Los chalecos amarillos y varios sindicatos se han sumado a las protestas estudiantiles este sábado, en una jornada marcada por restricciones impuestas por las autoridades y el temor a nuevos disturbios. La manifestación convocada por los sindicatos ha tenido un amplio respaldo y, en total, se han programado 150 concentraciones en todo el país. “Todos convergemos por la misma razón: la falta de inversión en los servicios públicos y un coste de la vida cada vez más elevado, mientras los salarios no siguen ese ritmo. Tenemos salarios de miseria y becas de miseria”, explica a EL MUNDO Sabrine Kharbach, portavoz de la Unión de Estudiantes.
La marcha en París comenzó con un ambiente festivo, entre cánticos —incluido el grito “todo el mundo odia a la Policía”— y bailes urbanos como el tektonik. El líder de La Francia Insumisa (LFI), Jean‐Luc Mélenchon, acudió acompañado por miembros de su formación y fue recibido por algunos manifestantes con arengas como “¡Mélenchon, presidente!”.
Muchos participantes fueron disfrazados tras llamamientos en redes sociales con consignas como “Halloween, un momento para dar miedo al Gobierno”. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, advirtió de que la celebración de esta fiesta no puede servir de pretexto para ocultar el rostro en el espacio público con la intención de alterar el orden público. En Francia está prohibido cubrirse la cara en la vía pública salvo excepciones por fiestas o tradiciones, y la multa puede ser de 150 euros; portar armas en una manifestación, aunque sean simuladas, puede conllevar sanciones de hasta 45.000 euros.
Denise, parisina jubilada, observaba a los jóvenes disfrazados y dice: “He venido por los pensionistas y también por nuestros nietos; he venido a apoyarlos”.
La jornada transcurrió con un importante dispositivo de seguridad y medidas restrictivas: 70.000 policías fueron desplegados en todo el país para garantizar el orden durante las movilizaciones. El itinerario previsto generó un choque entre sindicatos y la prefectura de Policía de París. Aunque inicialmente la prefectura prohibió los recorridos reclamados por los organizadores —incluida la concentración en la plaza de la Bastilla—, el Tribunal Administrativo autorizó finalmente un recorrido entre Bastilla y Nación. Posteriormente, el ministro del Interior recurrió ante el Consejo de Estado, que acabó prohibiendo el trayecto propuesto por sindicatos y organizaciones estudiantiles.
Sabrine criticó la decisión y señaló que “al final, Macron, a través de Nuñez, recurrió al Consejo de Estado. Recordemos que absolutamente todos los miembros del Consejo de Estado son nombrados por Emmanuel Macron”.
Por otra parte, los chalecos amarillos convocaron concentraciones en distintas zonas de la ciudad a partir de las ocho de la noche, pese a que las autoridades habían advertido de su prohibición. En la zona de la Bastilla, la policía realizó cacheos y controles de mochilas a jóvenes horas antes del inicio de la protesta.
Ciudades como París y Burdeos aplicaron toques de queda desde el viernes hasta el lunes, entre las 23:00 y las 06:00, en algunos barrios comerciales y de ocio de la capital.
Un manifestante, disfrazado del supervillano Joker, este sábado en París. SAMEER AL-DOUMY/AFP
El Gobierno anunció el 26 de octubre una serie de concesiones dirigidas a los estudiantes, entre ellas la sustitución de Parcoursup prevista para 2028 y la creación de 15.000 plazas adicionales en la enseñanza superior. Las organizaciones estudiantiles consideraron insuficientes estas medidas y mantuvieron las convocatorias. “Hemos elaborado una plataforma reivindicativa con diez medidas de urgencia para la juventud, acordadas con los estudiantes de secundaria y universitarios. No podemos aceptar menos”, afirma la portavoz estudiantil.
Entre sus demandas figuran un aumento mucho mayor de las plazas universitarias: los estudiantes reclaman la apertura de 250.000 nuevas plazas, frente a las 15.000 anunciadas por el Ejecutivo, con el objetivo de responder a la demanda de acceso a la enseñanza superior y acabar con la selección.
Las reivindicaciones no se limitan a la educación y al coste de la vida: los estudiantes también exigen el fin de la violencia policial. Representantes estudiantiles se reunieron con el ministro del Interior para reclamar que la policía cese en el uso de la fuerza contra los manifestantes. Entre las diez demandas, Kharbach destaca la petición de amnistía para los participantes detenidos: “La décima reivindicación es el fin de la violencia policial. Por eso pedimos una amnistía para los manifestantes que han sido detenidos”.
Desde el inicio de las protestas, hace aproximadamente un mes, se han registrado numerosos heridos: hay 20 personas con mutilaciones, muchas de ellas menores, y 1.500 policías lesionados. El uso de granadas lacrimógenas que incorporan una pequeña carga explosiva ha causado lesiones graves: tres personas perdieron una mano o varios dedos; cuatro sufrieron la pérdida de un ojo o de la visión; y otras dos resultaron con explosiones en el rostro que provocaron daños severos en nariz, mandíbula y dientes.
Sabrine relata que, durante la reunión con Nuñez, leyeron en voz alta los nombres de las 20 víctimas con amputaciones. Según la portavoz, la respuesta del ministro fue: “Los primeros que resultan heridos, los primeros que sufren, son los policías que tienen que apretar el gatillo de la pistola que lanza las granadas”. Esa reacción aumentó la cólera de los estudiantes hacia el Gobierno.
Cuatro relatores especiales de Naciones Unidas, designados por el Consejo de Derechos Humanos, llamaron la atención al Ejecutivo francés esta semana por la represión de las protestas y advirtieron de que “el excesivo uso de la fuerza y los arrestos masivos son respuestas inapropiadas a las protestas sociales en un Estado de derecho”.


