26 de septiembre de 2026
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De robots médicos a superinteligencia

De robots médicos a superinteligencia

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habló desde el hemiciclo de Estrasburgo durante su discurso sobre el Estado de la Unión, con la atención de europarlamentarios como el francés Jordan Bardella, quienes podrían influir en el futuro político de la UE.

En su intervención dedicó un espacio a la Inteligencia Artificial, usando el cribado del cáncer de mama como ejemplo: explicó que las mamografías reducen la mortalidad entre un 30% y un 40% y que la detección precoz salva vidas. Señaló que la IA puede ayudar a identificar más casos en fases tempranas y, por tanto, mejorar la supervivencia, pero insistió en que su uso debe ajustarse al enfoque europeo: apoyar al profesional sanitario con acceso a datos relevantes, sin delegar la decisión final en un sistema automatizado.

Seis días después, desde otra tribuna, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, también comentó la IA, relativizando las advertencias apocalípticas sobre nuevas tecnologías y comparándolas con previas predicciones alarmistas sobre el cambio climático.

Trump anunció además su intención de rebautizar la IA como “Superinteligencia”, argumentando que la palabra “artificial” sugiere falsedad y que la nueva denominación reflejaría mejor su potencial. Propuso que ese término se incorpore en documentos oficiales de Estados Unidos y, si es posible, internacionalmente.

Poco después, y tras conversaciones entre ambos, Pekín aceptó sumarse a la iniciativa: la Casa Blanca comunicó la creación de un diálogo bilateral Estados Unidos-China sobre Superinteligencia para intercambiar opiniones sobre riesgos y beneficios, el establecimiento de un canal de comunicación para incidentes y el uso conjunto del término SI en lugar de IA.

Más allá de la cuestión terminológica, el encuentro entre Xi Jinping y Donald Trump, celebrado durante la semana en torno a las reuniones de la ONU, puso de relieve las limitaciones de la organización: aunque muchos líderes intentaron promover sus agendas en Nueva York, las grandes potencias siguen marcando el ritmo y desplazan con frecuencia la acción colectiva.

Para Trump, estos actos internacionales sirven también para reforzar su imagen ante el electorado y sumar apoyos de cara a las elecciones del 3 de noviembre. Mientras los líderes brindan y escenifican gestos diplomáticos, la preocupación cotidiana de los ciudadanos sigue centrada en problemas como el alto coste de la vida y los precios del combustible, cuestiones que influyen directamente en la percepción pública de la política exterior y nacional.

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