La campaña hacia las presidenciales de 2028 comenzó la noche del martes, poco después de las 22:00 en Washington. Con las dos cámaras del Congreso en manos demócratas, el presidente Donald Trump habló con periodistas, respondió llamadas y reconoció una derrota abrumadora del partido. Admitió en parte la responsabilidad de la guerra con Irán y mencionó que tendría que colaborar con la oposición, pero también se distanció de lo ocurrido: «Yo no estaba en la papeleta», dijo, tras meses de presentar las legislativas como un referéndum sobre su gestión y su agenda.
La derrota dejó a un Trump más débil y expuso fracturas en el movimiento MAGA, el llamado Trump Pato Cojo, que aún ocupará la Casa Blanca dos años más. Al mismo tiempo abrió espacio para que surjan aspirantes a sustituirlo. Doce horas después, el vicepresidente JD Vance dio un paso adelante de forma directa y arriesgada: se posicionó, sin declararlo abiertamente, y lo hizo contradiciendo al presidente, atribuyendo la derrota al conflicto con Irán y señalando así una responsabilidad política última en Donald Trump. El resultado fue una confrontación inmediata entre matices e intereses diversos.
El miércoles, preguntado repetidamente sobre si aceptaba que la derrota era consecuencia de la guerra y si por tanto pensaba ponerle fin, Trump reconoció que la tesis de la culpa de Irán «es en gran medida cierta», pero afirmó que volvería a actuar igual: «Si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría que hacerlo de nuevo. No pueden tener un arma nuclear», defendió en referencia a Teherán. Matizó que el problema no era la intervención en sí sino sus consecuencias y que quizá su Administración no supo comunicar mejor esas razones al público.
Aunque a primera vista las posiciones de Trump y Vance pueden parecer parecidas, hay diferencias importantes. Vance lleva desde febrero planteando que él se opuso a bombardear Irán dentro de la Administración y, frente a rivales como Marco Rubio, busca diferenciarse. Sabe que es difícil aspirar a la presidencia sin el apoyo explícito de Trump, pero también entiende que ha perdido iniciativa y respaldo popular; por eso ha tomado un riesgo calculado para intentar recuperar terreno.
Vance atribuye la derrota a la guerra con Irán y pide detenerla ya, pero su argumento es también una maniobra de campaña. No niega que haya otras causas—la inflación, por ejemplo, o factores vinculados al trumpismo como las deportaciones, la corrupción, abusos de poder y el deterioro institucional—, pero para posicionarse frente a otros aspirantes necesita situar una causa única y concreta que le favorezca.
En un extenso mensaje en su cuenta de X, Vance criticó a los estrategas republicanos que, pese a las encuestas, insistían en un relato optimista sobre la «composición» del electorado, es decir, que bastaba con que los votantes recordaran 2024 para recuperar terreno. En su visión, esos asesores transmitieron al presidente que la victoria era posible si el votante pensaba en él.
Mientras Trump se lavó las manos anoche, defendiendo sus políticas y culpó a candidatos débiles, a los medios o a la preocupación por la inflación (aunque dijo que la política exterior contaba con respaldo), Vance tomó una postura contraria y pidió claridad al conservadurismo: muchos de los que apoyaron a Trump en 2024 votaron por demócratas en 2026. Citó a un encuestador que considera fiable, que le dijo que el mensaje económico no estuvo lo suficientemente afilado, pero afirmó que la razón principal de la derrota era evidente para casi todos: Irán.
La parte central de su mensaje fue directa: «La razón por la que perdimos es la guerra. El propio presidente lo dijo anoche. Si quieres argumentar que valió la pena, que perder el Senado por los próximos 6 años valió la pena, entonces hazlo. Argumenta que fue un costo valioso que pagar». Con ello intentó presentar su diagnóstico como continuación del presidente, aunque en la práctica constituye una corrección significativa al mismo. Trump, en cambio, insistió en que la acción contra Irán mereció la pena y que la repetiría.
Con la derrota reciente aún fresca, Vance esbozó una hoja de ruta que, según él, debe seguir el partido para evitar un colapso en 2028. Se trata de una propuesta dirigida al electorado MAGA con cuatro prioridades básicas, en esencia la agenda trumpista pero adaptada como plataforma de cara a su posible nominación.
1) Terminar la guerra
2) Enfocarse en el coste de la vida e inflación
3) Poner a América primero
4) Cambiar nuestra relación con Israel
Vance presenta esas líneas como respuestas de votantes a preguntas de «uno de los encuestadores más inteligentes» que conoce, pero en la práctica son su propio plan de campaña para buscar la nominación. Además, ajusta cuentas internas: defendió a Rachel Campos Duffy, criticada por proponer una solución diplomática al conflicto con Irán y por apuntar a Netanyahu, y recordó que quienes advirtieron sobre los riesgos tenían razón. Vance fue uno de los pocos que marcó distancias y alertó de posibles consecuencias; aunque luego se sumó a la corriente, lo hizo con menos entusiasmo que otros responsables que aseguraban una victoria fácil, como el secretario de Defensa Pete Hegseth.

