El bono extraordinario para jubilados y pensionados de menores ingresos perdió aproximadamente el 70% de su poder adquisitivo tras permanecer congelado durante 32 meses. El refuerzo continúa fijado en $70.000 pese al aumento sostenido de los precios y, según el informe, debería ser actualizado por encima de $231.253 para recuperar su capacidad de compra original.
El Gobierno nacional prorrogó el pago mediante el Decreto 1296/2026, pero sin modificar el monto. Desde marzo de 2024, cuando se comenzó a otorgar, el importe se mantuvo constante y quedó muy por detrás de la evolución de la inflación.
Para restituir el poder adquisitivo inicial, el refuerzo debería alcanzar los $231.253, lo que implica una diferencia de $161.253 respecto de los $70.000 que se abonan actualmente.
Cuánto cobrarán los jubilados en noviembre de 2026
El congelamiento del bono también cambió la composición de los ingresos de quienes perciben la jubilación mínima. En marzo de 2024, el refuerzo representaba el 34,2% del ingreso total de un jubilado con haber mínimo; para noviembre de 2026 esa participación cayó al 13,6%.
En noviembre de 2026 la jubilación base se sitúa en $444.158,46. Con el refuerzo de $70.000, los adultos mayores que cobren el haber mínimo y accedan al bono recibirán aproximadamente $514.158,46 brutos durante ese mes.
Jubilaciones: cómo impacta la inflación en el bono
El deterioro se explica en buena medida por la diferencia en los mecanismos de actualización: las jubilaciones tienen aumentos periódicos vinculados a la inflación (con un rezago de dos meses), mientras que el bono extraordinario permanece congelado desde hace más de dos años y medio.
Como resultado, el refuerzo pierde progresivamente peso en los ingresos previsionales: la jubilación base crece con ajustes, pero los $70.000 adicionales permanecen en el mismo valor nominal.
El escenario afecta de forma particular a quienes dependen de la jubilación mínima para cubrir gastos cotidianos. Alimentos, medicamentos, servicios y vivienda son algunas de las principales necesidades que se vuelven más difíciles de afrontar a medida que los ingresos pierden capacidad de compra frente a la suba de precios.

