29 de agosto de 2026
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Tragedia interrumpe peregrinaje de cientos de devotos

Tragedia interrumpe peregrinaje de cientos de devotos

Las operaciones de rescate llevan cuatro días activas en el Tíbet y Nepal tras la riada del miércoles. Hay más de 600 fallecidos y cerca de 3.000 personas desaparecidas, entre ellas numerosos peregrinos que recorrían el Himalaya para visitar el monte Kailash y el lago Manasarovar, sitios sagrados para budistas, hinduistas, jainistas y seguidores del bön. Decenas de miles de devotos viajan cada año con operadores turísticos que ahora intentan comunicar a las autoridades cuántos clientes permanecen sin localizar.

Entre los desaparecidos figura Kanagamah Sundrasan, una australiana de origen indio que viajó sola tras más de un año de preparación. Su itinerario indicaba que debía llegar a los valles del Kailash el jueves, un día después del desastre.

Su hija, Swaatika Kanniah, explica: “Era uno de sus sueños. Aún no hemos podido contactar con ella; ha sido muy difícil obtener información. La queremos de vuelta y la echamos mucho de menos”.

Los peregrinos inexpertos suelen desplazarse por carretera hasta las faldas del monte para completar la kora, un circuito a pie de unos 53 kilómetros que normalmente dura tres días. Agosto es temporada alta y, si Sundrasan seguía su plan, probablemente se encontraba cerca del paso fronterizo de Gyirong en el momento de la riada, un paso que ha quedado totalmente destruido.

Riesgo de enfermedades, desnutrición y explotación en niños

El monte Kailash es venerado en el hinduismo como la morada de Shiva y Parvati; las tradiciones lo sitúan como un centro cósmico donde se conecta cielo y tierra. Hace pocos días, a unos 700 kilómetros al sureste, la región quedó gravemente afectada: el terreno se desplomó, los cauces cambiaron y el cielo se oscureció para decenas de miles de personas afectadas por la catástrofe.

UNICEF calcula que al menos 17.000 niños han resultado afectados en los distritos nepalíes de Rasuwa, Nuwakot y Dhading, y unos 10.000 escolares necesitan ayuda urgente tras la destrucción total de 18 centros educativos y daños en otros 20. La agencia solicita cerca de 15 millones de euros para atender a los menores supervivientes, que ahora afrontan mayor riesgo de enfermedades, desnutrición y explotación.

Escasez de medicamentos para enfermos crónicos

Pacientes con diabetes, hipertensión y asma ya sufren la falta de tratamiento, ya que muchos desplazados no reciben su medicación habitual. El Hospital Trishuli afronta escasez de fármacos esenciales, diésel para ambulancias e incluso gas para cocinar. La posibilidad de brotes se incrementa por problemas en el suministro de agua potable, saneamiento, alimentación y atención sanitaria en los campamentos de desplazados. Además, la destrucción de puentes y carreteras complica el traslado de embarazadas y enfermos graves, mientras aumentan los saqueos y los problemas de seguridad alrededor del hospital.

Las consecuencias también se aprecian curso abajo: en la India, autoridades de Uttar Pradesh han recuperado siete cuerpos arrastrados por el Ganges en los distritos de Maharajganj y Kushinagar, a más de 70 kilómetros de la frontera con Nepal, y trabajan en su identificación.

A la dificultad de contabilizar víctimas se suma la opacidad en el lado tibetano. Mientras en Nepal la prensa ha podido desplazarse y documentar la destrucción, el Tíbet permanece en gran medida inaccesible: Pekín exige permisos especiales casi nunca concedidos y varios medios internacionales han visto rechazadas sus solicitudes desde el inicio del desastre.

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