17 de agosto de 2026
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Autoría del Antiguo Testamento según investigaciones recientes

Autoría del Antiguo Testamento según investigaciones recientes

Investigaciones recientes sobre el Antiguo Testamento cuestionan la idea de una única autoría atribuida a Moisés y revisan larga tradición religiosa. Estudios lingüísticos e históricos citados por National Geographic indican que el texto es el resultado de la labor conjunta y de sucesivas reelaboraciones de varios autores y escuelas a lo largo de varios siglos en los antiguos reinos de Judá e Israel.

Los especialistas sostienen que la redacción del Antiguo Testamento se realizó por equipos diferentes de escribas y sacerdotes entre aproximadamente los siglos X y IV a. C. Esas agrupaciones —identificadas como yahvista, elohísta, sacerdotal y deuteronomista— compusieron, editaron y combinaron relatos en contextos históricos y culturales diversos, con episodios de síntesis especialmente relevantes durante el exilio en Babilonia y en procesos de reforma encabezados por figuras como Esdras.

La atribución tradicional de la Torá —Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio— a Moisés convivió con desde tiempo atrás con dudas internas al propio texto. Pasajes como la descripción de la muerte de Moisés o afirmaciones sobre su carácter hacen difícil sostener la autoría única. Asimismo, la existencia de relatos repetidos con diferencias importantes apunta a la presencia de versiones distintas y de múltiples autores.

La identificación de repeticiones, divergencias y estilos narrativos distintos permitió a la comunidad académica avanzar en una revisión crítica del texto. Según National Geographic, a lo largo del Pentateuco hay episodios duplicados —por ejemplo, el pacto con Abraham o el relato del Diluvio— contados con matices y detalles dispares, lo que apoya la hipótesis de fuentes múltiples.

El análisis del hebreo original refuerza esta lectura: se encuentran fragmentos con rasgos lingüísticos que van de lo más arcaico a formas más tardías, lo que sugiere una composición y edición gradual a lo largo del tiempo.

Identificación de estilos y versiones en el Antiguo Testamento

Desde el siglo XVII la crítica textual y los avances filológicos dieron forma a la hipótesis documental, que sigue siendo una teoría central en los estudios bíblicos. Esta propuesta plantea que en los primeros cinco libros pueden distinguirse corrientes narrativas independientes, originadas en distintas épocas y lugares. Investigadores como Thomas Hobbes, Jean Astruc, Eichhorn y Julius Wellhausen fueron pioneros en clasificar las fuentes que subyacen al texto bíblico.

Según National Geographic, la corriente yahvista se caracteriza por usar preferentemente el nombre Yahvé y por situar relatos en Jerusalén y Judea, con protagonismo de las tribus del sur.

En cambio, la corriente elohísta emplea el nombre Elohim y sitúa muchos episodios en el reino del norte (Israel), reflejando tradiciones, personajes y topónimos propios de esa región. Aunque ambas tradiciones relatan episodios similares, difieren en personajes, localizaciones —por ejemplo en el uso de Horeb frente a Sinaí— y en algunos elementos culturales.

Aunque comparten un trasfondo común, cada versión presenta variaciones lingüísticas y otorga distinta prioridad a determinadas tribus y figuras históricas.

Las corrientes yahvista, elohísta, sacerdotal y deuteronomista

La corriente yahvista se originó en torno a los siglos X–IX a. C., vinculada a la élite religiosa del templo de Jerusalén y al entorno de Judá. Paralelamente, la corriente elohísta se consolidó en el reino de Israel en los siglos IX–VIII a. C., con referencias y preocupaciones propias del norte.

Estas tradiciones coexistieron hasta la caída del reino de Israel ante Asiria en 722 a. C., cuando parte de su población y sus textos se desplazaron a Judá, lo que favoreció la mezcla de relatos. Un editor o compilador anónimo habría tomado la tradición yahvista como base y fusionado ambas corrientes en un relato más unificado para la comunidad israelita.

Entre los siglos VI y V a. C. surgió la fuente sacerdotal, que añadió secciones centradas en normas rituales, en la figura de Aarón y en la organización del culto en el templo de Jerusalén. Esta tradición, que también utiliza el término Elohim en varios pasajes, subraya la pureza ritual, la ley y las prerrogativas del sacerdocio.

La aportación de la corriente deuteronomista se asocia con la reforma religiosa del rey Josías alrededor del 622 a. C., cuando se habría descubierto o promovido un texto legal (identificado con Deuteronomio) que enfatizaba la centralización del culto en Jerusalén y la obediencia a una ley única. Presentado como discurso de Moisés, este material fue incorporado como normativa suplementaria al corpus existente.

Edición, fusión y canonización del Antiguo Testamento

La destrucción de Jerusalén por Babilonia en 586 a. C. y el exilio posterior fueron momentos críticos para la preservación y la recopilación de las tradiciones hebreas. Tras el retorno bajo dominio persa, la integración final de los textos se consolidó con la participación de escribas y líderes religiosos, entre ellos Esdras, un escriba y sacerdote activo en la administración persa y experto en la Ley. National Geographic destaca el papel de Esdras en la organización y difusión de una versión consolidada de la Torá.

La fecha exacta de la intervención de Esdras —habitualmente situada en el siglo V a. C., durante el gobierno de Artajerjes— sigue en debate académico; no obstante, se reconoce su función como compilador que ayudó a coordinar y consolidar diversas fuentes en un conjunto más coherente.

A partir de entonces, el canon hebreo se amplió con la incorporación de libros históricos, proféticos y poéticos, formando lo que más tarde sería el núcleo del Antiguo Testamento cristiano. Los textos actuales son, por tanto, el resultado de siglos de redacción, edición, debate y fusión de múltiples tradiciones.

Al regresar del exilio, la comunidad asistió a lecturas públicas de la ley unificada; la presentación del libro por parte de Esdras ante la asamblea simbolizó la integración de tradiciones dispersas y contribuyó a forjar una identidad colectiva renovada para el pueblo hebreo.

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