9 de agosto de 2026
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César Pierry: explosión en set y 34 años de dudas

La ambulancia avanza a toda velocidad entre el tránsito. En la mano izquierda de César Pierry hay un vendaje improvisado en el lugar donde minutos antes estuvieron su dedo índice y su pulgar, además de parte de los metacarpianos; lo que quedaba de la mano está unido apenas por un delgado hilo de piel. En la mejilla derecha, su amigo Fernando Lúpiz le acomoda el pesado Movicom, uno de los primeros celulares de la época.

“¡Hola, mami! Quedate tranquila que no pasa nada —dice Pierry—. Hubo un problemita con un efecto especial y me lastimé un poquito la mano. Me llevan al hospital para curarme unas quemaduritas, pero nada más. Quedate tranquila, ¿sabés? No pasa nada. ¿A vos te parece que te estaría hablando por teléfono si me hubiera pasado algo grave? Quedate tranqui, ¡chau!”

A su lado, Fernando lo mira incrédulo: en ese momento Pierry estaba interpretando la mejor escena de su vida, sin saber que sería la última.


César Pierry y Fernando Lúpiz en Detective de señoras, su mayor éxito televisivo. (Archivo Paparazzi)

Han pasado 34 años desde la muerte de César Pierry y su recuerdo reaparece cada vez que ocurre un accidente en un set. Antes de las tragedias de Brandon Lee en El cuervo (1993) o del incidente con Alec Baldwin en Rust (2021), estuvo Pierry. Tenía 37 años y gozaba de gran popularidad por la serie Detective de Señoras, en Canal 13. Tras quince años de trabajo en musicales, televisión y teatro under, parecía encaminarse hacia un futuro de éxitos. Sin embargo, todo cambió.

El 10 de julio de 1992, mientras grababa con Fernando Lúpiz Mi socio imposible —su ingreso a Telefe—, una granada de utilería explotó en escena en los estudios Sonotex, en Martínez. La comedia de acción nunca se estrenó: la explosión destrozó la mano izquierda de Pierry y marcó profundamente a Lúpiz, a Ricardo Morán y a quienes estaban ese día en el estudio. Pierry, nacido en La Plata el 13 de mayo de 1955 y conocido como Tilito, tenía 37 años.

¿Qué falló exactamente? Nadie lo supo explicar con certeza. Eduardo “Tom” Cundom, el técnico de efectos especiales responsable, nunca ofreció una explicación convincente; durante años sostuvo confianza en su trabajo. El actor Chelo Margal recordó una conversación al término de la jornada: la maquilladora expresó temor al ver a Cundom manipular los artefactos y él respondió, despreocupado: “¡No pasa nada!”. Unos minutos después, Margal vio pasar una ambulancia a toda velocidad: el accidente ya había ocurrido.

Unos minutos después, Margal salió del estudio, dobló la esquina y, mientras esperaba el colectivo para volver a casa, vio pasar a una ambulancia volando. El accidente ya había ocurrido.


Eduardo “Tom” Cundom, el técnico de efectos especiales cuya tarea quedó marcada por el accidente de Pierry. (Archivo Paparazzi).

EL ÚLTIMO ACTO DE CÉSAR PIERRY

La secuencia de la explosión sigue resultando estremecedora. En escena, Lúpiz advierte a Pierry: “Tené cuidado con eso”. Según el guion, Pierry toma la granada. Al quitarse el pasador de seguridad, el artefacto desprende un humo blanco y, en segundos, explota. Los actores son lanzados por el impacto; Pierry queda frente a cámara, gritando, con la mano convertida en un amasijo de carne quemada. Quienes lo vieron llegar a la guardia describieron su aspecto como el de un herido de guerra.


La última escena filmada de Mi socio imposible, segundos antes de que la granada de utilería explotara y destruyera la mano de César Pierry. (Archivo Paparazzi)


(Captura de video e imagen mejorada con IA).

La explosión no fue la causa inmediata de la muerte. El desenlace se dio en los días siguientes: Pierry murió 19 días después del accidente. Tras la lesión sufrió la amputación parcial de dedos y múltiples cirugías reconstructivas; después de tres operaciones en pocas semanas, entró a una cuarta intervención el 29 de julio. Inició la operación con aparente mejoría, pero tras siete horas y media en el quirófano falleció. Los médicos hablaron de que su corazón no resistió: mencionaron estrés, una posible arritmia o un tromboembolismo pulmonar. En los pasillos se comentaron además sospechas de mala praxis y problemas con la anestesia.

