Diego Armando Maradona vivió en distintas ciudades, llenó estadios y se transformó en una figura reconocida mundialmente. Aun así, las casas donde creció, compartió con su familia y construyó gran parte de su historia personal conservaron un significado especial a lo largo de su vida.
Desde la modesta vivienda de Villa Fiorito hasta las propiedades que adquirió tras alcanzar la fama internacional, cada hogar marcó una etapa distinta de su recorrido.
La historia comienza en Azamor 523, en Villa Fiorito, partido de Lomas de Zamora.
Allí transcurrió la infancia de Diego junto a sus padres, Don Diego y Doña Tota, y sus hermanos. La casa era sencilla: patio de tierra, puerta alambrada, un comedor y dos habitaciones. Lejos de los lujos que conocería más tarde, ese hogar fue el primer escenario de una vida profundamente vinculada al fútbol.
A pocos metros estaban los potreros donde empezó a jugar de niño. Uno de los equipos barriales fue Estrella Roja, dirigido por su padre. En esas canchitas, entre calles de tierra y partidos improvisados, se empezó a forjar el talento que luego llevaría a la Argentina a ganar el Mundial de México 1986.
Con su crecimiento como futbolista y su incorporación a las divisiones inferiores de Argentinos Juniors, la familia se mudó a un departamento en la calle Argerich, en la Ciudad de Buenos Aires, para estar más cerca del entorno donde Diego desarrollaba su carrera.
Esa mudanza fue uno de los primeros grandes cambios en la vida de los Maradona: el progreso del joven futbolista también modificó la realidad cotidiana de su familia.
Un capítulo importante llegó en 1981.
Tras su pase de Argentinos Juniors a Boca, Diego compró una casa para sus padres en Lascano 2257, en el barrio porteño de Villa Devoto, cerca de La Paternal. El chalet se convirtió en una de las residencias más recordadas de la familia y representó una mejora sustancial respecto de las condiciones de su infancia.
Allí, Don Diego y Doña Tota encontraron un espacio familiar que acompañó la vida de sus hijos durante décadas. La vivienda también fue escenario de reuniones y momentos cotidianos de Maradona, aun cuando su trayectoria lo llevó a jugar en Europa y a convertirse en una figura internacional.
Con el tiempo, la casa adquirió un valor simbólico que trascendió su arquitectura. Tras la muerte de Maradona, la propiedad recibió trabajos de recuperación orientados a preservar su identidad y los recuerdos asociados a la familia.
Otra dirección que quedó en la memoria colectiva fue la esquina de Segurola y Habana, también en Villa Devoto. Ese lugar cobró notoriedad a partir de una frase pronunciada por Diego durante un enfrentamiento mediático en 1995 y pasó a formar parte del imaginario popular.
La esquina se transformó en un símbolo dentro del universo maradoniano, aunque ninguna propiedad vinculada a su vida tuvo el mismo reconocimiento patrimonial que la primera casa de Villa Fiorito.
El 26 de octubre de 2021, mediante el Decreto 733, el Estado argentino declaró Lugar Histórico Nacional a la vivienda ubicada en Azamor 523. La decisión valoró el carácter cultural del inmueble y su importancia como testimonio de los orígenes de una figura central de la identidad argentina.
La declaración resaltó también el vínculo sostenido de Maradona con su familia y con el barrio donde creció, e incorporó oficialmente esa construcción humilde al patrimonio histórico del país.
La historia de las casas de Maradona muestra que el valor de un hogar no depende solo de su tamaño, materiales o ubicación.
Diego vivió en residencias imponentes y en grandes ciudades, pero la primera casa de Villa Fiorito mantuvo un significado irreemplazable. Antes de ser el Diez, campeón del mundo y leyenda, fue Pelusa: un chico que soñaba con jugar al fútbol y ayudar a su familia.
Y ese sueño comenzó en una casa de barrio.
#TipCementero por Cementos Avellaneda
Las viviendas forman parte de la identidad arquitectónica y cultural de una comunidad. Más allá de sus características constructivas, muchas casas adquieren valor histórico por los hechos que albergó o por las personas que las habitaron.
La casa de Maradona en Villa Fiorito es un ejemplo de cómo una construcción modesta puede convertirse en un bien patrimonial de alcance nacional. Su declaración como Lugar Histórico Nacional implica la necesidad de preservarla como parte de la memoria colectiva.
En intervenciones de conservación, reparación o recuperación es importante respetar las características originales y los criterios técnicos de los organismos competentes.
Los materiales empleados en una restauración deben ser compatibles con los sistemas constructivos existentes, evitando cambios que puedan afectar el valor histórico del inmueble.
El caso de la primera casa de Maradona recuerda que el patrimonio arquitectónico no está formado solo por grandes monumentos: también incluye viviendas de barrio, construcciones familiares y espacios cotidianos que, con el tiempo, se convierten en testigos de nuestra historia.





