18 de octubre de 2026
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Exalcalde Carlos García huyó de Venezuela y terminó preso en EEUU

Exalcalde Carlos García huyó de Venezuela y terminó preso en EEUU

Carlos García, de 43 años, regresó a Mérida, la ciudad andina que gobernó entre 2013 y 2017 tras ganar las elecciones municipales por la Mesa de la Unidad Democrática. En su etapa como dirigente de Primero Justicia fue uno de los alcaldes más votados del país, pero en 2017 tuvo que huir de Venezuela tras ser perseguido por el chavismo y condenado a 15 meses de prisión por negarse a reprimir manifestaciones antigubernamentales.

Después de cuatro años en Colombia, García continuó su exilio en Estados Unidos junto a su familia. En enero celebró, como muchos venezolanos, la captura de Nicolás Maduro; sin embargo, veinte días después fue arrestado mientras tramitaba su asilo.

El dirigente contó a EL MUNDO su experiencia, que refleja la situación de miles de compatriotas: huyeron de la revolución venezolana pero se han encontrado hostigamiento y detenciones en el marco de la política migratoria de la Administración Trump.

¿Cómo le ha recibido Mérida a su regreso?
Me reencontré con mi familia y con amigos que valoran mi trabajo político y social. Durante el exilio nunca dejé de apoyar a la Universidad de Los Andes, a los profesores y a los centros de salud; desde EEUU promoví redes de ayuda para la ciudad. Esa labor social es mi vocación.

Pese a ser un dirigente popular y protagonizar un caso mediático, usted acabó en una mazmorra de Trump. ¿Qué sucedió?
El 23 de enero acudí a una cita de inmigración en Ohio por mi proceso de asilo y allí me detuvieron. Tenía documentación en regla: seguro social, permiso de trabajo, licencia de conducir y mis impuestos al día. A muchas personas en mi situación las detienen y les hacen llevar desde la cárcel su propia defensa.

Su propia familia denunció las condiciones pésimas de su encarcelamiento.
Las condiciones eran deplorables y traumáticas. La cárcel de Hamilton, un centro federal que el estado de Ohio arrienda, combina una sección para migrantes con otra para condenados, y aplica reglas muy estrictas para todos. Se sale a caminar solo tres horas; el resto del tiempo se permanece en una celda pequeña, sin exposición al sol ni aire libre, con un trato denigrante. Nos mezclaban con detenidos por delitos graves. Yo huí de Venezuela para evitar las cárceles del régimen y terminé en una prisión en EEUU.

Quién se lo iba a decir a usted, que incluso fue invitado hace años a EEUU para participar en un programa gubernamental.
Fui invitado por el Departamento de Estado a un programa de líderes latinoamericanos, junto a David Smolansky. Es una iniciativa para estrechar la relación de futuros líderes regionales con EEUU.

El 3 de enero capturaron a Maduro y días después, era usted el encarcelado.
Exacto. Veinte días antes celebraba la captura de Maduro y semanas después me encontraba en una situación parecida: preso, uniformado y sin información sobre la situación política en Venezuela.

Su pulso con la Administración Trump duró ocho meses, hasta que decidió regresar finalmente a su país.
Estuve cuatro meses peleando mi asilo y mi libertad, pero las condiciones me deterioraron: perdí 22 kilos y fui hospitalizado dos veces. La orden de deportación inicialmente fue a Ecuador, que no me aceptó, lo que retrasó el proceso. Pedí ser deportado a Venezuela para agilizar mi salida. Sabía que asumir ese regreso implicaba riesgo porque mi orden de captura seguía vigente.

Usted aterrizó en Venezuela el último día de septiembre sin saber cuál sería el trato del Gobierno de Delcy Rodríguez. ¿Qué ocurrió exactamente?
Al llegar, los deportados fuimos revisados por SEBIN, DGCIM, CICPC y la Guardia Nacional. Registraron a cada persona; vi cómo detenían a un militar desertor. Me mantuvieron varias horas esperando, me interrogaron sobre mi motivo de regreso y, finalmente, me liberaron.

¿De quién cree que fue la decisión final?
Supongo que hubo líneas generales para permitir el retorno de ciertos líderes políticos. Recientemente otro alcalde, Gustavo Marcano, regresó en vuelo comercial sin problemas, lo que sugiere coordinación administrativa para estos casos.

¿Y qué Venezuela se ha encontrado?
He vuelto a percibir la diferencia entre Caracas y el interior. En la capital hay menos apagones que en ciudades como Valencia o Mérida, donde enfrentan cortes de luz de varias horas. La crisis de servicios y la situación económica siguen siendo graves.

Las encuestas hablan de malestar entre los venezolanos…
Percibo que, pese a la gravedad de la crisis, existe optimismo sobre el futuro. La población está desesperada por la falta de servicios, pero cree que la vía para el cambio es una elección presidencial. Hay menos miedo que antes, lo que facilita mayor movilización ciudadana.

¿Milita todavía en Primero Justicia?
Actualmente no tengo militancia partidista. Mantengo amistad con muchos en PJ y sigo siendo un militante de la democracia y la libertad. Apoyo el liderazgo de María Corina Machado, que mantiene fuerza en el país.

En el proceso negociador con el chavismo 3.0 impuesto por Washington participan antiguos compañeros suyos de PJ. ¿Tiene esperanza en que se llegue a la transición democrática?
Confío en los avances de las negociaciones, aunque reconozco que van más lentas de lo que la gente quisiera. Creo que la presión ciudadana puede acelerar el proceso y abrir la puerta a elecciones.

¿Cuál es su opinión respecto a la Administración Trump?
Agradezco la acción de enero que permitió la captura de Maduro y que devolvió esperanza a muchos venezolanos. Sin embargo, rechazo el trato dado a líderes como María Corina y la priorización de intereses económicos y petroleros frente a demandas políticas esenciales, como la liberación plena de presos políticos y un cronograma electoral claro. Además critico la incertidumbre que viven los venezolanos en EEUU: muchos conviven con temor, limitándose a trabajar y viviendo con una paranoia constante. Salimos de Venezuela por miedo al régimen y en EEUU nos encontramos con otra forma de persecución; es una paradoja difícil de aceptar.

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