23 de octubre de 2026
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Rusia persigue presuntos espías japoneses y oculta a sus agentes en Tokio

Rusia persigue presuntos espías japoneses y oculta a sus agentes en Tokio

Un vídeo difundido por los servicios secretos rusos muestra a tres hombres encapuchados y armados entrando en una habitación, reduciendo a un hombre en el suelo, esposándolo y trasladándolo posteriormente a un avión. Las autoridades identifican al detenido como Yuki Imai, periodista japonés del diario Hokkaido Shimbun que informaba desde la isla rusa de Sajalín sobre las relaciones entre ambos países. El Kremlin lo acusa de espionaje.

Rusia afirma que Imai recopilaba información sobre capacidades defensivas y sobre militares movilizados para combatir en Ucrania. Japón rechaza las imputaciones y ha presentado una protesta diplomática. El corresponsal fue trasladado este mes a la prisión de Lefortovo, en Moscú, y podría enfrentarse a una pena de hasta 20 años de cárcel.

El caso evoca la detención en 2023 de Evan Gershkovich, reportero del Wall Street Journal entonces acusado de espionaje y liberado al año siguiente en un intercambio de presos. La detención de Imai abre un nuevo frente diplomático entre Moscú y Tokio, justo cuando Japón intenta cerrar vías que habrían facilitado durante años la actividad de servicios de inteligencia rusos.

Mientras Moscú denuncia supuestas operaciones clandestinas japonesas, investigaciones periodísticas han mostrado que agentes rusos utilizaron Tokio como centro para adquirir tecnología y componentes que terminaron en misiles y drones empleados contra Ucrania. Un reportaje del New York Times reveló cómo se aprovecharon fallos del sistema de seguridad japonés para montar esa red.

Algunos operativos actuaban bajo cobertura diplomática y otros mediante empresas comerciales. No solo buscaban secretos militares, sino también componentes de doble uso —con aplicaciones civiles y militares— que se obtenían por rutas comerciales diseñadas para sortear sanciones. Los envíos transitaban por una serie de empresas y países, entre ellos Vietnam, Uzbekistán y Sri Lanka, antes de llegar a Rusia.

Una de las personas señaladas en esa trama fue Maksim Vladimirovich Filchenkov, un ciudadano ruso de 49 años que figuraba como empleado de Aeroflot en Tokio, pero que según la investigación era un oficial de la inteligencia militar rusa encargado de coordinar la adquisición clandestina de tecnología. Filchenkov abandonó Japón tras la publicación de su identidad.

Fuentes del Gobierno japonés consultadas indican que el Ejecutivo trabaja en reforzar sus capacidades para responder con mayor eficacia al espionaje extranjero. Los responsables muestran preocupación porque componentes fabricados por empresas japonesas han sido detectados en armamento ruso empleado en Ucrania. La avanzada industria tecnológica de Japón, pilar económico del país, también la convierte en objetivo para servicios de inteligencia foráneos.

Nueva agencia de inteligencia

Los responsables evitan detallar las medidas concretas que está adoptando Tokio para frenar esas redes ni precisar el papel exacto que desempeñará la nueva estructura de inteligencia presentada hace unos meses por la primera ministra conservadora Sanae Takaichi, quien impulsó una reforma de un sistema de inteligencia concebido en gran parte durante la Guerra Fría.

La nueva Oficina Nacional de Inteligencia, con una plantilla prevista de alrededor de 700 funcionarios, pretende centralizar información que hasta ahora estaba dispersa entre policías, militares, diplomáticos y distintos ministerios. Su objetivo es mejorar la coordinación, acelerar el intercambio de datos y ofrecer al Ejecutivo una visión más completa de las amenazas exteriores. “Este es el primer paso de la reforma de inteligencia”, afirmó Takaichi ante el Parlamento.

Takaichi pretende avanzar más: entre sus planes figura impulsar una legislación específica contra el espionaje y estudiar la creación de un servicio de inteligencia exterior comparable a la CIA o al MI6. Sería un cambio significativo en un país cuya arquitectura de seguridad ha estado marcada por restricciones y recelos tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial.

La reforma ha suscitado críticas: sus detractores temen que el fortalecimiento de los servicios secretos amplíe las facultades de vigilancia estatal sin suficientes mecanismos de supervisión parlamentaria. El debate refleja el dilema central para Japón: dotarse de herramientas para afrontar amenazas cada vez más complejas sin sacrificar las garantías democráticas que han definido su sistema posbélico.

El desafío no se limita al espionaje tecnológico. Un comandante de las Fuerzas de Autodefensa declaró a EL MUNDO que Moscú ha intensificado su actividad militar cerca de las aguas y el cielo japoneses, con operaciones que aumentan la preocupación de Tokio. Este mes Rusia anunció ejercicios aéreos con fuego real sobre Etorofu, una de las islas de las Kuriles del Sur cuya soberanía disputan ambos países.

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