Empezó con esa inexplicable falla en los efectos especiales y terminó en un quirófano, el 29 de julio, cuando todo indicaba que el actor empezaba a dejar atrás el peor momento. Había perdido tres dedos y buena parte del soporte esquelético de su mano, pero había sobrevivido, y llevaba casi tres semanas peleando por salir adelante. Sus amigos y compañeros, convencidos de que pronto retornaría a las grabaciones, lo visitaban diariamente.

EL MIEDO ANTES DE LA CUARTA OPERACIÓN

“No tiene sentido lo que ocurrió. Estaba perfecto, evolucionando, muy contento, los padres muy esperanzados; anímicamente estaba muy muy bien… Yo no entiendo nada, pero cuatro operaciones en 20 días es mucho, ¿no?”, declaró Ricardo Morán al llegar al hospital tras la muerte de Pierry. Según Morán, Pierry se veía bien pocas horas antes de la última intervención; otros relataron que el actor tenía miedo y pidió no ser operado de nuevo. Lúpiz contó haberlo visto temblar esa mañana.


César Pierry ingresó al quirófano del Hospital Británico la mañana del 29 de julio para una cuarta cirugía reconstructiva de su mano y falleció esa tarde tras más de siete horas de operación. (Archivo Paparazzi).

“Hace 15 días que estamos al lado de César, en ningún momento corría peligro su vida”, dijo Gustavo Yankelevich, gerente de programación de Telefe, tras la muerte, que la Justicia investigó como dudosa. Hubo una junta médica y un juez formuló preguntas, pero la causa no prosperó y no se determinaron responsabilidades penales. El hospital fue eximido penalmente y acordó una indemnización con la familia. El cirujano Carlos Zaidemberg sostuvo que el paro pudo deberse al estrés y negó negligencia del Hospital Británico; sin embargo, esas explicaciones no convencieron a los allegados, y Lúpiz prometió investigar a fondo.

LA INVESTIGACIÓN DE FERNANDO LÚPIZ

En el certificado de defunción constó “paro cardiorrespiratorio”, pero Lúpiz no aceptó esa versión simplificada. Relató que recibió llamados anónimos, que consultó en la morgue y obtuvo un informe que, según él, hablaba de mala praxis de la anestesista. Aseguró que en el vademécum figuraba que el anestésico usado podía ser letal si se administraba con continuidad y sostuvo que la droga se aplicó en varias oportunidades durante casi veinte días.

Según lo que Lúpiz reconstruyó con fuentes que estuvieron allí, Pierry murió asfixiado: estaba intubado, se despertó durante la asistencia, se atragantó y falleció. Esa versión, por más perturbadora que fuera, no fue confirmada judicialmente. La familia recibió una indemnización —Lúpiz mencionó 200.000 dólares—, pero para él y para los allegados ese monto no compensó la pérdida.


Archivo Paparazzi.

Décadas después, Lúpiz comenzó a hablar más abiertamente sobre lo que vivió y halló. El accidente le dejó un trauma duradero: relató haber sentido fragmentos de Pierry incrustados en su piel y haber sido marcado por la imagen del momento, que se difundió en televisión. Lúpiz y Morán estuvieron presentes ese día; Lúpiz sufrió una esquirla que le quedó cerca del corazón y que le fue retirada por un médico en el velorio.

Morán falleció en 2015; para Lúpiz aún duele repasar lo ocurrido durante la filmación del cuarto episodio de Mi socio imposible. La granada se había probado pocas veces y la confianza en el responsable de efectos era alta; aún hoy persisten dudas sobre si el artefacto fue deteriorado por accidente —por ejemplo, si se le derramó líquido encima— o si hubo una falla imprevisible. Cundom, con una extensa trayectoria en comerciales y largometrajes, admitió en 2006 que el episodio lo destruyó y que le enseñó que no debe probarse un efecto por primera vez dentro del estudio. “Ese error me persigue”, afirmó.

Treinta y cuatro años después, la historia de César Pierry sigue siendo difícil de asimilar. La cadena de hechos que condujo a la tragedia plantea cuestiones sin respuestas claras y recuerda que a veces los acontecimientos carecen de una explicación sencilla.

Que a veces, muchas veces, las cosas no tienen sentido.

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