20 de octubre de 2026
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Secuestrador chino fingió su muerte 19 años y usurpó la identidad de su gemelo

Secuestrador chino fingió su muerte 19 años y usurpó la identidad de su gemelo

En los registros oficiales de China, Chen figuraba como fallecido. Sin embargo, él continuó levantándose temprano para trabajar, pagó facturas y llevó una vida familiar tranquila. Había asumido la identidad de su hermano gemelo, que llevaba casi veinte años enterrado. Nadie sospechó que aquel respetable ciudadano era en realidad un prófugo buscado por un secuestro, hasta que la intervención de una antigua novia del hermano y la persistencia de un policía desenmascararon una de las suplantaciones más inusuales registradas en el país.

El caso se remonta a septiembre de 2002 en Yuhuan, en la costa este de China. Siete hombres secuestraron a una mujer y la obligaron a retirar dinero de sus cuentas. La policía detuvo pronto a seis implicados, que fueron juzgados y encarcelados. El séptimo, identificado solo por el apellido Chen, logró huir y desaparecer.

Mientras sus seis cómplices cumplían condena, Chen inició una vida clandestina. Durante cinco años, las pesquisas siguieron pistas que no dieron resultado. En 2007, sin embargo, llegó una noticia que parecía cerrar el caso: Chen había muerto en un accidente de tráfico y las autoridades emitieron el certificado de defunción correspondiente. La búsqueda del fugitivo se dio por concluida.

Lo que nadie advirtió entonces fue un detalle crucial: el cuerpo enterrado no correspondía al fugitivo, sino al de su hermano gemelo.

Aprovechando el parecido físico entre ambos, Chen diseñó una maniobra propia de un thriller. Cuando su hermano falleció en diciembre de 2007, presentó su propio permiso de conducir durante los trámites funerarios y logró que las autoridades registraran al difunto con el nombre del prófugo. A partir de entonces asumió la identidad de su hermano.

Durante casi diecinueve años, Chen llevó una vida aparentemente normal con la identidad usurpada. Formó una familia, trabajó y se integró en la comunidad sin levantar sospechas. No obstante, había alguien a quien resultaba difícil engañar: la mujer que había estado comprometida con el hermano auténtico.

Antes del accidente, el hermano fallecido estaba comprometido con una joven apellidada Deng. Los preparativos de la boda estaban en marcha cuando ocurrió la tragedia. Tras el fallecimiento, los registros familiares mostraron una separación sentimental, una anomalía documental que acabaría siendo clave para el caso.

En abril pasado, durante la revisión de expedientes antiguos, un policía de Yuhuan llamado Long Yuwen halló indicios de que un hombre llevaba años usando la identidad de su hermano muerto. Recuperó los papeles del secuestro de 2002 y empezó a cotejar nombres, fotografías, orígenes y lazos familiares.

Long revisó imágenes antiguas de los dos hermanos y observó que, pese al gran parecido, existían rasgos sutiles que permitían distinguirlos. También detectó que, apenas nueve días después de registrarse la muerte de Chen, el supuesto hermano vivo había solicitado un cambio de nombre; la foto presentada en ese trámite no concordaba con las imágenes previas y mostraba a una persona que se parecía más al fallecido que al que figuraba oficialmente con vida.

El investigador localizó entonces a Deng, la antigua prometida, que confirmó que el hombre muerto en el accidente era su novio. Su testimonio ayudó a reconstruir el intercambio de identidades entre los dos hermanos.

El pasado verano, Chen fue detenido. Las pruebas biológicas obtenidas tras su arresto coincidieron con muestras conservadas de la investigación del secuestro de 2002. El hombre que había engañado a los registros oficiales durante casi 19 años no pudo eludir la evidencia de su ADN.

Otras vidas robadas

El caso de los gemelos no es aislado en China; hay otras historias que parecen propias de una película. En 2011, la policía capturó a un fugitivo que había vivido durante once años bajo una identidad falsa tras matar a su propio hermano por un conflicto relacionado con una propiedad. Durante más de una década permaneció fuera del alcance de las autoridades.

Otro episodio, destapado en 2012, incluyó incluso una boda. Un ladrón apellidado Li, condenado por un robo con arma blanca, pasó casi diez años oculto bajo la identidad de un hombre llamado Wang, cuyo documento había encontrado por azar.

El fugitivo llegó a renovar aquel carné incorporando su propia fotografía y contrajo matrimonio usando el nombre usurpado. Cuando se descubrió el fraude, el verdadero Wang tuvo que acudir a los tribunales para anular una boda que oficialmente figuraba a su nombre: se había encontrado legalmente casado sin haber celebrado enlace alguno.

Aún más sorprendente fue el caso de un prófugo apellidado Wen. Tras fugarse de prisión, adoptó los datos personales de un compañero de habitación de hotel con cierto parecido físico. Con esa identidad cometió nuevos delitos y fue condenado de nuevo sin que inicialmente se supiera quién era en realidad. La justicia lo había detenido, pero no sabía a quién tenía delante.

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