Conocido el veredicto de las urnas, en Estados Unidos comienza este miércoles oficiosamente la campaña hacia las elecciones presidenciales de 2018. Demócratas y republicanos enfilan la larga carrera con la duda a esta hora de quién se convertirá entonces en su candidato. Rumores y quinielas hay de sobra. En el Partido Republicano han de lamerse ahora las heridas tras la brutal derrota sufrida en estas elecciones de medio mandato.
El domingo por la noche, en Kansas, el presidente Donald Trump invitó al secretario de Estado Marco Rubio a subir al escenario para pronunciar unas palabras. Al anunciar su nombre, la multitud estalló en aplausos y gritos y el presidente, uno de los mayores expertos del país en lo que a atención y carisma se refiere, se dio cuenta enseguida. “Está volviéndose un poco demasiado popular. No estoy contento con esto. Oh, mírenlo. Un poco demasiado popular. No me gusta. No me gusta. Si se pone aún más popular, voy a decir: ‘Estás despedido’“, bromeó, utilizando la expresión y los gestos que usaba en su programa de televisión, El Aprendiz.
Su reacción era una broma, y no es ni mucho menos la primera vez que hace algo parecido con miembros de su partido o de su Gobierno. Pero el hecho de que Rubio estuviera allí con él, en un estado con el que no tiene ningún vínculo, es, en cambio, un asunto muy serio. Unos días antes también había estado en los mítines de Corpus Christi y de Lubbock, en Texas, otro estado con el que no tiene relación. Y la reacción del público había sido la misma.
Trump siempre viaja con invitados, le gusta ofrecer la tribuna durante un corto intervalo a otros, poner a la gente a prueba y estudiar las reacciones. Llegar a la gente de forma natural es algo que se tiene o no se tiene. Pero si a eso se suma que en las dos últimas semanas se ha resistido a dar su apoyo explícito a JD Vance como posible candidato republicano en las próximas elecciones presidenciales, que Rubio y Vance aparecen en todas las quinielas como los aspirantes más claros y con más papeletas para reemplazar al líder MAGA y que oficiosamente la campaña de las presidenciales empieza hoy mismo, cuando acaba la de las midterms, los rumores en Washington se han desatado.
En una entrevista a mediados del mes pasado, el vicepresidente dijo en un principio que no estaba seguro de si recibiría el respaldo del presidente de inmediato si decidiera presentarse a la Presidencia en 2028. Vance aseguró que su máxima prioridad eran las elecciones de mitad de mandato y dijo que ni siquiera tenía claro qué querrá hacer dentro de dos años. Pero un poco después, afirmó: “Creo que si me presento, el presidente me dará su apoyo”.
Menos de 24 horas después, cuando los periodistas le trasladaron a Trump ese hipotético escenario, el presidente marcó distancias. “Es una persona muy talentosa y muy buena”, dijo Trump sobre el hombre que estaba detrás de él, con una sonrisa forzada. “Pero, sinceramente, creo que nunca hemos hablado de eso (..) ¿Saben? ¿Quién se lo creería? Yo no hablo de eso con él; él no habla de eso…Es muy pronto, muy pronto todavía. Tenemos que superar las elecciones de mitad de mandato y ver qué pasa“, respondió.
Las cosas se han complicado mucho para Vance en menos de dos años. Cuando fue escogido vicepresidente, aupado por los consejos a Trump de sus hijos y de los millonarios de Silicon Valley, el presidente no conocía realmente a Vance, que llevaba menos de dos años como senador. Se había hecho famoso con un libro sobre su infancia y adolescencia en entornos pobres y orgullosos en los Apalaches. Pero también había criticado muy duramente al presidente. Sus inicios fueron prometedores para sus aspiraciones y existía cierto consenso en el mundo conservador en que Trump no había escogido sólo un segundo, sino un delfín. Alguien a quien poder pasarle el testigo del movimiento MAGA. Un conservador, muy hostil a las guerras, a la ayuda a Ucrania, dispuesto a defender cualquier cosa.
