29 de septiembre de 2026
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Liberan a hombre en Utah tras décadas esperando ejecución y afronta nuevo juicio

Liberan a hombre en Utah tras décadas esperando ejecución y afronta nuevo juicio

Un hombre de 71 años, condenado por el homicidio de la tía de un jefe de policía y que pasó décadas en el corredor de la muerte, fue puesto en libertad el lunes después de que fiscales indicaran que pruebas de ADN recientes no lo vinculan con el crimen.

Un juez de Utah ordenó la puesta en libertad bajo fianza de Douglas Stewart Carter el lunes por la tarde, pese a las objeciones de la familia de la víctima. Carter deberá llevar un monitor GPS mientras aguarda un nuevo juicio por la muerte de Eva Olesen en 1985.

La Corte Suprema estatal había ordenado un nuevo juicio el año pasado debido a conductas indebidas de los investigadores. Carter sostiene su inocencia y afirma que la confesión que firmó fue obtenida bajo coacción.

No existe evidencia física que lo vinculara con la escena del crimen. Sin embargo, el jurado lo declaró culpable —Carter es un hombre negro— apoyándose en la confesión y en el testimonio de dos personas que dijeron que él se jactó de matar a Olesen, quien era blanca; esos testigos luego se retractaron.

Un análisis de ADN recibido el 22 de septiembre excluyó a Carter como posible coincidencia con la sangre encontrada en el picaporte de una puerta y con el material genético recuperado del mango de un cuchillo usado para apuñalar a Olesen, quien además recibió un disparo.

El juez Derek Pullan señaló que esos resultados debilitan aún más el caso contra Carter, aunque advirtió que un jurado podría seguir concluyendo que él fue el autor del crimen.

Carter salió de la cárcel a última hora del lunes vestido con una camisa blanca y pantalones deportivos grises, con las gafas colgando del cuello. Su hijo empujaba a su lado un carrito con almohadas, mantas y las pertenencias personales de Carter.

Carter mostró sonrisas en algunos momentos y en otros se cubrió el rostro con unos papeles. No habló con los pocos periodistas que aguardaban frente a la cárcel y se subió a un vehículo acompañado por su hijo y su abogado defensor. Un juez le prohibió cualquier contacto con la familia de Olesen.

“Esto va a ser mucho para él”, comentó el hijo de Carter, Tyler Anger, mientras esperaba la salida de su padre.

Carter será alojado en un hotel de estancia prolongada cerca de Anger, quien fue adoptado por otra familia cuando era bebé y no supo de la condena hasta años después, indicó el abogado Neal Hamilton. Hamilton añadió que Carter necesitará terapia para afrontar el prolongado encierro.

“Si el estado de Utah se hubiera salido con la suya, lo habrían ejecutado hace 15 o 20 años, antes de que descubriéramos la conducta indebida”, afirmó Hamilton, quien instó a los fiscales a solicitar la desestimación del cargo de asesinato con agravantes que sigue pendiente contra Carter.

Se había programado un nuevo juicio de dos meses para el próximo año, pero la semana pasada los fiscales retiraron un aviso en el que manifestaban su intención de solicitar la pena de muerte.

El fiscal del condado de Utah, Erwin Petilos, dijo al juez el lunes que reevaluar la fianza de Carter era “necesario y justo” mientras el estado continúa revisando las pruebas restantes del caso.

Carter sostiene que confesó falsamente tras repetidas amenazas policiales. Fue declarado culpable y sentenciado a muerte en un juicio en el que la defensa no presentó testigos. Fue condenado nuevamente a muerte tras un nuevo juicio en 1992, y los tribunales de Utah rechazaron numerosas apelaciones en los años posteriores.

Un giro importante ocurrió en 2011, cuando se localizó en México a los dos testigos del juicio original. Afirmaron que les dijeron que mintieran en el tribunal y que recibieron dinero en efectivo y regalos de la policía, que les pidió no revelar los pagos. También dijeron que la policía y los fiscales los amenazaron a ellos y a su hijo con la deportación si no incriminaban a Carter.

Los abogados defensores han señalado que testigos vieron a un hombre blanco huir de la escena y que un investigador ocultó pruebas que apuntaban a otros sospechosos, entre ellos el esposo de la víctima, Orla Olesen.

Sostienen que los fiscales estuvieron a punto de presentar cargos contra el esposo, pero que un teniente de la policía de Provo les pidió que no lo hicieran para poder proseguir con la investigación. Según documentos judiciales, Carter fue identificado como sospechoso poco después.

Orla Olesen, un contratista de pintura que falleció en 2009, dijo a la policía que encontró a su esposa muerta en la casa, parcialmente desnuda y con las manos atadas a la espalda.

Theresa Olesen, nuera de Eva, manifestó durante la audiencia de fianza que su familia tiene “serias preocupaciones” respecto a la liberación de Carter.

“Caramba, esperábamos una coincidencia concreta”, dijo Olesen refiriéndose al análisis de ADN. “Eso no significa que él no estuviera allí”.

“Solo queremos justicia para Eva. Y si él tuvo alguna participación, queremos que eso se sepa”, añadió.

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