La música ha sido una obsesión recurrente para los pintores. A diferencia de la arquitectura o la escultura, que ocupan el espacio, o la literatura, que transcurre en el tiempo, la música existe simultáneamente en tiempo y espacio y desaparece al instante de sonar. Desde el Renacimiento, ese carácter efímero planteó a las artes visuales un reto persistente: ¿cómo representar en una superficie inmóvil algo que vive en el movimiento y en el aire?
Las respuestas pictóricas fueron diversas. Unos artistas se centraron en el gesto del intérprete —la postura, la concentración facial—; otros en el contexto social que genera la música: reuniones, fiestas, salones o cafés. Cada enfoque ofrece una forma distinta de fijar lo sonoro en lo visual.
Las cuatro obras que se presentan aquí provienen de épocas y tradiciones muy distintas, pero todas abordan esa misma cuestión. Café-Concert (1876-1877), de Edgar Degas, capta el bullicio y la teatralidad nocturna del París decimonónico. The Concert (1623), de Gerard van Honthorst, muestra la música como ritual cortesano durante la Edad de Oro neerlandesa. The Music Lesson (c. 1670), del taller de Gerard ter Borch, convierte una clase de laúd en una escena de ambigüedad íntima. Y Música de las esferas, de Max Ackermann (1944), prescinde de la figura y busca la música en la abstracción del color y la forma. Cuatro soluciones diferentes a una pregunta sin respuesta única.
Café-Concert, Edgar Degas (1876-1877)
La obra presenta una escena vivida: un violinista de espaldas, cantantes y espectadores con trajes coloridos bajo una luz artificial que deforma los rasgos. Café-Concert es un pastel sobre monotipo ejecutado por Degas entre 1876 y 1877, hoy en la colección del National Gallery of Art. La composición sitúa al espectador entre los músicos, en la penumbra del primer plano, y orienta la mirada hacia las figuras iluminadas por los focos del escenario. La mezcla de pastel sobre tinta de monotipo intensifica el contraste entre sombra y luz, un efecto que Degas exploró sistemáticamente en esa década.
Los cafés-concerts fueron espectáculos populares en el París de la Tercera República: locales al aire libre o semicubiertos donde actuaban cantantes, bailarinas y músicos frente a un público heterogéneo. Degas los frecuentó desde 1870 y los transformó en uno de sus temas recurrentes, junto con las bailarinas y las carreras de caballos. La obra se mostró en 1877 en una exposición del grupo impresionista, aunque Degas rechazaba esa etiqueta y prefería considerarse “realista” o “independiente”.
Hilaire-Germain-Edgar De Gas —su nombre completo— nació en París el 19 de julio de 1834 en una familia acomodada. Estudió en el Lycée Louis-le-Grand y se formó en la tradición académica antes de volcarse hacia la vida moderna. A partir de 1875 dio prioridad al pastel sobre el óleo, y hacia 1885 la mayor parte de su producción relevante estaba en ese soporte. Murió en París el 27 de septiembre de 1917, a los 83 años, después de años de problemas de visión que lo alejaron de la pintura.
El concierto [The Concert], Gerard van Honthorst (1623)
Ocho personajes se agrupan alrededor de una mesa cubierta por una alfombra turca. Tocan laúd, viola y bandora; uno alza una copa. Los sombreros con plumas, los ropajes de seda y la luz teatral que modela los rostros subrayan lo ostentoso de la escena. Gerard van Honthorst pintó The Concert en 1623, probablemente por encargo de un mecenas de la corte de La Haya. La obra figura por primera vez en un inventario de 1632 de un palacio del príncipe Mauricio de Nassau, aunque se ha planteado que pudo haber sido un obsequio diplomático del rey de Bohemia y su esposa, que vivían en La Haya con el respaldo del príncipe. La pintura estuvo fuera de la vista pública entre 1795 y 2013, cuando la National Gallery of Art de Washington D.C. la adquirió y la exhibió tras 218 años.
La escena también comunica un mensaje simbólico: en el siglo XVII la armonía musical funcionaba como metáfora de la armonía política —una sociedad bien gobernada, como una orquesta bien dirigida, responde a su autoridad—. Ese sentido servía tanto para el Príncipe de Orange como, posiblemente, para el rey de Bohemia. Los instrumentos representados y la alfombra anatolia sobre la mesa eran signos de lujo propios de ambientes cortesanos.
