Vladimir Putin ha vivido su mejor semana en casi cinco años. Tras un periodo de creciente presión internacional, el Kremlin ha planteado la posibilidad de una cumbre trilateral el mes próximo entre el líder ruso, Donald Trump y Xi Jinping para abordar la guerra en Ucrania.
La reunión podría celebrarse en el sur de China, aprovechando la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Shenzhen, los días 18 y 19 de noviembre. Sería un encuentro alejado de Europa y sin la presencia de Volodimir Zelenski, y otorgaría a Pekín un papel destacado en la diplomacia global, en un formato que algunos medios comparan con una versión moderna de Yalta.
Las otras partes aún no han aceptado formalmente la propuesta, pero tampoco la han descartado. Según el diario citado, Putin lanzó la idea en la llamada del 9 de octubre, la misma conversación en la que se acordó que millones de barriles de diésel ruso volverían a los mercados. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, confirmó que se mantienen conversaciones sobre una posible reunión, aunque todavía no hay acuerdo sobre su celebración ni sobre una agenda concreta.
Putin llega a esta situación envalentonado: en pocos días ha logrado un acuerdo con EEUU para reanudar la venta de diésel a los mercados, y el presidente Trump ha eliminado sanciones que estaban previstas para entrar en vigor hoy tras la aprobación por el Congreso de la llamada Lindsey Graham Act.
Además, según informaciones públicas, el Pentágono ha limitado el uso por parte de Ucrania de la tecnología satelital Starshield, y se han producido restricciones o demoras en las alertas de inteligencia sobre lanzamientos de misiles rusos, lo que ha dificultado la detección oportuna de algunos proyectiles. Al mismo tiempo, la Casa Blanca ha adoptado una postura menos crítica con Moscú, ha elogiado a Putin y ha presionado a Europa para que reanude compras de gas ruso. En ese contexto, voces europeas como la de Marine Le Pen han planteado recortes de la ayuda militar a Kiev.
En un mensaje publicado en sus redes, Trump expuso su visión: dijo que busca negociar la paz entre Rusia y Ucrania y evitar acciones que alejen a Rusia de la mesa de diálogo. Afirmó que se están registrando avances, también en materia de liberación de rehenes, y que su objetivo es mantener incentivos para que Rusia no se distancie de esas negociaciones. También vinculó la actitud rusa respecto a Irán con la presión para que no cambie ese equilibrio.
Trump añadió en su intervención que los ataques a infraestructuras energéticas rusas están dañando los mercados mundiales de diésel y afectando a sectores como la agricultura en Estados Unidos. Criticó a Zelenski por, según él, no priorizar el fin de la guerra y recordó que Ucrania ha perdido territorio y recursos en el conflicto, insistiendo en su deseo de que la guerra termine.
La situación es delicada para Kiev: la orientación de la Casa Blanca parece haber cambiado y el presidente Zelenski, que ya no mantiene un tono conciliador, critica con frecuencia las decisiones de Washington. Aunque no ha renunciado, considera que el apoyo estadounidense se ha debilitado y que la relación con Washington está en riesgo.
En un comunicado, Putin mencionó conversaciones con enviados de Estados Unidos, entre ellos Steve Witkoff y Jared Kushner, y apeló al concepto de “paz a través de la fuerza”. Aseguró que los equipos mantienen comunicación constante, que se preparan próximos pasos diplomáticos y que Rusia informa a sus socios sobre los ataques y las dificultades en la defensa aérea. Subrayó que mucho depende de la postura estadounidense y afirmó que Ucrania está dispuesta a trabajar de manera constructiva para alcanzar un resultado real, agradeciendo el apoyo de quienes respaldan esa vía en Estados Unidos.

