17 de agosto de 2026
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Conquista híbrida de Groenlandia en marcha

Un niño groenlandés sostiene un cartel

La idea de una ciudad libre en algún punto de Groenlandia, con leyes propias, autonomía frente a otros estados, capacidad para albergar hasta un millón de personas y energía nuclear, es la utopía —o distopía— que promueven tecnobillonarios vinculados al entorno de Donald Trump. Aunque suene fantasiosa, algunos expertos consideran que esa visión podría ser la culminación de un proceso ya en marcha: una toma híbrida de la isla ártica impulsada por Estados Unidos.

Más allá de los mensajes anexionistas de Trump, como el simbólico “Hello Greenland”, Washington ha incrementado de forma sostenida su presencia e influencia en Groenlandia en ámbitos económicos, energéticos y militares. Especialistas daneses y estadounidenses advierten que ese avance podría traducirse en un dominio efectivo y neocolonial sin necesidad de una anexión formal ni de modificar el estatus autónomo de la isla bajo Dinamarca.

El influyente think tank conservador Heritage Foundation, cercano a la Administración Trump, propone convertir la isla en “un proyecto transatlántico occidental” o una “Greenland Corporation” destinada a frenar la expansión china y beneficiar a Estados Unidos, Dinamarca y la UE. La fundación subraya, además, que una anexión formal no sería necesaria.

Billy Adamsen, investigador de medios de la Universidad de Copenhague y exasesor del primer ministro danés Poul Nyrup Rasmussen, ha señalado en una tribuna en Jyllands-Posten que Estados Unidos está consolidando su control de forma metódica y continua mediante inversiones, diplomacia y presencia militar: “Estados Unidos está en Groenlandia. La conquista ya está en marcha”.

Adamsen explica que no se requiere una confrontación directa ni una anexión oficial: la influencia estadounidense se amplía gradualmente a través de la creación de vínculos cada vez más estrechos con Groenlandia, un proceso que, según él, resultará difícil de revertir con el tiempo.

Un punto clave, según Adamsen, es la expansión de la presencia militar además de la base de Pituffik en el noroeste. El Pentágono ha informado de negociaciones con Copenhague para construir hasta tres nuevas instalaciones. “Tres bases no son una ocupación de Groenlandia, pero pueden ser el anclaje estructural que facilite vínculos posteriores y haga más difícil retroceder”, advierte.

Fundada en 1973, la Heritage Foundation ha influido de forma notable en las políticas de la Administración Trump, y su Proyecto 2025 propone una reorganización profunda del Estado y mayor poder presidencial. La fundación también asesora al Departamento de Estado sobre propuestas de desarrollo para Groenlandia.

Ese mismo mes, apenas días antes de que Trump afirmara que Estados Unidos debe tener “control operativo” sobre Groenlandia a más tardar en enero de 2029, Paul McCarthy, investigador principal de la Heritage Foundation para política europea y exterior con responsabilidad sobre Groenlandia, presentó a la radiotelevisión pública danesa DR las recomendaciones de la fundación para el futuro de la isla.

McCarthy aconsejó a los líderes europeos evitar reacciones emocionales ante Trump y sentarse a negociar: según él, la demanda estadounidense por Groenlandia no desaparecerá y Europa debe buscar obtener ventajas mediante la cooperación.

También advirtió que en la práctica Groenlandia está expuesta a la influencia de actores como China y Rusia y que hay que cambiar esa dinámica a largo plazo. Para McCarthy, la estrategia incluye no solo bases militares sino también fortalecer la economía local mediante mayores inversiones.

De ahí surge el concepto de “Greenland Corporation”: plantear la isla como un proyecto empresarial transatlántico dirigido por gobiernos y capital privado para impulsar su desarrollo y evitar que China se convierta en el inversor dominante. McCarthy menciona estructuras corporativas o fondos soberanos como modelos posibles.

Su mensaje a Copenhague fue claro: actuar y coordinarse con Washington para que Groenlandia se convierta en un proyecto occidental conjunto. McCarthy insiste en que, independientemente de la soberanía formal, la dinámica futura se desarrollará en gran medida según los términos que establezca Estados Unidos.

Un niño groenlandés sostiene un cartel 'anti-Trump', en Nuuk, en enero.

Un niño groenlandés sostiene un cartel ‘anti-Trump’, en Nuuk, en enero. ALBERTO DI LOLLI

Aun así, la Heritage Foundation, pese a su cercanía a Trump, descarta la anexión formal. McCarthy la considera innecesaria y remarca que el Congreso estadounidense probablemente no la aprobaría; para él, lo esencial es que Dinamarca y Europa inviertan junto a Washington en el desarrollo de Groenlandia.

La presencia estadounidense en la isla se ha intensificado en los últimos años: en 2020 reabrió su consulado en Nuuk tras siete décadas y en mayo lo trasladó a un edificio mayor en el centro, con el objetivo de apoyar la creciente actividad inversora estadounidense, tanto pública como privada.

En sectores como la minería, la energía y proyectos de sostenibilidad se detecta la implicación de multimillonarios tecnológicos como Jeff Bezos, Bill Gates o Michael Bloomberg, así como de magnates tradicionales como Ronald Lauder, a quien algunos rumores vinculan con la idea de la anexión.

Rasmus Sinding Søndergaard, investigador del DIIS especializado en política exterior estadounidense, subraya que muchas de estas inversiones tienen una motivación política: buscan mejorar la relación con Trump y ejercer influencia sobre los responsables políticos groenlandeses a favor de Estados Unidos.

Marc Jacobsen, de la Academia de Defensa de Dinamarca, observa que la estrategia estadounidense ha pasado a centrarse más en incentivos económicos que en coacción, con inversiones que pueden beneficiar a la economía local pero que responden sobre todo a intereses estratégicos de la Casa Blanca.

Otra iniciativa vinculada al entorno trumpista es American Daybreak, creada por el empresario Tom Dans con la misión de reforzar los lazos entre Estados Unidos y Groenlandia bajo la doctrina America First. Dans ha declarado que su objetivo es, en sus palabras, “convertir a los groenlandeses en estadounidenses por su propia seguridad”.

En su visita a Nuuk en marzo de 2025, Dans afirmó que Groenlandia tiene un enorme potencial económico y que, con el socio adecuado, podría convertirse rápidamente en uno de los territorios más prósperos, algo que, según él, beneficiaría a Estados Unidos, a los groenlandeses y a Dinamarca.

Por su parte, la idea de comunidades libertarias —propiedad privada extensiva, uso de criptomonedas y regulación mínima— promovida por la compañía Praxis, fundada por Dryden Brown con financiación de Peter Thiel (cofundador de PayPal y propietario de Palantir), encaja con la visión de ciertos tecnobillonarios y cuenta con el apoyo político de Trump y su círculo.

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