30 de septiembre de 2026
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Ilya Ponomarev asegura haber sufrido nueve intentos de asesinato

Ilya Ponomarev asegura haber sufrido nueve intentos de asesinato

Ilya Ponomarev (Moscú, 1975) fue diputado de la Duma hasta 2016. Participó en las protestas contra Vladimir Putin y, en marzo de 2014, fue el único de los 450 parlamentarios rusos que votó en contra de la anexión de Crimea. Vive entre Kiev y Washington y obtuvo la ciudadanía ucraniana en 2019. Ponomarev habla con EL MUNDO desde Kiev tras la revelación del Departamento de Justicia de que una red vinculada a los servicios secretos rusos reclutó a intermediarios cubanos y venezolanos para vigilar y asesinar a disidentes.

A una de las personas, identificada en el sumario como “Victim-1”, la siguieron hasta dos inmuebles relacionados con ella en Washington. Los organizadores ofrecieron 40.000 dólares por matarla. Ponomarev reconoce que la descripción de esos inmuebles coincide con su situación, ya que posee dos casas en Washington, una de las cuales está vinculada a la representación de su parlamento en el exilio.

Conoce detalles de la investigación estadounidense, pero afirma que no puede hacer comentarios ni confirmar que sea la víctima mencionada. Sí sostiene que hubo varios objetivos potenciales en Estados Unidos y que se reforzó la seguridad de Garry Kasparov.

Durante muchos años, Estados Unidos parecía casi un territorio vedado para los asesinatos de disidentes rusos. ¿Le sorprendió descubrir que Rusia estaba preparando allí el asesinato de varios de ustedes?
Sé lo que ha ocurrido, pero lamentablemente no puedo hacer comentarios sobre eso.

El sumario menciona dos casas relacionadas con la víctima. En su caso tiene una vivienda y también una especie de sede política, ¿verdad?
Técnicamente son dos inmuebles que poseo en Washington.

Más allá de su caso personal, ¿qué significa que Rusia esté preparando asesinatos políticos dentro de Estados Unidos? Es una escalada importante.
Es preocupante. Ya había precedentes, como la muerte de Mijail Lesin en Washington hace alrededor de diez años, que yo considero un asesinato ruso dentro de la lógica de castigar a desertores o antiguos miembros del régimen. Atacar a adversarios políticos en el extranjero es otra cosa: rompe reglas no escritas de contención que existieron incluso durante la Guerra Fría. Putin parece decidido a erosionar esos acuerdos, lo que reduce los mecanismos de contención y aumenta el riesgo de una escalada mayor, incluida una confrontación más grave entre potencias.

¿Por qué asume Putin ese riesgo? Donald Trump está en la Casa Blanca y Moscú ha evitado provocarlo o decepcionarlo.
En parte, en Moscú perciben que Trump no da prioridad a los casos de disidentes —existen precedentes, como la gestión del caso Khashoggi— y creen que esas acciones no generan una respuesta contundente. Además, el aparato de seguridad ruso funciona con incentivos distintos: los agentes saben que, si tienen éxito, no serán castigados e incluso pueden ser promovidos. Esa cultura de impunidad facilita que se tomen riesgos.

La operación parece bastante rudimentaria.
Sí. Según la narración, las personas involucradas actuaron con torpeza: reclutaron intermediarios diversos, se tomaron fotografías de la casa —quedaron registradas por cámaras— y finalmente la persona a la que pidieron ejecutar el asesinato se negó. Todo apunta a una operación mal organizada. El sumario menciona 40.000 dólares, pero es improbable que esa cifra represente la totalidad del presupuesto real; parte del dinero pudo haberse desviado en el camino.

Tiene una buena relación con la Administración Trump. A pesar de que Trump no es precisamente el mejor amigo de Kiev…
Mi relación con esta Administración es mejor que la que tenía con la anterior. El equipo actual es más receptivo y consistente respecto a ciertos asuntos relacionados con la resistencia. Los anteriores, los demócratas, dificultaron mi trabajo porque buscaban evitar desestabilizaciones en Rusia. Trump, por su parte, tiende a ser cínico en estas cuestiones y prioriza otros intereses, pero su equipo ha mostrado mayor disposición a colaborar en lo que yo hago.

Atacarlo a usted podía ser especialmente arriesgado para Moscú si tenía buenos contactos con la Administración.
Según lo que me han contado, no hubo una sola víctima en Estados Unidos; en Vilna también había una. En Estados Unidos eran varias personas y, además, se reforzó la seguridad de Kasparov. Las operaciones no se limitaron solo a Washington.

Usted continúa viviendo en Kiev aunque podría instalarse en Washington. Kiev también es una ciudad peligrosa para usted y su casa ya fue alcanzada por un dron. ¿Por qué no modifica su vida?
Sigo viajando entre Kiev y otros sitios. No voy a cambiar mi forma de vida por estas amenazas. Me persiguen en Kiev, en Estados Unidos y en Europa; desde 2022 ha habido nueve intentos contra mí. Considero que estoy en guerra y continuaré actuando.

¿Cómo es actualmente su relación con otros hombres en la mirilla del Kremlin, Vladimir Kara-Murza y Garry Kasparov?
Con Vladimir Kara-Murza siempre he tenido una relación personal mejor; es una persona afable y sus posiciones son más moderadas que las mías, además está claramente en el campo contrario a Trump. Sin embargo, sus financiadores, como la National Endowment for Democracy y otras organizaciones, han impuesto un bloqueo a cualquier colaboración conmigo, por lo que ha dejado de responder a mis llamadas pese a la amistad personal previa. Con Garry Kasparov nunca fui realmente amigo: es una persona muy centrada en sí misma y competitiva. Botvinnik lo describió con una frase que resume su carácter: “Garry cree que es el campeón del mundo y, en realidad, es el campeón mundial de ajedrez”. Políticamente tenemos pocas coincidencias; cuando nos vemos nos abrazamos, pero no es alguien que suela mantener conversaciones profundas con otros.

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