Novaya Gazeta, uno de los principales medios independientes de Rusia, ha anunciado su cierre tras años de presión y hostigamiento por parte de las autoridades. En su comunicado la redacción explica que el 9 de noviembre apagarán las luces de su sede, desconectarán los servidores y se irán: “El periódico ha dejado de existir; las autoridades y los servicios de Inteligencia rusos forzaron al equipo editorial a cesar sus operaciones”. El texto subraya que después de más de treinta años trabajando en el país, los periodistas quedarán sin sustento y bajo permanente amenaza de represalias.
Fundado en Moscú el 1 de abril de 1993 por periodistas que se separaron de Komsomolskaya Pravda y con apoyo financiero de Mijaíl Gorbachov, Novaya Gazeta comenzó con recursos muy limitados: los redactores y tipógrafos distribuyeron el primer número e incluso regalaron ejemplares en la Plaza Pushkin. La redacción soportó condiciones duras, como la falta de calefacción, durante sus primeros años.
El diario centró su trabajo en investigar la corrupción, los abusos del Estado y las violaciones de derechos humanos. Sus reportajes sobre Chechenia, incluidos los de Anna Politkovskaya —asesinada en 2006—, documentaron torturas, desapariciones y otros abusos que contradecían la versión oficial. Dmitri Muratov, cofundador y director durante gran parte de su historia, recibió el Nobel de la Paz en 2021 —compartido con la periodista Maria Ressa— en reconocimiento a la defensa de la libertad de expresión en un contexto cada vez más hostil.
En un reportaje publicado entonces por EL MUNDO se describía la redacción como un espacio donde convivían profesionales jóvenes y veteranos dedicados a temas como torturas, corrupción y desastres ambientales: ‘Novaya Gazeta, un día en el periódico más amenazado de Rusia’.
El escritorio de Politkovskaya, convertido en una zona museo.X. COLÁS
En los últimos años, el régimen de Vladimir Putin asfixió al periódico con medidas legales y económicas. La redacción denuncia que, al tiempo que recibieron la orden de desalojo de su local en la calle Potapovski —donde trabajaron durante 29 años—, se bloqueó el sistema de donaciones que les permitía recibir apoyo de lectores, dejándolos sin fondos. También se anunció el cierre del espacio museístico dedicado a Anna Politkovskaya, conservado intacto desde su asesinato.
PENUMBRA INFORMATIVA
El ecosistema de medios independientes en Rusia está ya en retroceso. El consejo editorial temía que el periódico fuera declarado “organización extremista” y, el 30 de octubre, Novaya Gazeta confirmó su decisión de cerrar y apagar servidores el 9 de noviembre.
Desde el inicio de la invasión de Ucrania, el medio fue objeto de sanciones informativas: publicó un número en ruso y ucraniano con el titular “Rusia bombardea Ucrania” el 25 de febrero de 2022, tras lo cual las autoridades bloquearon sus sitios web y revocaron su registro como medio. Aunque esa edición imprimió 100.000 ejemplares, desde 2024 la cabecera se tiraba en papel en series de 999 ejemplares, el máximo permitido sin registro oficial.
Novaya Gazeta recuerda a compañeros asesinados y atacados por su labor, entre ellos Igor Domnikov, Yuri Shchekochikhin, Anna Politkovskaya y Anastasia Baburova, así como al abogado Stanislav Markelov y a la defensora Natalya Estemirova. Muratov sufrió un ataque con pintura que dañó sus ojos; en julio de 2023 la reportera Elena Milashina fue agredida en Chechenia. En 2024 y 2025 se produjeron registros, detenciones y nombramientos administrativos adversos: en abril hubo detenciones y registros; el 4 de septiembre el Ministerio de Justicia etiquetó al medio como “agente extranjero” alegando, entre otros motivos, su oposición a la guerra; y en octubre registraron la vivienda del director Serguéi Sokolov y lo interrogaron.
Familiares y colaboradores expresaron su pesar. Ilya Politkovsky, hijo de Anna Politkovskaya, calificó el cierre como una tragedia y lamentó que el despacho-museo de su madre también deba ser trasladado. Andrei Kalitin, periodista colaborador, destacó su larga relación con Muratov y su experiencia en la cabecera.
La dirección de Novaya Gazeta atribuye el cierre a una operación coordinada de presión estatal: según su comunicado, las restricciones bancarias y administrativas obedecen a órdenes externas del aparato represivo y a la influencia del FSB en diversas organizaciones.
LA LITURGIA DE LA LIBERTAD
La redacción, ubicada en el barrio de Chistie Prudi, fue durante años un núcleo crítico en Moscú. Allí se mantenían las reuniones diarias de planificación —”¡Planioooorka!”— y se combinaba el trabajo de periodistas veteranos y jóvenes en la cobertura de la actualidad del país. El ambiente y las rutinas de la redacción contrastaban con la crudeza de las noticias que investigaban.
Los periodistas relatan cómo las sanciones y multas administrativas se aplicaban incluso por cuestiones formales, como no marcar a alguien como “agente extranjero” en un texto o por el uso de insultos en artículos o enlaces. Tras la invasión a gran escala, el Estado bloqueó sus recursos en línea, confiscó la imprenta y muchos empleados se vieron obligados a abandonar el país.
En 2022 algunos periodistas fundaron Novaya Gazeta Europa y continúan publicando desde el exilio. La redacción de Moscú anuncia que preparará un último número antes de cerrar definitivamente.


