Aunque muchas personas están de vacaciones, conviene hacer balance y ver qué eventos han marcado el verano. En Albania, el movimiento conocido como la “revolución de los flamencos” —iniciado por protestas contra proyectos inmobiliarios en zonas costeras— lleva tres meses en las calles, pese al descenso estival de la afluencia y a las presiones del primer ministro Edi Rama, y se ha consolidado como un factor relevante en la agenda pública en forma de revolución.
Zana Cimili, periodista de la agencia AP que cubre el movimiento, señala que la participación ha bajado durante las vacaciones, pero advierte que podría aumentar de nuevo cuando termine el periodo estival y se reanude la actividad institucional.
Los proyectos en disputa, promovidos por Infinity Partners y socios vinculados a Jared Kushner, plantean la construcción de grandes complejos turísticos en áreas costeras de alto valor ecológico, especialmente en Nartë-Zvërnec —ruta de paso de los flamencos— y en la isla de Sazan. Esta última obtuvo atención pública cuando Ivanka Trump describió el lugar como un enclave virgen que había visitado junto a su marido.
En un podcast, Ivanka Trump aseguró que los planes buscaban integrar las construcciones en el paisaje preservando la vegetación autóctona; sin embargo, lo que comenzó como una protesta medioambiental derivó pronto en un movimiento sociopolítico en Tirana que también exige la dimisión de Rama, en el poder desde hace 13 años.
Según la corresponsal de AP, el primer ministro sigue defendiendo los desarrollos como la mayor inversión extranjera del país, argumentando que impulsarán el turismo y la economía albanesa, y no ha mostrado cambios de postura significativos.
El analista y presentador Lufti Dervishi interpreta que el Gobierno apuesta por desgastar al movimiento: evitar atender de forma directa las principales demandas políticas, presentar las obras como inversiones legítimas y confiar en que la protesta, sin liderazgo claro, pierda fuerza. Aun así, la duración de las movilizaciones ya resulta relevante por sí misma.
De forma paralela, figuras externas como el economista Steve H. Hanke han dado visibilidad al movimiento desde redes sociales, publicando conteos de días de protesta y mensajes críticos con el primer ministro y los proyectos vinculados a Kushner.
Citizens Channel, un medio de periodismo ciudadano, transmite en directo las movilizaciones cada noche. Su responsable, Lorin Kadiu, describe las protestas como las más prolongadas e intensas desde el cambio de régimen de 1991 y apunta que los enfrentamientos con la policía y algunas detenciones se detuvieron cuando el Parlamento cesó su actividad en agosto.
Kadiu añade que, aunque la presencia policial directa ha sido relativamente contenida en términos generales, existe otra dimensión de la protesta en internet: activistas denuncian ciberataques y la retirada forzosa de contenidos críticos con el Gobierno. Además, hay acciones cotidianas en la calle, como mensajes pintados en el bulevar y marchas vespertinas, y se espera un aumento de la participación en septiembre.
Dervishi prevé que la presión podría desplazarse hacia vías legales e institucionales: ya hay investigaciones de la fiscalía especial (SPAK) sobre la adquisición de terrenos vinculada a Zvërnec, y el Parlamento Europeo ha pedido una moratoria en nuevos permisos y actuaciones urbanísticas en áreas protegidas hasta que la legislación albanesa se ajuste a los estándares de la Unión Europea. Albania es, después de Montenegro, la favorita para entrar en la UE.
Respecto a Sazan, Dervishi explica que la situación legal es distinta: no hay disputas de propiedad claras, por lo que los recursos jurídicos se centrarían más en procedimientos ambientales, permisos y cumplimiento normativo tanto de Albania como de la UE. La incógnita principal es si los mecanismos legales e institucionales pueden modificar de forma sustancial proyectos que cuentan con sólido respaldo político y económico.

