14 de septiembre de 2026
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Quedó sin trabajo y saca piojos a domicilio

Quedó sin trabajo y saca piojos a domicilio

Damaris tiene 32 años, es madre de dos hijos y vive en Cipolletti, Río Negro. Sin empleo formal y mientras se ocupa de la crianza, transformó una tarea cotidiana en una opción para generar ingresos: ofrece tratamientos para retirar piojos y liendres, tanto en su domicilio como a domicilio de los clientes.

En un contexto laboral que empuja a muchas personas a buscar alternativas, su historia ganó repercusión en redes sociales. Damaris encontró una salida laboral poco habitual pero vinculada a una necesidad común en muchas familias: la eliminación de piojos y liendres.

La iniciativa nació casi por casualidad. Mientras cuidaba a sus sobrinos detectó piojos y los retiró con un peine fino. No era la primera vez: su propio hijo había tenido piojos y ella aprendió desde pequeña a realizar ese cuidado.

De esa experiencia surgió una idea simple que se convirtió en emprendimiento: ofrecer el servicio a otras familias.

Publicó la propuesta en redes y la respuesta fue rápida. Las consultas aumentaron y lo que al principio parecía una idea aislada empezó a transformarse en una fuente concreta de ingresos.

Una salida laboral compatible con la crianza

Damaris es madre de dos hijos: un niño de tres años y medio y un bebé de cuatro meses. Hace años no tiene un empleo formal y se dedica principalmente a la crianza, aunque suma ingresos con trabajos informales y changas.

Su último empleo formal fue como niñera. También trabajó en atención al público, pero no se sentía cómoda en ese tipo de tareas por su carácter introvertido.

La posibilidad de trabajar con horarios flexibles y sin alejarse de sus hijos fue clave para decidirse por esta actividad.

Además del servicio para retirar piojos, realiza trabajos artesanales como pintura y decoración de mates, cuadros y pirograbados.

Una tarea que se convirtió en oficio

El trabajo consiste en una revisión detallada del cabello y la extracción de piojos y la mayor cantidad posible de liendres con peine fino. Requiere tiempo, paciencia y atención, sobre todo cuando se trata de niños.

El servicio se ofrece en su domicilio o mediante visitas al hogar del cliente. En su casa cobra entre $10.000 y $15.000 según la longitud del cabello; a domicilio la tarifa va de $20.000 a $25.000. También hace promociones para hermanos.

El emprendimiento comenzó hace pocas semanas, pero la repercusión en redes aceleró la llegada de nuevos pedidos.

Una historia que viene de la infancia

Detrás de la actividad hay una historia personal. Cuando tenía ocho años, su padre falleció; hasta entonces él le quitaba los piojos. Tras su muerte, una tía le enseñó a hacerlo por sí misma.

Con el tiempo, esa práctica se incorporó a su rutina y luego la aplicó con familiares y niños que cuidaba.

Décadas después, esa habilidad aprendida en la infancia se convirtió en una herramienta para generar ingresos.

“No es solamente tarea de las madres”

La iniciativa también puso en debate la distribución del tiempo y las responsabilidades dentro del hogar.

Damaris señala que muchos padres no disponen del tiempo o la energía necesarios para una tarea que exige paciencia, por lo que no debería recaer exclusivamente en las madres.

La situación se complica en familias numerosas, con padres que tienen largas jornadas laborales o en el posparto, cuando hay que atender a bebés y otros niños a la vez.

En ese marco, su servicio se presenta como una solución práctica para quienes necesitan ayuda con esa tarea cotidiana.

También recomienda controles posteriores, ya que la extracción elimina los piojos presentes en ese momento pero no impide futuros contagios.

De una necesidad a una oportunidad

La historia de Damaris refleja cómo, ante la falta de empleo estable, muchas personas convierten conocimientos y habilidades cotidianas en nuevas fuentes de ingreso.

Lo que comenzó cuidando a sus sobrinos y parecía una idea menor halló rápidamente demanda concreta.

Ahora ella piensa en ampliar su oferta y sumar otros servicios de cuidado personal en el futuro.

Entre el peine fino, las consultas por redes y una agenda en crecimiento, la tarea que aprendió de niña se transformó en una oportunidad laboral.

Una historia que, más allá de lo llamativo del servicio, muestra la capacidad de reinventarse ante la falta de empleo y aprovechar una habilidad cotidiana para salir adelante.

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