LNW: Elecciones en Brasil. Lula obtuvo el 52% de los votos, 1,5 puntos más que en 2022 frente a Jair Bolsonaro. ¿Estamos ante un cambio de época?
Francisco Kovacic: La victoria de Lula es notable. Tras perder la primera vuelta, hizo autocrítica, bromeó sobre sí mismo y prometió dar pelea. Identificó rápido sus errores y mostró disposición a corregirlos, lo que le dio credibilidad. Habló desde el presente, denunció operaciones en redes y enfrentó públicamente esos ataques. Su lectura es que la época exige estrategias distintas: si los algoritmos marcan la política, no se puede seguir con la retórica de los ’70; hay que disputar en los algoritmos, cuestionar a las multinacionales y organizarse desde las redes, que hoy funcionan más como herramientas de organización que solo de comunicación.
¿Brasil y la militancia del Partido de los Trabajadores son un modelo a seguir para la Argentina y la militancia del peronismo?
Sí, pero con matices. Brasil no es Argentina y el Partido de los Trabajadores no es el Partido Justicialista. El PT logró una influencia internacional sostenida desde el fin de su dictadura, algo que aquí no ocurre. En Argentina hace falta pasar de enfoques ideológicos a soluciones prácticas: es hora de pensar un partido de la Patria. No se trata de copiar literalmente al PT ni de reproducir su “Exército do Lula”, sino de imitar su originalidad creativa y adaptar esas experiencias a nuestra historia. El desafío es aprender a movilizar las redes en clave local.
¿Y cómo crees que se puede generar esa tracción a la criolla?
No hay una fórmula mágica: cada territorio es distinto, especialmente en el conurbano. En San Martín combinamos lo digital y lo presencial. Organizamos grupos de WhatsApp para talleres, comunicaciones institucionales y comunidades abiertas; en esos espacios abrimos debates e invitamos a actividades presenciales. Observamos que los vecinos buscan lugares donde detenerse, encontrarse y conversar, no solo espacios para militar o discutir internas. Ahí se construye confianza y lealtad, en el mano a mano. La suma de lo digital y lo humano define hoy una nueva forma de representación en una tradición política de comunidad organizada: la gente quiere sentirse parte, ser escuchada y también escuchar.
El 2027 se acerca y en las últimas semanas hubo varias reuniones entre los distintos caciques del peronismo. ¿Haces algún análisis político de eso?
No creo que haya mucho por analizar: el peronismo suele resolver internamente sus candidaturas. Pensar en ir divididos a la próxima elección sería poco realista. Está surgiendo la necesidad de una discusión programática, no solo emblemática. Las figuras para las candidaturas existen; el reto es acordar el sentido y el programa de esas candidaturas. Me parece que va en esa dirección.
La oposición en San Martín ya está organizándose y algunos poniéndose el traje de candidato. ¿Cómo ves el panorama político para el año que viene?
El peronismo en San Martín es identitario y resiliente; con más o menos dificultades siempre encuentra la manera de participar. Como decía el compañero Juan José Mussi: “Cualquier peronista será mejor que cualquier gorila”, lo que refleja una apreciación local sobre competencia política. Mi insistencia es en lo nacional: para sostener un proceso transformador en San Martín hace falta ganar la elección nacional, porque desde la Casa Rosada se definen medidas que impactan localmente. Señalo a Javier Milei como el principal adversario en ese nivel, por las políticas que promueven aumentos en el transporte, tarifazos, mayor morosidad y pérdida de empleo; nada de lo que propongamos localmente podrá prosperar sin un Ejecutivo nacional que lo permita. Quien quiera postularse que lo haga; el proceso decidirá las listas. Hoy la disputa es de sentido: no hay plan provincial o municipal sin un programa nacional, y yo trabajo para eso.

