27 de octubre de 2026
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Eisenkot y Netanyahu compiten en Israel con voto árabe movilizado

Eisenkot y Netanyahu compiten en Israel con voto árabe movilizado

Una participación histórica marcó la jornada electoral en Israel, donde el primer ministro Benjamin Netanyahu y el líder centrista Gadi Eisenkot compiten por la victoria de sus partidos y, sobre todo, por el control de sus respectivos bloques. El umbral clave es 61 escaños de la Knéset (120) para poder formar Gobierno, aunque los resultados podrían abrir distintos escenarios.

A las seis de la tarde la participación alcanzaba el 66,7%, nueve puntos más que en 2022. Netanyahu pidió que los colegios cerraran una hora más tarde, pero la comisión electoral rechazó la solicitud. El día estuvo marcado además por las primeras lluvias de la temporada en Jerusalén y en el sur, una región que aún recuerda el ataque de Hamas ocurrido hace tres años y 20 días, un suceso que sigue influyendo en la percepción de muchos votantes.

La Comisión Central Electoral confirmó las largas colas observadas desde la mañana. La movilización fue especialmente intensa en el sector árabe y superó la participación registrada en 2022; muchos israelíes consideraron estos comicios como los más decisivos desde las primeras elecciones de 1949, cuando la participación fue del 86,9%.

El voto árabe resultó determinante: ese sector, que representa alrededor del 21% del electorado, mostró una participación muy superior a la de 2022, en parte como voto de protesta por el aumento de la criminalidad y por la gestión del Gobierno más derechista en la historia reciente del país, con figuras ultranacionalistas como Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir. Según sondeos, la mayoría de los votos árabes se dirigieron a los principales partidos del sector y, en menor medida, a formaciones sionistas contrarias a Netanyahu.

La mayor participación árabe tiene un doble efecto potencial: complica que el nuevo partido derechista Amja (vinculado al bloque de Netanyahu) supere el umbral del 3,25% para entrar en la Knéset, y al mismo tiempo dificulta que Netanyahu o Eisenkot logren juntos los 61 escaños necesarios para gobernar de forma clara.

En una jornada festiva, los ciudadanos combinaron el voto con compras y paseos. Entre las razones que motivaron la concurrencia a las urnas figuraron el fracaso del ataque del 7 de octubre, la ausencia de una comisión de investigación estatal sobre ese hecho, la gestión de la guerra contra Hamas y las tensiones con Hizbulá e Irán, la exención del servicio militar para jóvenes jaredíes, el temor a cambios en la Franja de Gaza o a un Gobierno apoyado por partidos árabes, la continuidad de un Ejecutivo nacionalista, la división interna, el aislamiento internacional, la iniciativa para limitar el poder judicial, la subida del coste de la vida y la figura de Netanyahu.

Yali Goren, en un colegio electoral del centro de Tel Aviv, resumió el sentir de parte del electorado: su generación creció con Netanyahu y considera que ha llegado el momento de un relevo. Tras votar anteriormente por Yair Lapid, en esta ocasión apoyó a Eisenkot por la esperanza de mejorar la imagen de Israel y sus relaciones con aliados internacionales.

En el principal bastión liberal, las cafeterías estaban llenas desde la mañana. “Es un día de fiesta. No podemos dar por sentada la democracia; hay que defenderla”, comentó un votante en ese ambiente.

Alertas de Netanyahu

Ante la información de una alta participación en ciudades tradicionalmente favorables a sus rivales, Netanyahu elevó sus llamadas a movilizar a sus seguidores, publicando gráficos con cifras de votación en localidades del sur como Ofakim y Netivot. A pocas horas del cierre, el Likud solicitó a la Comisión Central Electoral extender una hora más el horario de votación.

Netanyahu votó en Jerusalén, ciudad con fuerte apoyo ultraortodoxo y del Likud. Frente a uno de los colegios, se produjo un tenso intercambio verbal entre un simpatizante del Likud y un voluntario de Democratim, el partido más a la izquierda del bloque anti‐Netanyahu; dentro del centro de votación las conversaciones en la cola fueron cordiales y la mayoría coincidía en que son unas elecciones muy importantes.

Para los electores primerizos, votar tuvo una carga especial: Halel Mishan, de 18 años y residente en el moshav Bnei Darom, explicó que, tras el ataque del 7 de octubre y la pérdida de conocidos en la guerra, votó por Naftali Bennett y Yair Lapid. Esta cohorte incluye a más de 600.000 israelíes que debutaron en las urnas.

Un factor no reflejado en los sondeos es el impacto de los electores que viven en el extranjero: no hay datos precisos sobre cuántos de los aproximadamente 810.000 israelíes fuera del país regresaron para votar. Entre ellos hay residentes en España como Dana, de Madrid, que viajó a Tel Aviv y esperó una hora para votar; eligió Democratim y contó que algunos amigos regresaron solo 48 horas para participar en la elección.

Sobre las elecciones en España, Dana comentó en tono personal que discutía con un amigo israelí de ideas de derecha y que ella, en contraste, prefiere un cambio tanto en Israel como en España, reflejando opiniones críticas hacia el presidente del Gobierno español.

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