19 de agosto de 2026
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Trumpismo al borde del abismo en noviembre

Trumpismo al borde del abismo en noviembre

La noche del 26 de mayo, en un salón de hotel en Austin, el veterano senador texano John Cornyn experimentó algo inédito en sus 24 años de carrera política: perdió las primarias de su propio partido ante el fiscal general del estado, Ken Paxton, un candidato respaldado por Donald Trump y marcado por múltiples controversias legales y personales.

Ese resultado no fue aislado, sino parte de una tendencia observada en las primarias republicanas de la primavera y el verano: legisladores en ejercicio derrotados por aspirantes apoyados por Trump. La dirección tradicional del partido mira con preocupación si priorizar la lealtad presidencial sobre la experiencia electoral de los candidatos les pasará factura en las elecciones generales de noviembre.

En juego están los 435 escaños de la Cámara de Representantes, renovables cada dos años, y un tercio del Senado. Para la Casa Blanca es crucial mantener mayoría en el Congreso: con ella Trump ha logrado aprobar medidas controvertidas como la llamada Big Beautiful Bill, un paquete que recorta impuestos y beneficios médicos para amplios sectores y que aumenta el déficit presupuestario proyectado para la próxima década.

Sin esa mayoría, la capacidad de avanzar la agenda presidencial —aranceles, deportaciones masivas, recortes fiscales sin freno institucional— se reduciría drásticamente. Perder el control, aunque sea solo de la Cámara Baja, llevaría a una parálisis legislativa y pondría bajo escrutinio la gobernabilidad de Trump en sus dos últimos años de mandato.

Por eso las midterms se consideran un referéndum sobre la gestión presidencial a mitad de mandato. Las encuestas actuales reflejan una aprobación baja de Trump, alrededor del 38%, frente a una desaprobación cercana al 58-59%, con un saldo neto negativo considerable, uno de los peores para un presidente en esta etapa según las mediciones modernas.

Históricamente, el partido del presidente suele perder escaños en midterms: ocurrió con Obama en 2010, con Trump en 2018 y con Biden en 2022. La explicación es estructural: la participación en años presidenciales es más amplia y diversa, mientras que en midterms vota un electorado más movilizado y, a menudo, más ideológicamente polarizado.

Hoy los republicanos controlan ambas cámaras por márgenes estrechos: 218-213 en la Cámara Baja (tras la muerte del representante Doug LaMalfa) y una ventaja de tres escaños en el Senado. Esa estrechez convierte pequeñas variaciones en distritos o estados en la diferencia entre un Congreso alineado con Trump o uno que bloquee su agenda y promueva investigaciones, e incluso un tercer proceso de impeachment.

Frente a ello está un Partido Demócrata dividido: las primarias han mostrado tensiones entre el ala centrista del establishment y sectores progresistas más rupturistas, impulsados en algunos casos por figuras como Zohran Mamdani. La dirección del partido debate cuál es la mejor estrategia para noviembre.

Aun así, las encuestas favorecen a los demócratas: necesitan recuperar cinco escaños para lograr el control de la Cámara, pero según analistas solo 38 de los 435 distritos son competitivos, con 19 sin favorito claro. En el Senado, las carreras más disputadas son en Alaska, Maine, Michigan y Ohio, según sondeos.

Entre las contiendas más observadas está la de Carolina del Norte, donde el exgobernador demócrata Roy Cooper compite por el escaño que deja Thom Tillis frente al republicano Michael Whatley; sondeos de agosto sitúan a Cooper con ventajas de entre siete y 12 puntos en un estado que Trump ganó por tres en 2024. En Texas, la derrota de Cornyn ha reabierto el debate sobre si Paxton puede hacer competitiva una plaza que los demócratas no ganan en el Senado desde 1988. En las primarias demócratas del estado, el legislador James Talarico venció a la congresista Jasmine Crockett, otro ejemplo de la pugna interna entre corrientes del partido.

Un año duro para Trump

El último año ha sido políticamente complejo para Trump. La intervención militar en Irán y sus efectos —incluido un aumento sostenido del precio de la gasolina y presiones inflacionarias— han generado críticas amplias, incluso dentro de su bancada, y han erosionado su apoyo entre votantes independientes hasta situarlo alrededor del 34% en algunos grupos.

Ese desgaste se refleja en el generic ballot, donde los demócratas mantienen una ventaja sostenida de entre cinco y ocho puntos en los agregadores. Modelos como el del analista Nate Silver otorgan elevadas probabilidades a los demócratas de recuperar la Cámara y una posibilidad relevante de obtener el Senado, un panorama que meses atrás parecía menos probable dada la distribución de escaños en disputa.

Pese a ello, Trump ha restado importancia pública a las midterms, aunque se ha implicado activamente en las primarias republicanas, priorizando la lealtad a su figura por encima de las consideraciones sobre la viabilidad general de los candidatos, una estrategia que ha escalado tensiones dentro del partido.

Su intervención fue clave no solo en Texas con Paxton, sino también en la derrota del senador Bill Cassidy en Luisiana. Mientras algunos líderes republicanos apoyan esa línea por fidelidad, el aparato tradicional teme que candidatos más extremos y con menos atractivo en elecciones generales puedan costarles escaños decisivos en noviembre.

El factor ‘gerrymandering’

El gerrymandering, promovido por republicanos en varios estados, puede influir decisivamente en el control de la Cámara. Esta práctica de redibujar distritos para favorecer a un partido ha generado mapas favorables a los conservadores en lugares como Misuri, Carolina del Norte, Ohio y Texas. California respondió con una estrategia demócrata que podría aumentar su representación progresista en la Cámara.

Además de la batalla por el Congreso, en noviembre se decidirán 36 gobernadores, alrededor de 300 cargos ejecutivos estatales y numerosas oficinas que influyen en la política local y en la preparación de las elecciones presidenciales de 2028. Todos esos frentes, junto con el impacto de figuras nacionales en campañas estatales, condicionarán el panorama político a medio plazo.

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