En apenas cuatro episodios, El problema final se presenta como una miniserie que mezcla el misterio clásico con un enfoque contemporáneo, lo que la distingue dentro del catálogo de Netflix. En lugar de extender la historia, apuesta por una narración cerrada y compacta diseñada para resolverse sin rodeos.
La trama se sitúa en la primavera de 1959, cuando trece personas quedan aisladas en un hotel en un islote cercano a Mallorca a causa de un fuerte temporal. Lo que al principio parece un inconveniente se transforma rápidamente en el escenario de un crimen.
Elisa Mander, una turista británica, aparece muerta en circunstancias que inicialmente parecen un suicidio. Sin embargo, ciertos detalles despiertan sospechas entre los huéspedes, que pronto se plantean que el asesino podría estar entre ellos.
En ese contexto surge Benjamin Basil, interpretado por José Coronado, un actor en decadencia que en el pasado interpretó a un célebre detective. Aunque no es investigador, su experiencia le lleva a implicarse en la resolución del caso.
LA MINISERIE DE NETFLIX QUE DESTACA EN LA ACTUALIDAD
El aislamiento en el hotel acentúa la tensión: sin posibilidad de ayuda externa, cada huésped pasa a ser sospechoso y cualquier conversación puede ocultar una pista o una mentira. La desconfianza crece a medida que avanza el misterio.
Adaptada de la novela de Arturo Pérez-Reverte, la serie recupera el espíritu del “whodunit” clásico, invitando al espectador a intentar junto al protagonista descubrir quién está detrás del crimen. Ese juego de sospechas es el motor principal de la trama.

