Stevenage, a 20 kilómetros al norte del Gran Londres, puede parecer distante de la geopolítica: además de haber servido de escenario en la película Juego de espías hace 25 años y de ser vecino del novelista Ken Follett, la ciudad alberga actividades industriales con impacto internacional.
Uno de los mayores empleadores locales es MBDA, consorcio franco-británico-italiano de misiles responsable, entre otros, de los Storm Shadow (Reino Unido) y SCALP‐EG (Francia). Ambos modelos tuvieron un papel destacado en la defensa de Ucrania en 2023 y 2024. Aunque las cifras oficiales son limitadas, se estima que el Reino Unido ha suministrado a Kiev varios cientos de unidades y Francia, al menos, unas 140.
El jueves, el primer ministro británico Andy Burnham —quien recientemente calificó a Rusia de “enemigo”— autorizó el envío de más Storm Shadow a Ucrania tras reunirse en Londres con el presidente Volodímir Zelenski. La información, divulgada por Bloomberg y no desmentida, encaja en la estrategia del Reino Unido y de la UE de aumentar la ayuda militar ante el aparente acercamiento de Estados Unidos a Rusia.
A simple vista la decisión tiene sentido: los Storm Shadow no son estadounidenses, por lo que aumentan la autonomía táctica ucraniana. Sin embargo, hay matices importantes: el misil incorpora componentes claves desarrollados en EEUU —por ejemplo, el mapa usado para la navegación—, lo que concede a Washington capacidad de veto sobre su uso en combate.
Bajo la administración de Joe Biden se impusieron restricciones al uso de estos misiles contra territorio ruso, aunque muchas de esas limitaciones se fueron levantando. Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la situación cambió y, desde agosto de 2025, el Pentágono pasó a tener derecho de veto sobre lanzamientos dirigidos a Rusia.
Dudas sobre la operatividad
Ese marco introduce incertidumbre sobre la efectividad de nuevos envíos a Ucrania. El Storm Shadow, con 250 km de alcance y una carga útil de unos 110 kg de explosivos, podría ser útil para atacar refinerías rusas, pero parece poco probable que la administración Trump autorice misiones de ese tipo. Trump ha vinculado esos ataques al aumento de los precios del gasóleo en Estados Unidos, aunque datos del mercado —como los de Vitol— apuntan a que la guerra en Irán también ha reducido la oferta mundial de fueloil en magnitud comparable.
El envío de Storm Shadow busca también facilitar que Ucrania fabrique localmente la versión francesa, SCALP‐EG, autorizada por París y Londres. No obstante, ese proceso será lento: se prevé que pasen varios años antes de que la industria ucraniana alcance niveles de producción que satisfagan la demanda bélica, dado que la capacidad industrial actual es insuficiente.
Además, el control estadounidense sobre componentes críticos no desaparece con esas transferencias. Por ello, Londres ha desarrollado una tercera vía: tres sistemas de armas no divulgados —que fuentes apuntan a que son misiles— en desarrollo desde el verano y que, según el Gobierno, no requerirían autorización de Washington para ser operativos.
Esos tres sistemas fueron acordados entre Zelenski y el entonces primer ministro Keir Starmer y han continuado bajo la administración de Burnham. Se sabe que ya se están probando en Reino Unido y en Ucrania, donde el contingente británico reducido ha sufrido bajas, con un miembro muerto en 2025. Los proyectiles tendrían aproximadamente 500 km de alcance —el doble que el Storm Shadow—, menor precisión, pero ventajas en coste y facilidad de fabricación.
En conjunto, estas medidas son soluciones parciales que siguen las pautas más eficaces de apoyo: cooperación con Kiev, transferencia tecnológica y permitir que Ucrania participe en la decisión, producción y empleo de los sistemas.
A nivel europeo la situación tampoco es sencilla. La reducción del acceso de unidades ucranianas a la red satelital Starshield, decidida por Elon Musk, genera un problema difícil de reparar a corto plazo. La UE valora abrir a Ucrania su red GOVSATOM —integrada por países como Alemania, Francia, Italia y España— y complementar esa capacidad con otras constelaciones como Eutelsat OneWeb y SES, pero ese refuerzo no estaría operativo antes de 2027. Además, GOVSATOM ofrece menor densidad y velocidad de respuesta que Starshield: su constelación es mucho más reducida frente a las casi 7.000 unidades de la red Starlink que usa Starshield.
Tanto el Reino Unido como la UE intentan intensificar la ayuda a Ucrania, pero no está claro que sus arsenales y sistemas alternativos puedan compensar de inmediato las pérdidas de acceso provocadas por decisiones de actores como Elon Musk y la administración Trump.

