El Palacio Real anunció este viernes la muerte del rey Harald V de Noruega, quien falleció a los 89 años.
«Con profunda tristeza anunciamos que Su Majestad el rey Harald falleció hoy. El rey murió apaciblemente en el Rikshospitalet el viernes 28 de agosto a las 06:35», indicó el comunicado oficial.
La biografía de Harald, tercer monarca noruego en la era moderna desde la independencia de 1905, estuvo marcada por la invasión alemana de 1940. Harald tenía apenas tres años cuando las tropas nazis entraron en Noruega; aquel suceso condicionó el destino de la familia real y, décadas después, influiría en el papel de la Corona.
En 1940 reinaba su abuelo Haakon VII, quien se opuso firmemente a la ocupación y rechazó reconocer al colaboracionista Vidkun Quisling. Con el apoyo político necesario, se organizó la evacuación de la familia real para evitar su captura por los nazis.
El rey y el heredero, el futuro Olav V, se trasladaron a Londres para liderar el gobierno en el exilio. La madre de Harald, la princesa heredera Marta, logró huir a Suecia aquella misma noche y, posteriormente, la familia se instaló en Estados Unidos por seguridad, invitada por el presidente Franklin D. Roosevelt, donde permanecieron durante la Segunda Guerra Mundial.
Harald, de joven, junto a su padre y su abuelo, el rey Haakon VII.Getty
Al regresar a Noruega tras la derrota de la Alemania nazi el 8 de mayo de 1945, la familia real fue recibida con entusiasmo en el Muelle de honor de Oslo. Ese recibimiento consolidó la relación entre la Corona y la ciudadanía y afianzó a la monarquía como símbolo de defensa de la democracia y las libertades.
Criado con esos valores, Harald destacó por su compromiso democrático cuando asumió el trono, promoviendo la función de la monarquía como guardiana de la Constitución y factor de cohesión frente a polarizaciones políticas.
Enorme respaldo popular
A lo largo de su reinado mantuvo índices de popularidad en torno al 85%, situándolo entre los monarcas europeos con mayor apoyo ciudadano y entre los jefes de Estado más respetados a nivel mundial.
Único hijo varón de los príncipes herederos Olav y Marta, recibió una educación acorde a su condición de futuro rey. Tras el exilio, cursó estudios escolares en Oslo, formación militar en la Escuela de Oficiales de Caballería y la Academia Militar, y posteriormente estudió en Oxford entre 1960 y 1962.
Durante las tres décadas como heredero, una de sus funciones fue la promoción comercial internacional de la industria noruega, facilitando la apertura de mercados en numerosos viajes al extranjero.
Amante del deporte y de la naturaleza
Apasionado por el deporte y la naturaleza, Harald compitió en vela en los Juegos Olímpicos de 1964, 1968 y 1972. Presidió la Asociación Noruega de Vela y participó en organismos internacionales de la náutica. Se retiró de la competición en 2022, con 85 años. Fue también impulsor de la rama noruega de WWF y tuvo un interés constante en la conservación ambiental, frente a los efectos del cambio climático en Noruega.
Desde finales de los años 60, Noruega transformó su economía con el descubrimiento de petróleo y gas en el Mar del Norte, creando fondos estatales para gestionar esos ingresos. El Fondo Global de Pensiones del Gobierno Noruego, el mayor fondo soberano del mundo, ha respaldado la economía del país. La monarquía noruega se consolidó como una institución que promueve el estado de bienestar, la inclusión y la acción social, ámbitos en los que Harald mostró un compromiso sostenido.
Noviazgo y boda con Sonia
Aunque sobre Harald circularon rumores de distintas relaciones con princesas europeas, su historia más influyente fue su noviazgo con Sonja Haraldsen. Se conocieron en 1959 y declararon que fue «amor a primera vista». La relación, mal vista por la corte por el origen plebeyo de Sonja, se mantuvo en secreto y generó tensión con la familia real.
El heredero solicitó el consentimiento del Parlamento para casarse y llegó a amenazar con renunciar a sus derechos dinásticos si no podía unirse a Sonja. Tras años de espera y presiones, en 1968 el rey Olav accedió y la pareja se casó en la Catedral de Oslo, siendo aquel matrimonio un precedente que abrió camino a otros enlaces reales con cónyuges de origen no aristocrático.
En 1971 nació la princesa Marta Luisa y en 1973 el príncipe Haakon, asegurando la sucesión.
Harald y Sonia, en la ceremonia religiosa por su coronación, en la catedral de Trodheim, en junio de 1991.Getty
En junio de 1990, por la enfermedad del rey Olav, Harald actuó como regente y, tras la muerte de su padre en enero de 1991, juró la Constitución ante el Parlamento y fue proclamado rey el 21 de enero de 1991.
Modernización de la Corona
Durante sus primeros años en el trono promovió reformas para modernizar y racionalizar la monarquía, manteniendo una institución modesta en gastos y funciones. La Corona supo sortear distintos escándalos a lo largo de los años, aunque algunos asuntos recientes han planteado retos serios a su reputación pública.
Entre las controversias más graves figuran la detención y condena de Marius, hijo de la princesa heredera consorte, por delitos graves, y la polémica por la amistad de Mette-Marit con el empresario Jeffrey Epstein, que dañaron la imagen de la familia real ante la opinión pública noruega.
El monarca junto a su hijo y Heredero, Haakon.Getty
En 2024 Harald aseguró que no abdicaría: «Me atengo a lo que he dicho siempre, he hecho un juramento al Parlamento y dura toda la vida», afirmó, desestimando comparaciones con otras renuncias europeas. A pesar de sus problemas de salud en los últimos años, mantuvo el apoyo mayoritario de la población.
“Un gran hombre” con auctoritas
Más allá del respaldo institucional, muchos noruegos consideraban a Harald «un gran hombre» y le reconocían auctoritas: autoridad moral y capacidad de unir a la sociedad. Uno de sus discursos más recordados, en 2016, apeló a la tolerancia y la inclusión tras episodios de xenofobia, y reforzó la imagen de la Corona como defensora de las minorías y del respeto entre ciudadanos: «Noruega somos nosotros», proclamó, subrayando la diversidad de orígenes, creencias y modos de vida que integran la nación.
Junto a la reina Sonja, Harald fue clave en la transformación de la monarquía hacia una institución más cercana y socialmente comprometida. Su muerte deja un vacío en Noruega y plantea desafíos sobre el futuro papel de la Corona en un contexto social y político cambiante.




