2 de noviembre de 2026
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El reto de España para relanzar la Comunidad Iberoamericana

Los mandatarios participantes en la XXIV Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, en la ciudad mexicana de Veracruz, en 2014.

Madrid será esta semana el epicentro de la agenda iberoamericana. La ciudad no solo acoge desde hace años a miles de personas procedentes de Latinoamérica, sino que ahora acoge la XXX Cumbre Iberoamericana los días 4 y 5 de noviembre, con la intención de convertirse en la voz que lleve las demandas regionales hasta Bruselas. El encuentro llega tras el fracaso de la anterior cumbre en Cuenca (Ecuador) y en un contexto global de alta incertidumbre: el multilateralismo está debilitado, hay mayor presencia e influencia de potencias como China e India en la región, se observa una ola de gobiernos conservadores y siguen vigentes los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua, mientras la Unión Europea afronta múltiples retos. El desafío para España y la Comunidad Iberoamericana es, por tanto, considerable.

Madrid aspira a recuperar protagonismo y a lograr una amplia representación de jefes de Estado y de Gobierno para relanzar el Sistema Iberoamericano. Se estima la asistencia de aproximadamente una quincena de mandatarios, lo que supondría un avance respecto a lo ocurrido en Ecuador en 2024, cuando por primera vez no se aprobó una declaración conjunta por unanimidad. En esa cita faltaron México, Nicaragua y Venezuela tras la ruptura de relaciones con Quito por el asalto a la embajada mexicana y la detención de Jorge Glas; solo asistió un presidente latinoamericano, Daniel Noboa, junto al Rey Felipe VI y los presidentes de Portugal y Andorra. Pese a todo, el Secretario General Iberoamericano, Andrés Allamand, se mostró la semana pasada optimista y expectante ante una participación “muy contundente”.

España, uno de los impulsores del proyecto, ya organizó la cumbre en tres ocasiones: Madrid 1992, Salamanca 2005 y Cádiz 2012, y asume de nuevo la responsabilidad de ser anfitrión. Para Carlos Malamud, investigador del Real Instituto Elcano, España sigue siendo una pieza central del sistema junto con países como México y Brasil, pero la influencia y el brillo de estas cumbres han disminuido, por lo que lo que ocurra en Madrid será importante para el futuro del formato.

Josep Borrell y Domènec Ruiz Devesa, en un artículo para la revista Política Exterior, sostienen que si la cumbre de Cuenca fue “el abismo”, la de Madrid puede marcar la remontada, ya que Cuenca representó uno de los puntos más bajos en la trayectoria del Sistema Iberoamericano.

El multilateralismo

Más allá del número de asistentes, la cumbre tiene lugar en un escenario internacional cambiante, donde las reglas surgidas tras la Guerra Fría han perdido vigencia. Al igual que ocurre con la ONU, estas mesas supranacionales pueden parecer menos eficaces, de ahí que en Madrid se pretenda impulsar una declaración en favor del multilateralismo. Según Malamud, la baja presencia de mandatarios en Cuenca no es un fenómeno aislado y se asemeja a lo ocurrido en otras reuniones internacionales, como la cumbre UE-CELAC en Santa Marta, con apenas nueve jefes de Estado y de Gobierno de los 60 convocados.

La XXX Cumbre quiere demostrar que el Sistema Iberoamericano sigue vigente y aprobar iniciativas prácticas: una alianza digital iberoamericana (en contexto del reto de la inteligencia artificial), una red de reducción del riesgo de desastres para mejorar la cooperación ante catástrofes, una carta de compromiso con el sector de cuidados de mayores y niños, y el reconocimiento mutuo de estudios y títulos para facilitar la movilidad, en la línea del Erasmus europeo.

Los mandatarios participantes en la XXIV Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, en la ciudad mexicana de Veracruz, en 2014.

