El ministro de Exteriores de Arabia Saudí, Faisal bin Farhan, insistió este sábado ante la 81a Asamblea General de la ONU en que proteger la navegación internacional “es una responsabilidad compartida”, en el contexto de la crisis del Estrecho de Ormuz y de las amenazas en el mar Rojo.
Bin Farhan subrayó que salvaguardar las rutas marítimas y la resiliencia de las cadenas de suministro globales requiere una cooperación internacional seria para evitar riesgos que afecten a la economía mundial; recordó además que Arabia Saudí es el mayor productor de petróleo dentro de la OPEP.
Puso especial énfasis en garantizar la libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz, que desde el estallido de la guerra iniciada el 28 de febrero ha sufrido importantes interrupciones en el tráfico marítimo, con repercusiones para las economías petroleras del Golfo y para el mercado energético global.
También pidió proteger el Estrecho de Bab al Mandeb, el golfo de Adén y el mar Rojo, donde los rebeldes hutíes de Yemen —aliados de Irán— han impuesto bloqueos a buques vinculados a Arabia Saudí en el marco de su escalada contra Riad, rutas que se han convertido en alternativas clave para la exportación de crudo tras las dificultades en Ormuz.
Reclamó restablecer la navegación en Ormuz a las condiciones previas al conflicto y rechazó “el uso, por cualquier parte, de estas vías navegables vitales como instrumento de presión, amenaza o perjuicio a los intereses de los Estados”, en alusión al intercambio de amenazas entre Washington y Teherán.
El ministro recordó que los países árabes del Golfo han sufrido “ataques flagrantes” atribuidos a Irán dirigidos contra sus recursos durante la guerra en Oriente Próximo; por ello reafirmó el derecho del reino a proteger su seguridad y soberanía y pidió a la comunidad internacional que asuma responsabilidades.
Afirmó que la seguridad del Golfo es parte integral de la seguridad regional y global, y que la estabilidad de esta área estratégica está vinculada directamente a la seguridad energética mundial, al comercio internacional y a la resiliencia de las cadenas de suministro.
Sostuvo que los esfuerzos para restablecer la seguridad en la región no deben basarse en la dominación, la influencia o la explotación de las crisis, y expresó su apoyo a iniciativas de desescalada como las impulsadas por Catar y Pakistán, que actúan como mediadores entre Estados Unidos e Irán.
Finalmente, señaló que cualquier acuerdo debe ser integral, eficaz y sostenible, y exigió garantías para que Oriente Próximo esté libre de armas de destrucción masiva, además de que los programas nucleares pacíficos queden sujetos a supervisión, verificación y salvaguardias internacionales.

