Un hombre de 42 años fue detenido en Chieri, cerca de Turín (Italia), acusado de haber torturado durante doce horas a su pareja, una mujer de 28 años, después de que ella retirara su consentimiento para una práctica sexual extrema. La víctima logró pedir auxilio usando el teléfono móvil de su compañero, quien la habría mantenido inmovilizada y aislada del exterior.
Los hechos ocurrieron el 3 de octubre y, según la investigación, la situación comenzó como un juego erótico sadomasoquista supuestamente consensuado. La mujer habría pedido en varias ocasiones que se detuviera, pero el hombre no respetó su voluntad y habría intensificado las agresiones.
La víctima perdió el control de su teléfono, que su pareja le habría retirado para impedir la comunicación. Además, fue inmovilizada con bridas de plástico en los tobillos y suspendida por las muñecas de una estructura artesanal fijada a la pared de la habitación.
A pesar de permanecer inmovilizada, la mujer consiguió hacerse con el móvil de su compañero y pedir ayuda. Una ambulancia la trasladó a urgencias; llegó conmocionada y aún con las muñecas atadas, y relató lo sucedido al personal médico.
Cuando los carabinieri llegaron al domicilio, el hombre, que según los investigadores estaba bajo los efectos de drogas consumidas durante el encuentro, intentaba ordenar las estancias, que se encontraban revueltas.
En el registro de la vivienda, los agentes se incautaron de la estructura artesanal que el detenido habría reconocido haber usado para atar y suspender a la mujer, de un dispositivo tipo táser improvisado a partir de una raqueta eléctrica antimosquitos, de una pistola de gas cargada con proyectiles y de diversos instrumentos destinados a prácticas sexuales extremas, entre ellos objetos punzantes y cadenas metálicas.
El hombre ingresó en prisión acusado de tortura; él trató de justificar su conducta afirmando que las relaciones habían sido consentidas.

