El senador John Fetterman, de 57 años, es una figura compleja y polémica en la política estadounidense. Aunque se le considera teóricamente progresista y alineado con los demócratas, en los últimos años ha mostrado una inclinación creciente hacia posiciones y contactos cercanos a los republicanos y a Donald Trump. Recientemente envió un video de apoyo a sus rivales, previsto para la convención de Dallas (Texas), a solo 55 días de las elecciones, un gesto que ha molestado a parte de su base y generado preocupación entre sus colegas y estrategas electorales sobre el equilibrio en la Cámara Alta.
Fetterman se distingue por una imagen poco convencional para un político: de gran estatura, tatuajes visibles, ropa informal —a menudo sudaderas con capucha, pantalones cortos y prendas de trabajo—, lo que le dio un perfil de outsider en un entorno habitualmente formal. Su estilo directo y alejado de las normas tradicionales le dio popularidad y lo presentó como una figura cercana a la gente corriente.
Formado en Harvard, trabajó como voluntario en Braddock, una localidad industrial de Pensilvania muy afectada por la desindustrialización, y fue elegido alcalde en 2006. Desde esa posición llevó al debate nacional la crisis de las comunidades industriales, construyendo una plataforma mediática y de recaudación de fondos que resultó clave para vencer a Mehmet Oz en las elecciones de 2022.
Su campaña de 2022 se vio marcada por un accidente cerebrovascular semanas antes de las primarias, del que se recuperó parcialmente y que dejó secuelas auditivas que le obligan a usar subtítulos en debates. En 2023 ingresó voluntariamente en el hospital Walter Reed por una depresión clínica severa, un episodio que abordó públicamente. Quienes trabajaron con él aseguran, sin embargo, que después de esos eventos su conducta y capacidad cambiaron.
Aunque formalmente sigue siendo demócrata, se ha distanciado de varias posiciones del partido: ha mostrado apoyo a figuras conservadoras como Kristi Noem para puestos ejecutivos, se opuso a bloquear la financiación del gobierno pese a protestas por las operaciones de ICE y amenazó con abandonar el partido si este adoptaba posturas críticas con Israel. Esa ambigüedad ha llevado a describirlo, para algunos, como demócrata solo de nombre, mientras su voto se ha vuelto crucial para el rumbo legislativo y para el balance de poder hasta 2028.
Las encuestas y las matemáticas electorales sitúan a los demócratas con posibilidades de recuperar la Cámara de Representantes, pero para recuperar también el Senado necesitarían arrebatar varios escaños a los republicanos. Si Fetterman cambiara formalmente de partido o continuara alineándose de forma recurrente con los republicanos, la aritmética senatorial se complicaría para los demócratas, que tendrían que sumar escaños adicionales para alcanzar la mayoría. En un escenario de 51-49, cualquier voto discrepante tendría un impacto desproporcionado durante los dos años legislativos siguientes.
Fetterman ha afirmado repetidamente que no abandonará el Partido Demócrata, citando su apoyo a sindicatos, los derechos LGBTQ, el acceso al aborto y causas de la clase trabajadora como incompatibles con los republicanos. No obstante, críticos y analistas alertan de que si sus votos siguen favoreciendo a la agenda conservadora, el efecto práctico sería equivalente a un cambio de alineamiento.
En mayo de 2024, Adam Jentleson, entonces jefe de gabinete del Senado, envió una carta al director del servicio de lesiones cerebrales y neuropsiquiatría de Walter Reed expresando preocupación por la salud mental de Fetterman, señalando cambios de conducta como pensamiento conspirativo y divagaciones. New York Magazine hizo pública esa carta en 2025 y añadió otras alegaciones: comentarios controvertidos en reuniones, tensiones familiares por la postura sobre Israel, omisión de revisiones médicas, conductas de riesgo al volante y la compra de un arma. Fetterman ha negado esas acusaciones, atribuyéndolas a exempleados descontentos.
En semanas recientes, un reportaje del Wall Street Journal, basado en testimonios de varios miembros de su equipo y cientos de comunicaciones internas, acusó al senador de ausentarse de compromisos con electores y grupos vulnerables y de descuidar su trabajo legislativo mientras mantenía una presencia mediática en espacios conservadores. Varios excolaboradores relatan respuestas evasivas como “Paso” o indicar no encontrarse bien antes de participar en apariciones públicas.
También se ha informado sobre la relación de Fetterman con David Dovi Safier, un recaudador de fondos para causas judías ortodoxas que ha pasado a ser un asesor cercano no oficial. New York Magazine describió la influencia inusual de Safier en decisiones y reuniones sensibles, incluso en llamadas con el primer ministro Benjamin Netanyahu, pese a no tener un cargo formal. La publicación de ese reportaje coincidió con la dimisión de la jefa de gabinete Cabelle St. John, en el puesto desde junio.
Varios excolaboradores han creado además una cuenta anónima en redes sociales prometiendo nuevas revelaciones, entre ellas que destruyeron un argumentario procedente de la embajada de Israel que el senador consideró usar en una tribuna por temor a posibles violaciones de las leyes sobre injerencia extranjera. Fetterman mantiene su versión de que se trata de “calumnias” impulsadas por empleados descontentos y, según ha dicho, baraja la posibilidad de presentarse a la reelección en 2028.

