El teléfono del Kremlin ha vuelto a sonar y, esta vez, del otro lado estaban líderes europeos. El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, hablaron ayer con Vladimir Putin para tratar la posible conclusión de la guerra en Ucrania y preparar las próximas negociaciones de paz. Desde Helsinki, los dos mandatarios pidieron desescalada y abordaron la seguridad en el Báltico y el norte de Europa. Fuentes diplomáticas consultadas por este periódico indican que Putin reiteró las posiciones ya conocidas de Rusia, pero también manifestó su disposición a discutir asuntos relevantes en la cita prevista en Abu Dabi en noviembre, con especial atención a cuestiones de seguridad y territorio. Los tres acordaron, además, mantener el diálogo en el futuro.
La iniciativa se coordinó previamente con Kiev y se informó después a Volodimir Zelenski. En las versiones públicas no figura que Stubb o Støre exigieran a Zelenski mayor flexibilidad negociadora ni que le pidieran que dejara de atacar refinerías rusas unilateralmente, una demanda que procedía de la Casa Blanca. Zelenski agradeció el apoyo recibido y explicó que los interlocutores reclamaron a Putin medidas concretas para frenar los ataques a instalaciones energéticas y otras infraestructuras ucranianas.
Una silla para Europa
Stubb ha surgido como posible portavoz europeo ante Putin, aunque sin un mandato conjunto. Cuenta con dos ventajas: contactos personales, incluso con figuras como Trump, y la experiencia histórica de Finlandia, que combatió a la Unión Soviética y luego aprendió a negociar con Moscú para preservar su soberanía bajo restricciones. Ese perfil puede resultar más aceptable para Kiev que el de figuras como Gerhard Schröder, cercano a Putin y vinculado a intereses energéticos rusos, y menos condicionado que el de Angela Merkel por sus intentos previos de encauzar a Rusia por la legalidad internacional.
Con Emmanuel Macron en la recta final de su mandato y Friedrich Merz debilitado por las tensiones internas, Stubb encuentra margen para una diplomacia que pretende devolver a Europa capacidad de decisión sobre su propia seguridad. Europa busca a alguien que la represente en unas negociaciones inciertas, dominadas hasta ahora por Washington y Moscú, donde su papel ha sido más el de sostén de Ucrania que el de influyente sobre los términos de la paz.
En la conversación, Putin se ajustó a su argumentario habitual: responsabilizó a la UE y a la OTAN de la prolongación del conflicto y condicionó una paz duradera a que los intereses rusos sean atendidos plena e incondicionalmente. La versión oficial del Kremlin no incluyó concesiones.
El ministro ucraniano de Exteriores, Andrii Sibiha, marcó el límite: “No daremos pasos unilaterales”. Europa continúa bajo presión, entre ataques híbridos rusos y amenazas constantes. Wes Streeting, ministro de Defensa británico, advirtió que hay que prepararse para un escenario en el que Reino Unido y la OTAN puedan llegar a enfrentarse con Rusia.
Europa busca aún su papel antes de la siguiente prueba diplomática: las conversaciones entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos previstas para el 4 de noviembre en Abu Dabi. El primer ministro polaco, Donald Tusk, confirmó que fue consultado sobre la llamada y que Stubb le transmitió después un optimismo muy moderado sobre la posibilidad de avanzar. Varsovia respaldó la búsqueda de un alto el fuego antes del invierno y reiteró su apoyo total a Ucrania, exigiendo además garantías de seguridad y prudencia frente a los objetivos rusos, que siguen claramente definidos.
Desde Singapur, el canciller alemán, Friedrich Merz, defendió que cualquier negociación debe incluir a Ucrania y a los socios europeos, y rechazó que Washington y Moscú puedan resolver el conflicto sin la participación de Kiev. Afirmó que mientras Putin no quiera poner fin a la guerra, Occidente seguirá apoyando a Ucrania; para Berlín, ese respaldo protege tanto la integridad territorial ucraniana como el orden político europeo.
La llamada de Stubb y Støre con Putin ha generado malestar en Dinamarca, país que también ha sufrido provocaciones rusas y que tiene un papel relevante en el apoyo a Ucrania. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, criticó que la conversación no se hubiera coordinado con otros aliados europeos.
Frederiksen cuestionó lo que los dos países esperaban lograr y recordó que el resto de Europa ha subrayado en ocasiones anteriores la importancia de mantener la unidad cuando algunos actúan por su cuenta, por ejemplo viajando a Moscú. Insistió en que muchos europeos han sufrido los efectos de los ataques de Rusia en Ucrania y de la guerra híbrida actual, y en que hay que ser muy prudentes antes de brindarle a Putin una oportunidad que no tenía hasta hace poco. Sus declaraciones reflejan desconfianza sobre las intenciones rusas y el temor a que estas conversaciones dividan y debiliten a Europa. Støre respondió que todos los socios y aliados fueron informados antes de la llamada y recibieron un informe detallado posteriormente.
Por su parte, Alexander Stubb aseguró en un comunicado que “la conversación fue franca y sustancial”, defendió el diálogo directo con Moscú y señaló que la llamada daba continuidad a las conversaciones de Oslo del 20 de octubre, preparadas en coordinación con Ucrania. Jonas Gahr Støre destacó que se subrayó “la importancia de la desescalada”. Ambos líderes aclararon que no hablaron en nombre de Europa.
El invierno
Ucrania se aproxima a un invierno crítico: su sistema energético está gravemente dañado por los bombardeos y enfrenta dificultades para reponer los misiles necesarios para su defensa. Durante la madrugada, las autoridades ucranianas informaron de que Rusia lanzó 16 misiles balísticos y más de 280 drones contra instalaciones energéticas, infraestructuras logísticas y zonas civiles.
Esos ataques coincidieron con la entrada en vigor, a las tres de la madrugada, de una tregua localizada en Oleshki, en la región de Jersón ocupada por Rusia. La pausa debía facilitar una operación humanitaria para llevar personal médico, medicinas, alimentos y agua, y abrir corredores de evacuación. Hasta 2.000 habitantes permanecen allí con graves problemas de abastecimiento y movimientos restringidos por la presencia de drones y minas. Melania Trump anunció que la tregua se había ampliado a otras áreas de la región para permitir el paso seguro de convoyes humanitarios. La suspensión de hostilidades tiene alcance local, mientras los ataques continúan en otras ciudades ucranianas y afectan a infraestructuras y zonas civiles.

