La última esperanza de Luca y Valentina fue un centro en Monterrey, México, dirigido por el doctor José Roberto Trujillo, en la clínica NeuroCytonix. Allí sometieron a su hija, que nació con discapacidad, a un tratamiento experimental con un dispositivo llamado Cytotron, que combina ondas de radiofrecuencia y resonancia magnética rotacional para estimular los tejidos. Pese al importante desembolso económico —según fuentes, cientos de miles de euros— los avances en la pequeña Bianca fueron lentos y, según allegados, podrían haberse agotado los recursos para costear los viajes y la estancia de casi un mes necesarios para continuar las sesiones.
Esa incertidumbre alimenta las hipótesis que buscan explicar la desesperación que llevó a Luca Abbasciano y Valentina Pambianco a quitarse la vida junto a su hija de cinco años —con discapacidad desde su nacimiento— y a su perro Teo, en su vivienda de la calle Antracite, en el barrio romano de Pietralata.
En los días previos, factores vinculados a la compleja situación familiar, incluida la dificultad de la madre para aceptar la condición de la niña, podrían haber precipitado los hechos. Bianca nació prematura, con siete meses de gestación, y sufrió problemas óseos y de visión. Aunque muy deseada, su llegada transformó la dinámica del hogar: según la vecina Cristina, «desde ese momento Valentina dejó de sonreír». Para dedicarse a sus cuidados, la madre había dejado su trabajo y la familia estaba bajo seguimiento de los servicios sociales.
Los carabineros del Departamento Operativo y de la compañía Montesacro centran parte de las pesquisas en ese contexto. Bajo la coordinación de la Fiscalía, los agentes continuaron examinando la veintena de cartas firmadas por la pareja en las que expresaban su intención de cometer el acto extremo. Los investigadores apuntan que se utilizó una pistola Glock, registrada por el padre únicamente para su custodia en el domicilio, y que la angustia derivada del estado de salud de la menor pudo ser el móvil.
En la escena fueron hallados los cuerpos: la pequeña Bianca, de cinco años, estaba entre sus padres con un impacto de bala en el pecho; Luca y Valentina presentaban disparos en la cabeza. También se encontró sin vida a Teo, el perro de la familia, un braco alcanzado por otro disparo.
Una madre napolitana que conoció a la pareja durante los tratamientos de sus hijas confirmó la relación: viajaron juntos a México y mantuvieron después la amistad en Italia. «Nos comunicábamos con frecuencia por mensajes, videollamadas y teléfono. Venían a buscarme a la estación cuando iba a Roma, aunque solo fuera por cinco minutos», relató.
Ella contó que habló con ellos el viernes y que habían planeado un viaje con escala en Madrid que finalmente no realizaron. Tras enviar un mensaje que no obtuvo respuesta, consultó las redes y encontró la noticia sobre la familia. «No quiero creerlo, pero por desgracia esta es la triste realidad: se habían ido al cielo juntos», añadió, mostrando incredulidad y dolor.
Según testimonios, Luca y Valentina llevaron a Bianca a México al menos en tres ocasiones —un vecino indicó que podrían haber sido cuatro— en lo que fue el último intento por mejorar su situación antes del trágico desenlace.
En la mesa del salón los agentes encontraron alrededor de veinte cartas de despedida; varias detallaban las últimas voluntades y el reparto de bienes, mientras que otras contenían mensajes de desesperación, como el que decía: «Solos no podemos».

