El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que el brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) se está expandiendo más rápido de lo que avanzan los esfuerzos de control. Su diagnóstico se produjo durante una visita al país, donde además parte del personal sanitario mantiene una huelga por falta de pago.
Casi tres meses después del inicio del brote, Tedros señaló que el número de casos nuevos se está duplicando en algunos puntos críticos. La declaración se produjo tras una reunión con autoridades en Kinshasa; es la segunda visita del titular de la OMS desde que se notificó la aparición de la enfermedad a mediados de mayo.
El director general subrayó la necesidad de aumentar de manera urgente y masiva las acciones en todos los frentes de la respuesta y de coordinar mejor a los socios involucrados.
Según el Ministerio de Salud de la RDC, hasta el lunes pasado se habían registrado 3.874 casos confirmados y 1.751 muertes. En Ituri, el epicentro del brote, las familias denuncian que la huelga del personal sanitario empeoró el acceso a la atención médica en una región ya afectada por conflictos y por su lejanía, próxima a las fronteras con Sudán del Sur, Uganda y Ruanda.
Algunos trabajadores recibieron pagos la semana pasada por labores realizadas desde el inicio de la emergencia, pero continúan reclamando mejoras salariales. Un residente de Bunia, Anicet Baluku, responsabilizó a la huelga por la muerte de sus dos hermanos y pidió a las autoridades una solución rápida para evitar más tragedias.
Tedros urgió a implementar medidas que permitan llegar a todas las localidades afectadas, reforzar la coordinación bajo el liderazgo del gobierno y proteger al personal sanitario. Insistió en que las comunidades deben estar en el centro de la respuesta y contar con confianza y participación para poder controlar el brote.
Las autoridades indican que este brote supera en velocidad de transmisión a los anteriores y es el segundo más grande registrado, solo detrás del brote de África Occidental (2014–2016), que dejó más de 28.000 casos y más de 11.000 muertes.
El agente detectado en este episodio es el virus Bundibugyo, para el cual no existen tratamientos ni vacunas aprobadas. Las investigaciones sugieren que la cadena de contagio se inició en una zona remota antes de la declaración oficial del brote el 15 de mayo.
Médicos Sin Fronteras (MSF) advirtió que el brote sigue “propagándose a un ritmo alarmante y sin precedentes” y señaló que, aunque la respuesta se está ampliando, todavía no llega con rapidez suficiente a todas las comunidades para interrumpir la transmisión.
El Departamento de Estado de Estados Unidos anunció una asignación adicional de 242 millones de dólares para la respuesta inmediata en la región, así como para medidas de preparación y asistencia humanitaria relacionada. Con esta contribución, la asistencia directa estadounidense supera los 512 millones de dólares.
Jean Kaseya, directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en África, advirtió durante una visita a Bunia que el rastreo de contactos no está funcionando de forma eficaz: entre el 60% y el 70% de los casos nuevos corresponden a personas que no estaban siendo monitoreadas tras una posible exposición.
Las autoridades señalaron que la detección tardía de casos ha contribuido a una tasa de mortalidad del 45%. El Ministerio de Salud informó que, de 77 casos notificados en las últimas 24 horas, 44 fueron fatales. Actualmente al menos 717 pacientes permanecen aislados y 749 se han recuperado.
Kaseya indicó que su organismo está coordinando esfuerzos con los equipos locales para mejorar la detección temprana, hacer más eficaz el rastreo de contactos, asegurar el acceso rápido a atención de calidad y aumentar la participación comunitaria.
(Con información de Associated Press)

