26 de septiembre de 2026
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Cómo Putin puede explotar la vulnerabilidad europea

Cómo Putin puede explotar la vulnerabilidad europea

La ruta que condujo a la invasión de Ucrania estuvo precedida por un texto firmado por Vladimir Putin y publicado en Ria Novosti en junio de 2021, titulado Sobre la unidad histórica de rusos y ucranianos. En ese artículo se sostenía que una identidad ucraniana diferenciada no existe de manera orgánica y que ha sido creada por adversarios externos, sobre todo Occidente. Meses después, el Kremlin inició una guerra con el objetivo declarado de desarticular el Estado y la identidad ucraniana.

El pasado viernes la misma agencia difundió otro texto, Rusia se enfrenta a otra operación militar especial. Será muy corta., firmado por el analista Alexander Nosovich. En él se mencionaba a Lituania como posible objetivo de la agresión y se describía un ataque futuro con misiles y drones. El artículo fue retirado minutos después, pero su mensaje llegó rápidamente a quienes iban dirigidos.

El desafío ruso a Europa, tanto en su propaganda oficial como en el terreno, progresa de forma paralela. El régimen de Putin ofrece a diario ejemplos de una doctrina de desestabilización, y en algunos casos sus tácticas conllevan el riesgo de derivar en conflictos armados de consecuencias impredecibles.

Las agencias de inteligencia europeas han alertado, casi por unanimidad, sobre la posibilidad de un ataque contra algún país de la OTAN, aunque el calendario estimado ha cambiado: de previsiones situadas más allá de 2027 se ha pasado a escenarios de meses. Políticamente y militarmente han variado varias condiciones desde las primeras valoraciones; la ventana de oportunidad para Putin aparece ahora abierta.

TRUMP Y EL ARTÍCULO 5

La disuasión de la OTAN se basa en que el adversario crea que el artículo 5 se activará automáticamente si un miembro solicita ayuda: “Si atacan a uno, nos atacan a todos”. Sin embargo, Donald Trump, percibido como más próximo a Putin que a muchos aliados tradicionales, ha cuestionado ese automatismo —llegó a afirmar que no defendería a países que no alcanzaran el 2 % del PIB en defensa— y, pese a que la Alianza sigue operando institucionalmente, el Kremlin sabe que una incursión limitada en los países bálticos podría plantear un dilema serio en Washington.

¿Estaría Trump dispuesto a arriesgar una guerra abierta con Rusia por localidades como Narva, por una isla deshabitada en el Báltico o por episodios de drones sobrevolando París o Berlín? Declaraciones de Washington como “la defensa de Europa ya corresponde a Europa” pueden interpretarse como una invitación a poner a prueba la determinación europea.

La Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU de 2025 indicó que era momento de que Europa asumiera la responsabilidad principal de su propia defensa convencional, y esa posición se reforzó en una reunión de ministros de Defensa de la OTAN en junio de 2026, cuando el Pentágono anunció un movimiento “rápido e irreversible” hacia una mayor capacidad europea para responsabilizarse de su defensa.

SIN DEFENSAS ANTE LOS DRONES Y MISILES

Estados Unidos ha utilizado gran parte de sus sistemas THAAD y Patriot en el Golfo Pérsico; muchas baterías antiaéreas que deberían proteger el flanco este de la OTAN han sido reubicadas hacia Oriente Próximo. Si Rusia acometiera ahora una incursión limitada en los países bálticos, la OTAN respondería con arsenales en mínimos históricos y con líneas de producción que tardarían años en recuperarse.

Las fábricas que producen misiles antiaéreos, con una capacidad aproximada de 600 unidades al año, están sometidas a una gran presión: EEUU necesita reponer sus reservas, Europa ha mantenido a Ucrania y los países del Golfo también demandan material. Sin un aumento significativo de producción será imposible abastecer a todos. La consecuencia es clara: hay escasez de munición para una defensa inmediata.

CRISIS POLÍTICA EN EL EJE FRANCOALEMÁN

Alemania celebra elecciones con AfD como primera fuerza en varios Länder del este, partido con posiciones favorables a levantar sanciones a Rusia y reducir el apoyo a Ucrania. En Francia, el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen lidera las encuestas para 2027 y mantiene historial de simpatías hacia Moscú; la extrema izquierda de Jean-Luc Mélenchon plantea otras reticencias. Una segunda vuelta entre esas opciones podría debilitar significativamente el respaldo a Kiev.

En Polonia, el gobierno de Donald Tusk se mantiene sólido, pero enfrenta presiones internas del presidente Karol Nawrocki, que ha tensado en ocasiones la relación con Ucrania. En Italia, Giorgia Meloni ha mostrado una postura atlantista desde 2022, aunque existe fragilidad política: la Liga de Matteo Salvini cuestiona los envíos de armas y apuesta por recomponer relaciones con Moscú. Además, el general retirado Roberto Vannacci, exmiembro de la Liga, ha creado un nuevo partido populista, Futuro Nazionale.

EL REARME DE EUROPA ES LENTO PERO NO ETERNO

La situación es especialmente apremiante si Rusia pretende ejecutar acciones desestabilizadoras o limitadas militarmente: Europa se está rearmando más rápido de lo previsto. Alemania aprobó el mayor presupuesto de defensa de su historia; Polonia dispone del mayor ejército convencional de la OTAN en Europa continental; y los países bálticos fortalecen sus defensas y cierran brechas en sus zonas más expuestas.

El analista Christian Ehrlich resume la cuestión: “La ventana estratégica de seis o siete años que Rusia calculaba tener se está cerrando antes de lo esperado”. Si Putin decidiera actuar para generar caos, debería hacerlo antes de que el rearme europeo dé como resultado ejércitos mejor preparados y con armamento adaptado a la guerra drónica, un proceso que algunos sitúan entre 2027 y 2029. La percepción de que esta temporada resulta especialmente favorable para Moscú modifica su cálculo de riesgo.

EL INVIERNO Y EL CANSANCIO COMO ARMAS

Desde 2022, cada invierno Rusia ha intensificado ataques contra la infraestructura energética ucraniana con el objetivo de castigar a la población civil y dificultar la vida en las ciudades. Este invierno llega con menos interceptores Patriot disponibles y con la población ucraniana ya en el quinto año de conflicto. Si Rusia logra dejar a Kiev sin electricidad y calefacción en enero, como ocurrió previamente, aumentaría la presión para que Ucrania negocie en términos desfavorables. Una acción desestabilizadora simultánea en Europa dividiría la atención occidental entre dos frentes.

Casi cinco años de guerra en Ucrania, el conflicto en Irán aún abierto, la crisis migratoria en Ceuta y una inflación elevada han mermado el apoyo público al esfuerzo bélico en varios aliados. Encuestas en Alemania e Italia reflejan mayorías favorables a negociar con Rusia antes que a intensificar la confrontación. Putin ha apostado a largo plazo a que Occidente se cansará y dispersará su capacidad de atención; la confluencia de crisis de este otoño ofrece precisamente ese escenario.

El miedo es, para Rusia, un instrumento económico y eficaz. La estrategia no busca derrotar convencionalmente a la OTAN, sino convencer a las sociedades europeas de que el coste de resistir supera al de ceder. Cada alarma antiaérea en Polonia, cada aeropuerto clausurado en Dinamarca o cada dron inexplicable integra un mensaje calculado: el riesgo puede llegar a vuestras ciudades.

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