Mientras algunos dicen que “el mundo es un pañuelo”, para Donald Trump parece que “todo el mundo es Estados Unidos de América”. En su última publicación en la red Truth, el presidente vuelve a jugar con mapas como si fueran piezas de un juego estratégico: en la imagen, la bandera estadounidense cubre, entre otros territorios, Canadá, México, Cuba, Groenlandia e Islandia.
Disparates geográficos
No es la primera provocación de Trump en Truth. Esta vez compartió un mapa modificado de América del Norte —y áreas aledañas— en el que todo lo que rodea a Estados Unidos aparece bajo la misma bandera.
Cuba y México no quedan fuera de la ilustración, y tampoco Canadá, con el que el presidente ha tenido recientes fricciones por el renombrado del lago Ontario —al que se refirió como lago América— en el contexto de una disputa comercial.
La proyección se extiende más allá del continente: Groenlandia aparece como objetivo de deseo, aunque oficialmente no está en venta, y en el mapa también figura Islandia. La ministra de Asuntos Exteriores islandesa, Thorgerdur Gunnarsdottir, reaccionó convocando con carácter urgente al embajador estadounidense en Reikiavik.
Adiós Nuevo México, bienvenida Nueva América
La atención de Trump sobre topónimos no se limita a imágenes en redes. Al igual que con el caso del lago Ontario, el nombre de Nuevo México también ha sido objeto de sus comentarios. El topónimo del 47.o estado deriva de exploradores españoles del siglo XVI que lo relacionaron con la civilización azteca del Valle de México, antecedente histórico al México independiente. Aun así, Trump ha sugerido, también en Truth y apoyándose en herramientas de IA, sustituir la denominación por Nueva América, tachando la referencia a México.
Trump va en serio: los precedentes
Estas salidas no son únicamente retórica; existen precedentes administrativos. En 2025 firmó una orden ejecutiva que cambió el nombre del Golfo de México por el Golfo de América, lo que afectó a otras denominaciones que incluyen la palabra México. Ese mismo año, la orden devolvió al monte McKinley el nombre que había prevalecido antes de que el expresidente Obama restableciera el topónimo nativo Denali para la cima más alta de Alaska.
Entre decisiones oficiales y provocaciones en redes sociales, los cambios propuestos por la Administración han obligado a recalcar que los mapas y los nombres geográficos pueden convertirse en instrumentos políticos.