Gerrit van Honthorst nació en Utrecht el 4 de noviembre de 1592. Estudió con Abraham Bloemaert y viajó a Roma alrededor de 1615, donde la influencia de Caravaggio definió su manejo de la luz y el espacio. En Italia contó con el apoyo del marqués Vincenzo Giustiniani y del cardenal Scipione Borghese, y ganó el apodo de Gherardo delle Notti por su dominio de escenas iluminadas artificialmente. De regreso a Utrecht en 1620, fue decano del gremio de pintores en varias ocasiones; en 1628 visitó Inglaterra por invitación de Carlos I. Murió en Utrecht el 27 de abril de 1656.
La lección de música [The Music Lesson], estudio de Gerard ter Borch (c. 1670)
Una joven con un vestido de raso blanco sostiene un laúd de doble clavijero mientras un hombre vestido de negro, con sombrero de ala ancha, marca el tempo con la mano. Sobre la mesa, cubierta de terciopelo rojo, hay un libro de partituras, una vela y un tintero. La estancia está en penumbra y la relación entre ambos personajes mantiene una ambigüedad deliberada: él parece su maestro, pero la intimidad y la cercanía de edades sugieren una tensión de otra índole. The Music Lesson es un óleo sobre lienzo fechado hacia 1670, atribuido al taller de Gerard ter Borch, y se conserva en la National Gallery of Art de Washington D.C.
En la Holanda del siglo XVII la música era frecuentemente metáfora del amor y de la armonía conyugal, y el laúd podía simbolizar corazones en sintonía. Los cancioneros de la época contenían sobre todo piezas amorosas, y las reuniones musicales eran ocasiones de cortejo. Ter Borch trató estos temas de manera recurrente: la misma mujer con el laúd aparece en varias composiciones y se piensa que el instrumento perteneció al artista o a su entorno. La escena refleja su estilo narrativo: reservada, contenida y cargada de una tensión psicológica sin resolución clara.
En la Edad de Oro neerlandesa el taller del pintor era una institución consolidada: los maestros formaban a aprendices que ejecutaban obras siguiendo modelos, paleta y estilo, a veces con tanta fidelidad que distinguir la mano del maestro de la del discípulo resulta problemático para los especialistas. The Music Lesson ejemplifica ese sistema: según los expertos del museo, la obra toma como referencia principal A Woman Playing a Theorbo to Two Men, de Ter Borch, y adapta sus motivos con destreza. Gerard ter Borch nació en Zwolle en 1617 y murió en Deventer en 1681. Fue especialista en retratos y escenas de género de pequeño formato, célebre por su habilidad para representar telas —especialmente el satén— y por una narrativa que influyó en artistas posteriores como Johannes Vermeer.
Música de las esferas [Music of the Spheres], Max Ackermann (1944)
Sobre un fondo azul-gris flotan formas no figurativas que aluden a elementos sonoros: una gran mancha naranja que sugiere cuerpo o instrumento, trazos negros que recuerdan líneas de pentagrama, un círculo amarillo que irradia como una nota, y fragmentos de color que vibran entre sí. Música de las esferas es una serigrafía en color sobre papel, firmada, fechada y numerada en 1944 en una edición de 100 ejemplares para Edition Kunstverlag Fingerle de Esslingen. El título remite a la musica universalis, la idea pitagórica y medieval según la cual el movimiento de los astros produce una armonía inaudible para el oído pero comprensible para la razón.
Ackermann no ilustró literalmente ese concepto: lo asumió en la estructura misma de la obra. Su “pintura absoluta” aspiraba a ser solo pintura, sin figuras ni referencias directas, ofreciendo una experiencia visual que actuara sobre el espectador de modo análogo a la música, mediante ritmo, color y la tensión entre formas. La pieza pertenece al período de posguerra en el que el artista consolidó su abstracción y difundió su obra en colaboración con impresores de Stuttgart como Luitpold Domberger y Hans-Peter Haas.
Max Ackermann nació en Berlín el 5 de octubre de 1887. Estudió con Henry van de Velde en Weimar, con Gotthardt Kuehl en Dresde y con Franz von Stuck en Múnich; en Stuttgart su encuentro con Adolf Hölzel fue decisivo, pues lo orientó hacia la pintura no figurativa. Durante el régimen nazi, su afinidad con el comunismo y su estética moderna le impidieron trabajar y exponer, y en 1943 su taller fue destruido por un bombardeo. Tras la guerra, su obra recuperó reconocimiento en Alemania y en el extranjero; el crítico Will Grohmann situó su trabajo entre Paul Klee y Wassily Kandinsky. Murió en Unterlengenhardt, en el Bosque Negro, el 14 de noviembre de 1975, a los 88 años.

