30 de septiembre de 2026
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Járkiv sufre ataques con drones FPV

Oleg Zarychanskyi muestra sus heridas por ataque de dron.

La presencia de carros calcinados en las calles es un indicador visible de la cercanía del conflicto. En Ucrania, ese fenómeno está vinculado en muchos casos a los drones FPV: aparatos pequeños pilotados a distancia que se han hecho notorios por atacar indistintamente objetivos civiles y militares, como ocurrió en Jersón y ahora en Járkiv.

Los equipos municipales habían logrado en parte limpiar el paso en el barrio de Pyatykhatky, pero aún quedaban varias carrocerías quemadas. En un tramo de apenas unas decenas de metros se contaban tres vehículos calcinados.

Los vídeos grabados la noche del día 22 muestran incendios violentos atribuidos a FPV. En uno de esos coches murió una persona abrasada.

Victoria Dioshyna, de 62 años, se hallaba a pocos metros y recuerda que eran las 21:00: oyó un zumbido seguido de dos explosiones.

Oleg Zarychanskyi muestra sus heridas por ataque de dron.

Oleg Zarychanskyi muestra las heridas sufridas en un ataque de dron. KOSTYANTYN CHERNICHKIN

«Vimos los coches ardiendo. Una hora después se oyó otra explosión. Hace pocos días, el 11 de septiembre, un FPV mató a una persona que caminaba por esta misma acera. Sí, tenemos miedo, pero ¿qué podemos hacer?», afirma la mujer mientras camina frente a los restos al día siguiente.

El ‘modelo Jersón’

El incidente en Pyatykhatky forma parte de una serie de ataques con drones FPV en los barrios del norte de Járkiv. Cerca de media docena de esos aparatos explotaron a lo largo de la jornada, lo que las autoridades relacionan con una escalada por parte de las fuerzas rusas y con la posible intención de trasladar a Járkiv tácticas ya empleadas en Jersón.

El diario Kharkiv Today tituló en esa fecha que «el ejército ruso aterroriza un distrito de Járkiv con drones FPV», reflejando la conmoción provocada por los ataques.

El zumbido característico de los FPV se ha convertido en una constante en los núcleos urbanos del este del país. Su uso en una ciudad de 1,4 millones de habitantes, con relevancia cultural y patrimonial, supone un paso más en la intensificación de la violencia en el conflicto.

Según medios locales, el primer ataque con un UAV provisto de fibra óptica en la ciudad se registró en febrero. Durante el verano, el empleo de estos dispositivos aumentó: la conexión por cable permite sortear las contramedidas electrónicas y, según se explica, solo pueden derribarse con fuego directo.

Desde julio, los FPV han atacado camiones de basura, vehículos de evacuación y coches aparcados; ese mes uno de ellos se estrelló por primera vez contra un edificio residencial.

Vsevolod Kozhemyak, fundador de la Brigada Khartia, publicó en julio un vídeo inquietante que, según dijo, captó la cámara de un FPV sobre el centro de la ciudad, y advirtió sobre la creciente presencia de estos aparatos.

Kozhemyak estimó en redes sociales que en un plazo de cuatro a seis meses la ciudad podría quedar bajo la influencia activa de drones enemigos y afirmó que el adversario dispone de decenas de miles de unidades.

«Los FPV son una nueva realidad con la que tendremos que convivir», señaló Dmytro Batinov, alto oficial del Centro de Sistemas No Tripulados del ejército ucraniano, en declaraciones a la prensa local.

“Puro terror”

«Se trata de puro terror contra la población civil. En una ciudad del tamaño de Járkiv es casi imposible infligir daños militares significativos con este tipo de drones», añadió el oficial, apuntando al impacto sobre civiles e infraestructuras.

La actividad de los UAV se ve especialmente en la periferia de la ciudad, donde han ardido estaciones de servicio, y en las aldeas cercanas. Desde el verano se han empezado a proteger algunas zonas con túneles y redes anti-drones.

Posición del ejército ucraniano en el norte de Járkiv.

Posición del ejército ucraniano en el norte de Járkiv. KOSTYANTYN CHERNICHKIN

«Tengan cuidado. Hace pocos días un dron que estaba a la espera atacó un camión a poca distancia de aquí. Pueden seguir, pero bajo su propia responsabilidad», advierte un militar que vigila un puesto en la vía conocida como la M-30 de la ciudad.

En ese mismo tramo fue asesinado en mayo el conductor de un camión, tras el impacto de otro FPV.

A unos cinco kilómetros se encuentra otra estación de servicio destruida, donde aún permanece la carrocería quemada de un vehículo utilitario volcado.

En un poblado cercano, Roslán Laptiy muestra un depósito donde se acumulan restos de distintos aparatos recogidos tras los ataques.

Entre los desechos figuran desde piezas de los nuevos Geranios-5 hasta motores similares a los de motocicleta usados en los drones Shahid y los cables de fibra óptica empleados por los FPV.

“Me dejó el brazo y la espalda llenos de metralla”

Laptiy, bombero de profesión, enseña la grabación de un ataque reciente contra un camión destinado a apagar incendios: en el vídeo se ve cómo el UAV se aproxima y se estrella contra el vehículo municipal.

«Lo hemos reparado como hemos podido: poniendo parches en el metal y sustituyendo el parabrisas», explica.

Su compañero Oleg Zarichanskiy resultó herido por uno de estos dispositivos en julio. Salvó la vida porque saltó del tractor municipal al oír el zumbido; muestra cicatrices y afirma: «Me dejó el brazo y la espalda llenos de metralla».

Unidades como la Brigada Khartia han empezado a desplegar fusileros en las inmediaciones de Járkiv con el objetivo de intentar contener la oleada de ataques con FPV.

«Esta posición se instaló en junio», comenta Baton —es su apodo militar—, uno de los efectivos apostados en un búnker cubierto con redes.

Tanto él como su compañero vigilan un detector de drones colocado en el refugio, junto a una ametralladora pesada.

Una mujer pasa junto a coches destruidos por los ataques.

Una mujer camina junto a coches destruidos por los ataques. KOSTYANTYN CHERNICHKIN

«Es cierto que los rusos quieren aplicar aquí el modelo Jersón. Desde principios de año hemos registrado 118 ataques de FPV, de ellos 41 con drones de fibra óptica», calcula el alcalde de Járkiv, Ihor Terekhov.

Según el alcalde, los drones con fibra óptica han mejorado su alcance hasta superar los 40 kilómetros, lo que les permite golpear distintos puntos de la ciudad incluso si despegan desde territorio ruso.

«Estamos aplicando un plan especial de protección. Las redes antidrones forman parte de un sistema más amplio que incluye unidades móviles antiaéreas y equipos de interferencia electrónica», explica Terekhov.

El acoso de los FPV se suma a ataques previos con misiles y drones más grandes, una presión constante que ha llevado a trasladar muchas actividades al subsuelo: desde la Ópera y teatros hasta nuevos alojamientos construidos bajo el asfalto.

«Hemos habilitado 10 colegios y 24 espacios educativos en los túneles del metro, donde estudian 28.000 alumnos. Dos hospitales han preparado refugios con capacidad para cirugía y rehabilitación, y también se ha dispuesto una gran sala para eventos culturales», detalla el alcalde.

Terekhov concede ahora entrevistas desde refugios subterráneos y concluye: «Desafortunadamente, los ataques nos obligan a vivir así; no podemos llevar una vida normal».

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