Al partido Alternativa para Alemania (AfD) le ha bastado una semana desde la constitución del Parlamento de Sajonia-Anhalt para intensificar su desafío a la política exterior y de defensa del Gobierno federal. Antes de formar gobierno, la extrema derecha promovió junto a la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) una sesión extraordinaria en la que ambos aprobaron una moción para reclamar el cese de las entregas de armas a Ucrania, el levantamiento de sanciones contra Rusia y la apertura de negociaciones de paz con Moscú. CDU, SPD, Verdes y La Izquierda votaron en contra.
La resolución pide también suspender la ayuda financiera a Ucrania, salvo la asistencia humanitaria, y encomienda al Ejecutivo regional en funciones impulsar esas demandas mediante una iniciativa en el Bundesrat, la Cámara de los estados federados. Aunque el Parlamento regional no tiene competencia sobre entregas de armas ni sanciones internacionales, AfD y BSW usan su mayoría para trasladar al Gobierno federal sus reclamaciones y aumentar la presión sobre Berlín.
En su intervención, Ulrich Siegmund, candidato de la AfD a la presidencia del Ejecutivo regional, contrapuso los fondos destinados a Ucrania con las dificultades locales para pagar el alquiler y con carencias en sanidad, educación, servicios e infraestructuras. «Queremos que Alemania deje por fin de querer salvar el mundo», sostuvo, presentando el apoyo a Kiev como un gasto que restaría recursos para necesidades internas.
El canciller Friedrich Merz rechazó ayer esa lectura durante su declaración en el Bundestag, previa al Consejo Europeo, y reafirmó el respaldo alemán a Ucrania. «Ningún euro destinado a Ucrania falta en el gasto social ni en el gasto educativo de nuestro país. Ningún euro», afirmó. Criticó a quienes plantean la ayuda a Kiev como un problema de justicia social y acusó a los extremos de minimizar la amenaza rusa.
El ministro‐presidente en funciones de Sajonia-Anhalt, Sven Schulze (CDU), calificó la iniciativa de AfD de «regalo de bodas al BSW», en referencia a los apoyos que necesita Siegmund para llegar al Ejecutivo. Schulze recordó a las víctimas civiles de los ataques rusos y consideró vergonzoso retirarles la ayuda; subrayó además que la resolución no menciona la responsabilidad de Rusia en la invasión.
También La Izquierda rechazó que el fin del apoyo a Kiev resolviera los problemas económicos de Sajonia-Anhalt. Su portavoz parlamentaria, Eva von Angern, acusó a AfD y BSW de ofrecer «populismo con una etiqueta de paz» y les reprochó atribuir al Parlamento competencias que no posee.
La coincidencia entre AfD y BSW en la cuestión ucraniana no equivale a un pacto de gobierno, pero permite a la extrema derecha ensayar una colaboración parlamentaria mientras sigue pendiente el reto principal de su victoria electoral: sumar los votos necesarios para hacerse con el Ejecutivo regional. El BSW, que combina propuestas económicas de izquierda con posturas conservadoras en materia social y migratoria, ha anunciado en varias ocasiones que se abstendrá en la elección del ministro‐presidente prevista para diciembre.
La posición del partido de Wagenknecht cobró mayor relevancia tras la sesión constitutiva del Parlamento el 6 de octubre, cuando el candidato de la AfD, Tobias Rausch, fue elegido presidente de la Cámara con 48 votos, cuatro más de los 44 escaños que suman AfD y BSW. Ese resultado sugiere apoyos de otros grupos, aunque el voto secreto impide confirmar su origen.
El episodio colocó a la CDU bajo presión y la llevó a buscar fórmulas para evitar que se repitieran esos apoyos en la votación para elegir a Siegmund. Para impedir que algún diputado vote al candidato de AfD amparado por el secreto de la votación, los democristianos decidieron ausentarse de la Cámara durante las dos primeras rondas de la elección, fijada para diciembre.
Si el BSW mantiene su intención de abstenerse, Siegmund probablemente no obtendría la mayoría en las dos primeras rondas. No obstante, en una hipotética tercera votación bastaría la mayoría de los votos emitidos; la ausencia de la CDU podría entonces permitir que los votos de la propia AfD fueran suficientes, por lo que sus diputados han advertido que volverían a participar si se alcanzara esa ronda.
Siegmund ha anunciado que solo se someterá a una votación. Antes de las elecciones dijo, además, que solo aspiraría a la presidencia si la AfD lograba una mayoría absoluta de escaños, condición que retiró poco después de los comicios.

