Francia amanece con las consecuencias de la violencia que sacudió las movilizaciones del sábado en todo el país. La Policía informó que entre los más de 1.200 detenidos, 855 se produjeron en París, “una cifra récord”; además, 150 policías y gendarmes resultaron heridos. En algunas zonas comerciales del centro de París se observaron vitrinas destrozadas, cristales en las calles y barricadas con contenedores, vallas, bicicletas y mobiliario urbano.
En una comparecencia poco antes de la medianoche, el primer ministro Sébastien Lecornu dijo que el ministro de Justicia, Gerald Darmanin, ha ordenado a los fiscales que soliciten prisión provisional para los detenidos, informa Efe. Justificó la medida alegando que los arrestados presentan “perfiles particularmente violentos y peligrosos”.
Lecornu añadió que no se puede permitir que una minoría destruya y que siempre sean los mismos los que paguen. Señaló además que en París se intentó atacar “centros de poder” como el palacio del Elíseo, Matignon o la Asamblea Nacional, y calificó estos hechos como “una maniobra política que acepta la violencia”, subrayando que “no nos dejaremos intimidar”.
Las marchas convocadas por estudiantes, sindicatos y chalecos amarillos reunieron a alrededor de 550.000 personas y estuvieron marcadas por episodios de caos, saqueos y violencia. El presidente Emmanuel Macron criticó a los responsables de los disturbios por intentar “derrocar nuestras instituciones” y dijo que impedirán que quienes protestan pacíficamente puedan hacerlo; advirtió que los responsables de los destrozos y saqueos “serán perseguidos y castigados”. Manifestantes corearon consignas contra el presidente, como “¡Macron, dimisión!”.
La violencia fue especialmente visible en lugares como Saint-Étienne, donde un joven de unos 20 años perdió la mano derecha durante las protestas; todavía se investiga si el incidente está vinculado al uso de granadas aturdidoras por parte de la policía, tras otro caso de amputación ocurrido el 5 de octubre en Lens.
En Marsella, el alcalde Benoît Payan solicitó refuerzos policiales al presidente tras la entrada de decenas de manifestantes en el Ayuntamiento. Se registraron ataques contra comisarías en varias ciudades y en Lyon ardió una oficina de turismo. En París, el alcalde Emmanuel Gregoire condenó “el saqueo metódico de las calles”, a la vez que destacó que la gran mayoría de los manifestantes quería marchar de forma pacífica.
Los disturbios culminaron con un incendio en el ayuntamiento de Limoges provocado por un grupo que entró por el sótano; la torre del edificio, construido en 1883, se derrumbó y el municipio informó de daños “muy graves” y de que la estructura está “en gran parte perdida”.
El Ayuntamiento Limoges, un edificio declarado monumento histórico y construido en el último cuarto del siglo XIX, prácticamente destruido por un incendio provocado.EFE
El representante del Estado Maurice Barate señaló a Afp que “prendieron fuego a un edificio en cuyo interior se encontraban personas: cargos públicos, agentes de la policía local y personal de los servicios municipales”, y precisó que no hubo heridos.
Las escenas de lo que varios medios describen como “guerrilla urbana” comenzaron después del mediodía, cuando la policía cercó la plaza de la República en París y empezó a lanzar gases lacrimógenos en respuesta a las provocaciones de jóvenes vestidos de negro y con pasamontañas. La multitud que se había congregado pacíficamente sufrió la intervención policial y hubo cánticos contra los agentes, como “Todos detestamos a la policía” y “ACAB”.
La prefectura local protagonizó disputas con los organizadores por la ruta de la marcha; finalmente esta avanzó hacia la plaza de Clichy, mientras parte de los manifestantes optó por intentar una “toma de la Bastilla” y otra parte causó desórdenes en la puerta de Saint-Martin. La Policía advirtió que las concentraciones estaban “no autorizadas” entre las siete de la mañana y las diez de la noche en diversas zonas.
A lo largo del día la tensión se desplazó hacia la plaza de la Concordia y los Campos Elíseos, protegidos por las fuerzas de seguridad ante el riesgo de manifestaciones frente al palacio del Elíseo o Matignon. Las fuerzas disolvieron una concentración “no autorizada” en la rue de Boissy-d’Anglas que se dirigía al Elíseo.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, declaró que “grupos de cientos o miles de alborotadores han arremetido contra las fuerzas del orden” y atribuyó las acciones a la extrema izquierda radical, a la que responsabilizó de estos episodios degenerados.
El líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, participó nuevamente en las manifestaciones. Jordan Bardella, presidente de Agrupación Nacional, le acusó de instigar la violencia y afirmó que la movilización social sirve de pretexto para que grupos de extrema izquierda, representantes sindicales, colectivos violentos y milicias anti-policía se unan en los disturbios.


