Dos turistas se subieron al caparazón de dos tortugas y se hicieron fotos sosteniendo crías de estos animales, imágenes que posteriormente difundieron en redes sociales. La escena, captada en Ras Al Hadd (Omán), mostró un comportamiento que muchos consideraron inapropiado y ofensivo para la dignidad de los animales.
Tras los hechos, la justicia dictó una multa de algo más de 200 euros para cada uno de los implicados y les impuso además una pena de un mes de prisión, aunque esta quedó suspendida; la sanción adicional respondió a la producción y publicación de contenidos considerados perjudiciales para el orden público.
La cuantía de la multa ha suscitado críticas por considerarse insuficiente frente al daño ético hacia la fauna y frente al coste habitual de un viaje turístico, lo que lleva a cuestionar si multas de ese importe disuaden este tipo de actitudes. Por otro lado, la difusión de las imágenes en redes sociales provocó una fuerte respuesta pública y detrimento de la imagen de los protagonistas.