Desde la llegada al poder, sin embargo, Rubio ha ido ganando terreno poco a poco. El diseño institucional lo facilita. Vance es probablemente el vicepresidente con más acceso al Despacho Oval y al líder de la época moderna. Como mínimo desde Jimmy Carter, pero seguramente mucho más. Pero no tiene poder per se. Y de hecho, ha estado ausente en momentos clave, cuando se tomaban decisiones sobre la guerra de Irán o la operación que llevó a la captura de Maduro. Que la Casa Blanca le diera responsabilidades en las negociaciones de paz y que estas no hayan tenido éxito, mientras Rubio en cambio allanaba el control del petróleo venezolano, no le ha ayudado.
Rubio ha ido creciendo cada día, ganando acceso al círculo cercano del presidente. Ha asumido las responsabilidades de Seguridad Nacional en el proceso, y todos los memes de internet hacen referencia a eso, bromeando cada vez que alguien es cesado con que le tocará también al hispano asumir esas funciones extra. En septiembre, la revista mensual de Bloomberg le dedicó la portada y recogía testimonios de trabajadores de la Casa Blanca y del Gobierno encantados con Rubio, pero no con Vance. “Él frecuentemente recorre el edificio contando chistes y charlando con los asistentes junior. ‘Aunque nadie lo dice en voz alta, a puertas cerradas muchas personas se están agrupando detrás de él como el candidato principal para 2028′”, decía un aliado de Trump en el reportaje. “No es algo anti-JD. Es sólo que Rubio es la mejor persona para llevar la antorcha”, afirmaban.
Hay unanimidad entre los analistas en que, si hay primarias republicanas, el ganador será el que reciba el respaldo del líder MAGA. En general, el apoyo de un presidente saliente suele ser importantísimo, pero en este caso es decisivo, porque nadie concibe hoy en día que alguien enfrentado a Trump tenga opciones serias a nivel nacional. Rubio fue su rival en las primarias de 2015. Recibió muchos insultos y desprecios, pero después supo construir puentes. Entendió que Trump era el dueño del partido y que lo iba a ser durante mucho tiempo, y que cualquier aspiración ambiciosa pasa por llevarse más que bien con él. Además, ambos son de Florida.
La escenografía estos días es fascinante. Poco a poco los aspirantes tienen que sacar la cabeza, pero con extremo cuidado. Suenan nombres como el gobernador de Florida, Ron DeSantis, que ayer mismo buscó distanciarse de Irán y fue muy contundente sobre la responsabilidad en el precio de la gasolina. El senador de Texas Ted Cruz, que ya lo intentó en el pasado. El senador de Misuri Josh Hawley. Incluso quizás el hijo mayor de Trump, Don Jr. Y pueden surgir muchos más en cuanto se abra la veda. Ese será el momento en el que Trump admita que no puede ser candidato en 2028 (la Constitución lo impide, pero él sigue provocando al decir que quizás lo haga).
El presidente bromea sobre la popularidad de otros, pero es un asunto muy delicado. Todo ha de ser discreto para no eclipsarlo y, sobre todo, todos deben pagar un peaje de lealtad. Los analistas políticos de Washington citan mucho estos días un largo discurso de Rubio en Atenas sobre las virtudes de la civilización occidental. El secretario de Estado colocó la agenda del America First de Trump dentro de una tradición filosófica más amplia, remontándose a Platón. “Tenemos mucho que aprender de los hombres de la antigua Grecia”, dijo Rubio. “Sabían que no había nada egoísta ni malo en la lealtad a la nación, ni nada egoísta ni malo en luchar para defender sus intereses por encima de todo”. No es sólo lo que dijo, sino cómo lo vendió. El Departamento de Estado tenía nada menos que cuatro cámaras de vídeo, incluyendo una montada en una grúa para grabar planos en la colina donde los antiguos atenienses se reunían para debatir y votar.
Vance había hecho algo parecido, pero sin tantas referencias, en septiembre, en la convención de su partido en Dallas, en Texas. Y cuenta con más relación con influencers MAGA y podcasters como Theo Von o Joe Rogan. Por no hablar de los tecnogurús como Elon Musk o sobre todo, Peter Thiel. Es un nexo entre el dinero y quienes tienen la voz. Y en Dallas, como ya hizo en los debates presidenciales de 2024, mostró su lado más establishment, tranquilo. Sin las ocurrencias de Trump, ni sus desfases. El lado más presidenciable en la tradición republicana de siempre, consciente, igual que Rubio, de que no hay nadie en el planeta de seguir los pasos de Trump, copiar su tono o conseguir su carisma.

