28 de agosto de 2026
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Posibles ataques de Rusia y la preocupación de la OTAN más allá de la guerra híbrida

Posibles ataques de Rusia y la preocupación de la OTAN más allá de la guerra híbrida

El ministro de Exteriores de Estonia, Marcus Tsahkna, afirmó con rotundidad: “Nuestro juicio sobre las amenazas planteadas por Rusia no ha cambiado”. Su declaración sugiere que la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú no ha alterado la evaluación sobre el riesgo.

La cuestión también se trató en Bruselas durante la reunión de embajadores de la OTAN, en la que participó el subsecretario de Defensa de Estados Unidos, Elbridge Colby. El intercambio fue contradictorio: Colby aseguró que EE. UU. no piensa abandonar la Alianza, pero anunció que antes del 6 de noviembre presentará al secretario de Defensa, Pete Hegseth, “al menos cuatro opciones” sobre el despliegue de tropas estadounidenses en Europa.

Se anticipa que Washington reducirá su contingente en Europa, que actualmente suma alrededor de 80.000 militares.

La alerta en la OTAN continúa alta ante los movimientos de Vladimir Putin. El diagnóstico más extendido es que el Kremlin incrementará acciones de guerra híbrida: sabotajes, daños a infraestructuras telemáticas o cables submarinos e incursiones con drones, como los hallados cargados de explosivos cerca del aeropuerto de Leipzig, en Alemania.

Sin embargo, resulta cada vez más difícil descartar por completo un ataque militar real, aunque de alcance limitado. Las señales desde Moscú son contradictorias: la portavoz del Ministerio de Exteriores, Maria Zakharova, ha mencionado abiertamente “las bases militares del Reino Unido”, mientras que Dmitry Peskov, portavoz de Putin, niega intenciones de incursiones contra países de la OTAN.

¿A quién creer? Esa pregunta fue planteada nuevamente por varios embajadores de la Alianza Atlántica durante el encuentro.

En los últimos meses han circulado listas informales de posibles objetivos, supuestamente elaboradas por servicios de inteligencia de Estados Unidos y Alemania. Cruzando esos datos con estudios de centros como el Atlantic Council y con fuentes diplomáticas, se pueden identificar lugares más vulnerables.

Entre las instalaciones británicas, la más expuesta sería la base de Akrotiri, en Chipre, que ya sufrió un ataque con dron iraní en marzo. También podrían estar en riesgo el destacamento naval de Gibraltar y la base de Tapa, en Estonia. Los medios británicos especulan sobre posibles blancos, aunque en el cuartel general de la OTAN en Bruselas se tiende a descartar una ofensiva abierta contra una potencia nuclear como el Reino Unido.

El riesgo de escalada sería elevado si se atacara directamente a un Estado nuclear. En cambio, hay objetivos secundarios que, sin ser tan extremos, pondrían a prueba la cohesión y la capacidad de respuesta de la Alianza.

Entre esos objetivos se menciona la ciudad estonia de Narva, en la frontera con Rusia y a solo 136 kilómetros de San Petersburgo, donde reside una proporción significativa de población rusófona.

¿Podría Putin justificar una incursión alegando la protección de la minoría rusa, con el mismo argumento usado en el Donbás? Desde Tallin se considera una idea “estúpida”, ya que la zona está protegida por ríos y otras barreras naturales y cuenta con presencia militar de la OTAN.

Como alternativa, comandos rusos podrían avanzar a través de Bielorrusia y romper las defensas lituanas para alcanzar Kaliningrado, el enclave ruso en el mar Báltico.

En la actualidad, Lituania carece de suficientes carros de combate, aviones de combate y buques para hacer frente a un ataque y dependería de las fuerzas de la OTAN, principalmente alemanas y estadounidenses, desplegadas en la región. No hay consenso sobre si esa asistencia sería suficiente.

También se señalan como vulnerables la isla de Gotland, en Suecia, y el archipiélago de Åland, en Finlandia, que conserva autonomía administrativa y se mantiene desmilitarizado pese a la adhesión finlandesa a la OTAN.

Por último, las islas Svalbard, territorio noruego en el extremo norte entre el mar de Barents y el de Groenlandia, son poco pobladas y, según el tratado de 1920, carecen de defensas militares. Con un 17% de población de origen ruso, ese dato podría servir de pretexto para justificar otra “operación especial”.

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