3 de septiembre de 2026
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Rusia presiona a Europa vía Alemania

Rusia presiona a Europa vía Alemania

Europa afronta una nueva oleada de sabotajes. En agosto se registraron explosiones en fábricas de munición en Italia y Bulgaria, y Alemania atribuyó oficialmente a Rusia un intento de ataque híbrido con drones explosivos en Leipzig. Estos incidentes no parecen aislados, sino parte de una estrategia rusa de presión que coinciden con tres factores: las elecciones generales en Rusia del 20 de septiembre, que el Kremlin puede utilizar para alimentar el antagonismo con Occidente; el aumento del envío de armamento occidental a Ucrania, que Moscú califica como “objetivos legítimos”; y una guerra en la que los avances rusos son lentos, costosos e insuficientes para lograr una victoria rápida.

El Kremlin necesita que la amenaza de escalada parezca creíble, y la guerra híbrida resulta un instrumento eficaz: es menos costosa que un choque militar abierto, dificulta la atribución inmediata y permite sembrar inseguridad sin cruzar formalmente el umbral de un ataque contra la OTAN. No es necesario para Moscú iniciar una guerra convencional con Europa; le basta con convencer a los europeos de que podrían estar acercándose a ella.

Alemania es un objetivo especialmente atractivo por su peso económico y su influencia política. Es la principal potencia industrial europea, un nodo logístico clave y un actor decisivo en la UE y en la OTAN; por su territorio pasan recursos y equipos esenciales para la ayuda a Ucrania y para reforzar el flanco oriental de la Alianza. Además, arrastra una vulnerabilidad histórica: durante décadas confió en que la interdependencia con Rusia reduciría el riesgo de conflicto. La energía rusa barata fortalecía su competitividad y el comercio se consideraba estabilizador. La invasión de Ucrania quebró ese esquema, pero no borró sus inercias, y Alemania sigue afrontando costes económicos, políticos y psicológicos derivados de esa ruptura.

La amenaza de escalada persigue explotar y amplificar divisiones existentes, tanto dentro de Alemania como entre países europeos, ante la perspectiva de un enfrentamiento prolongado y del incremento del gasto militar y energético. Para una parte importante de la opinión pública evitar la escalada es un objetivo en sí mismo; esa sensibilidad, muy arraigada en Alemania, no equivale necesariamente a simpatía hacia Rusia, pero puede favorecer narrativas que presentan el rearme, el apoyo militar a Ucrania o el fortalecimiento de la OTAN como factores que acercan a Europa a una guerra mayor. Ese enfoque tiende, sin embargo, a ignorar una realidad esencial: Rusia lleva tiempo librando una guerra híbrida contra Europa, y la complacencia ante ese hecho solo reforzaría al Kremlin.

* Mira Milosevich es investigadora principal del Real Instituto Elcano y escritora.

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