campaña perdió impulso tras la convención republicana celebrada en Dallas y que la asistencia a actos ha sido menor que en ocasiones anteriores.

James Talarico, de 37 años y soltero, es exprofesor de escuela pública y sirvió cuatro mandatos en la Cámara de Representantes estatal. Con formación en teología, combina un discurso progresista centrado en la economía familiar con un tono moderado y valores cristianos, lo que le ha permitido conectar con independientes y moderados, además de captar un apoyo significativo entre votantes hispanos.

Su campaña ha crecido rápidamente: desde finales del verano cuenta con un equipo de prensa numeroso y una presencia constante en comunidades locales, en contraste con los actos presidenciales. Voluntarios destacan su cercanía y señalan interrogantes sobre la fortuna inmobiliaria de Paxton y su patrimonio.

Talarico articula su oferta política en torno al coste de la vida y la lucha contra la corrupción. Su plan, denominado New American Dream, propone, entre otras medidas, un salario mínimo federal de 15 dólares por hora, mayores impuestos a grandes fortunas y empresas, y más acceso a servicios como el cuidado infantil.

Presenta la corrupción como un factor que agrava la crisis económica y ha hecho de los escándalos de Paxton un eje central de su campaña. Defiende además la educación pública y el acceso a una sanidad asequible, y busca atraer a votantes fuera de la base progresista en asuntos como inmigración, energía y temas culturales.

La contienda ha generado tácticas agresivas: el uso de inteligencia artificial en anuncios para desacreditar a Talarico, apodos despectivos y la difusión de comentarios pasados sobre cuestiones identitarias. Su ausencia de casi dos semanas, que su equipo atribuye a una gripe complicada por diabetes, suscitó numerosas preguntas entre electores y medios.

A menos de tres semanas de las elecciones, la campaña se ha vuelto más dura: circulan acusaciones personales y rumores sobre la vida privada de los candidatos, mientras la inversión económica se dispara. Los republicanos han destinado una enorme suma a publicidad televisiva —con un presupuesto de alrededor de 230 millones de dólares entre el 1 de septiembre y la jornada electoral—, superando con creces a sus adversarios.

Paxton confía en el respaldo del aparato del partido, como sus predecesores, pero sus múltiples controversias y su reticencia a participar en debates mano a mano le han pasado factura. Tampoco el gobernador Abbott se ha enfrentado en debates a Hinojosa. Talarico, por su parte, ha cuestionado públicamente la valentía de su rival y pide a los votantes pruebas de su compromiso.

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