Cada 30 de octubre el nombre de Diego Armando Maradona vuelve a resonar, especialmente en Fiorito, el barrio de Lomas de Zamora donde se forjaron sus primeros pasos como futbolista.
Hoy el Diez cumpliría 66 años; aunque falleció el 25 de noviembre de 2020, su recuerdo se mantiene vivo en las calles, entre los vecinos y en las generaciones que lo ven como algo más que un jugador.
Para la gente de Fiorito, Maradona simboliza pertenencia: su origen humilde, sus comienzos en el potrero y su llegada a la cima del fútbol forman parte de la identidad local y son motivo de orgullo. Los testimonios del barrio recuperan la imagen del chico que salió de esas calles y alcanzó la élite.
Rodolfo resume ese orgullo: “Es lo más grande, como que salió de la tierra, porque acá no hay nada”.
Mateo, recordando al Diez, expresó su gratitud por las alegrías que dio: aunque no lo vio jugar en vivo, conoce su historia y sus proezas —la “Mano de Dios” y la gambeta contra Inglaterra— y valoró que fue argentino y, sobre todo, de Fiorito.
Maradona, más allá de las comparaciones
El nombre de Diego también abre debates futbolísticos que atraviesan generaciones. Rodolfo sostiene que Maradona fue superior a Lionel Messi, aunque reconoce los méritos del actual capitán de la selección.
Su admiración se centra en el talento y en lo que Maradona representó dentro de la cancha: “Maradona me hizo llorar”, dijo. Como enfermero, Rodolfo añadió que la muerte del ídolo lo tocó personalmente y que le hubiera gustado poder ayudarlo.
Un recuerdo que también es propio
Dante, de 61 años y vecino de toda la vida, vive cerca del Parque Diego Armando Maradona —en la calle Recondo, entre Núñez de Arce y Miró—, que lleva el nombre del futbolista. Al hablar de su trayectoria y de sus orígenes en el barrio, dijo: “Increíble” y reconoció que el recuerdo lo emociona.
Dante jugó con Maradona tras su debut en Primera División con Argentinos Juniors, el 20 de octubre de 1976, cuando él tenía 15 años. Recordó aquel partido en el potrero Estrella Roja como una experiencia que, a cinco décadas de distancia, sigue presente en su memoria.
De Fiorito al Mundo
Para muchos vecinos, la historia de Maradona no es solo un relato escuchado por radio o leído en libros, sino una memoria comunitaria. Claudia dijo que Diego “significa todo porque al mundo le da alegría” y recordó que él le regaló una pelota a su hijo Juan.
Antes de ser campeón del mundo en México 1986 y de jugar en clubes de distintos países, Maradona fue un chico de Fiorito; aún se conserva la casa de Azamor 523, asociada a sus primeros años. A casi seis años de su muerte, su figura sigue presente en las conversaciones, anécdotas y debates del barrio.