Los mandatarios participantes en la XXIV Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, en la ciudad mexicana de Veracruz, en 2014. EFE

Diferentes ideologías

La cumbre es singular porque reúne desde hace 35 años voces ideológicamente muy diversas, intentando siempre alcanzar declaraciones por consenso y respetando la no injerencia en asuntos internos. Hoy la región vive un avance de gobiernos de derecha, y en ese marco el presidente español Pedro Sánchez busca apoyos entre líderes como la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum y el reelecto Luiz Inácio Lula da Silva. Además, Sánchez organizó recientemente en Barcelona un encuentro de la llamada izquierda global, todo ello en plena campaña electoral en España.

Malamud recuerda que la ausencia de exclusiones ha permitido la presencia de dirigentes opuestos en otras ediciones —con episodios notables como la actuación de Fidel Castro o el célebre “¿por qué no te callas?”— y subraya que esta convivencia de posturas contrarias no es nueva.

Es previsible que coincidan figuras muy enfrentadas, como el argentino Javier Milei y otros mandatarios de derecha como José Antonio Kast de Chile.

Respecto a los regímenes autoritarios, Daniel Ortega (Nicaragua) y Miguel Díaz-Canel (Cuba) no viajarán a Madrid; Cuba estará representada por su ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, como jefe de delegación, según informa Marina Pina.

La posible presencia de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez despierta particular controversia. Para el politólogo venezolano Miguel Ángel Martínez Meucci, su asistencia iría en contra del objetivo de cooperación entre países democráticos, ya que, a su juicio, ni Venezuela ni Cuba ni Nicaragua cuentan con representación legítima; además recuerda las sanciones europeas y el precedente del denominado “Delcygate”.

Ese mismo experto advierte que, si asiste, Delcy Rodríguez podría acaparar la atención y eclipsar el resto de la cumbre.

Para permitir un viaje así, España debería aplicar una fórmula legal que sortee las sanciones. Según informó este diario en octubre, el Ejecutivo baraja acogerse a una excepción prevista en la Decisión (PESC) 2017/2074 del Consejo de la UE. Además, Delcy Rodríguez viajó recientemente a Roma para el Foro Mundial de la FAO beneficiándose de las normas de sede y de la inmunidad diplomática.

Sobre Díaz-Canel, Pablo Díaz Espí, director de Diario de Cuba, señaló que su presencia supondría la llegada de un dirigente acusado de graves violaciones, y dejó claro que, aunque sería una oportunidad para exigir responsabilidades, las dinámicas multilaterales de estas cumbres rara vez favorecen confrontaciones directas.

Oportunidad “histórica”

Andrés Allamand describe la cumbre como una oportunidad histórica para que la Comunidad Iberoamericana se consolide como un actor con voz propia, capaz de defender principios, aprovechar sus recursos, proyectar sus lenguas y decidir su lugar en el mundo junto a otros socios, no por otros. El objetivo es, en términos generales, recuperar mayor autonomía estratégica y aprovechar alianzas transatlánticas renovadas.

América Latina suscita hoy un interés creciente: Estados Unidos, China e India compiten por influencia. La Administración estadounidense impulsa lo que algunos califican como una nueva doctrina de influencia hemisférica y proyectos de seguridad como el denominado “Escudo de las Américas”. China ya está presente con inversiones y obras, como el puerto de Chancay en Perú, y India —junto a Turquía y Angola— asistirá como observadora en la cumbre. En 2024, autoridades indias expresaron su consideración de América Latina y el Caribe como un socio clave en la cooperación Sur-Sur.

Para Malamud, la Comunidad Iberoamericana no debe plantearse como un contrapeso directo al “Escudo de las Américas”; más bien su papel debería ser reforzar la relación de España y Europa con Latinoamérica al margen de las rivalidades entre grandes potencias.

Es especialmente relevante la posible asistencia del Secretario General de la ONU y del presidente del Consejo Europeo. La presencia de esas figuras reforzaría la visibilidad de la región y ayudaría a que las voces latinoamericanas sean escuchadas en Bruselas, mientras la Unión Europea trabaja por mantener una posición común.

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