En Argentina, al mencionar “Olivos” muchos no piensan en aceite sino en la residencia presidencial: la Quinta de Olivos, ubicada a unos diez minutos al norte de Buenos Aires, un predio de 30 hectáreas con arboleda y praderas. En los últimos días esa residencia estuvo en el centro de un conflicto que refleja la singular situación del presidente Javier Milei.
De forma repentina, el presidente apartó a alrededor de una docena de empleados de la Quinta. Según medios argentinos, se invocaron filtraciones, espionaje y fallas de seguridad; desde la Casa Rosada, además, se mencionó al Papa León XIV.
En un comunicado, el gobierno indicó: “La Casa Militar asumirá la responsabilidad integral de las funciones de seguridad de la Residencia Presidencial de Olivos, así como de las residencias transitorias del presidente de la Nación y de su familia, con el objetivo de fortalecer la seguridad y al mismo tiempo facilitar los procesos administrativos internos”.
Añadió que la decisión busca “elevar los estándares de eficiencia y seguridad del presidente y de su entorno en el marco de la escalada de la inseguridad a nivel global y de la visita del Papa León XIV a la Argentina, que demandará un gran movimiento de personal ajeno para la ejecución de obras y la prestación de servicios necesarios para el acondicionamiento de la visita oficial”.
El texto resulta llamativo porque la Casa Militar ya es la encargada habitual de la seguridad presidencial. La referencia al Papa —que visitará Argentina del 8 al 11 de noviembre— generó sorpresa, ya que no está previsto que el pontífice visite la Quinta de Olivos.
Según La Nación, todo esto ocurre en un contexto de alto hermetismo alrededor de Milei, que actúa con una protección muy estrecha en sus apariciones públicas y cuyo entorno advierte que el presidente está cada vez más preocupado por posibles filtraciones u “operaciones” en su contra y contra su gobierno.
Al hablar de “filtraciones”, los medios señalan como detonante la divulgación de una compra de carne para la Quinta: unos 29.000 kilos por 500 millones de pesos (aproximadamente 280.000 euros) en un contrato anual, con entregas progresivas. Ese dato provocó críticas en redes sociales y especulaciones sin pruebas, entre ellas la afirmación de que la carne sería para los perros del presidente.
El conocimiento público de esa contratación molestó a Milei, quien en los últimos tiempos estuvo 45 días sin acudir a la Casa Rosada. Circularon informaciones sobre veladas nocturnas en las que escucha ópera, pasa tiempo con sus perros o trabaja en un libro. Críticos afirman haberlo visto con el rostro hinchado y los ojos enrojecidos, lo que atribuyen a la falta de sueño.
Las noticias sobre lo que ocurre en Olivos han generado crónicas y afirmaciones que en algunos casos rozan lo inverosímil o van más allá de lo comprobado.
El portal La Política Online contó que los cambios mantienen inquietos a los pocos civiles que continuaban en la Quinta y relató, en tono informal y atribuido a fuentes de la Casa Rosada, la renuncia sucesiva de cocineros: el último habría dejado el puesto tras quejarse de la exigencia del presidente sobre la preparación de carnes en horario nocturno.
Olga Wornat, ex corresponsal en Argentina y biógrafa de varios expresidentes, declaró recientemente que, en su opinión, Milei “no gobierna”.
Wornat añadió que el presidente pasa mucho tiempo recluido y alterado, y que en ocasiones ha requerido atención médica en la Quinta, según su versión.
El alto grado de hermetismo de Milei —que en casi tres años de mandato no ha ofrecido ruedas de prensa y suele conceder entrevistas solo a periodistas o streamers afines— facilita la proliferación de rumores y también le permite responder con dureza a informaciones, sean infundadas o incómodas.
En uno de sus últimos mensajes públicos, Milei atacó con insultos a periodistas, muestra de la agresividad con que a veces responde a la prensa.
El futuro de Milei
Milei busca la reelección dentro de un año, pero las dificultades económicas —cierres de fábricas, caída del consumo y aumento del desempleo, pese a la baja de la inflación— complican ese objetivo. A esto se sumó recientemente otro episodio que alimenta sus sospechas de conspiración.
Patricia Bullrich, rival en 2023 y hoy aliada, es la vocera del espacio en el Senado, pero actúa con gran autonomía. Mantiene una estrategia pública que combina lealtad hacia Milei con independencia respecto al resto del gobierno.
Tras un nuevo desencuentro con la Casa Rosada, Bullrich publicó un video con la canción “No me importa” de la cantante Lali Espósito.
La letra seleccionada subraya una actitud de no cambiar por las críticas: “No voy a cambiar, por mucho que ladren (…) Nunca fui lo que querían de mí y no me importa”, versos que sugieren indiferencia ante quienes cuestionan su postura política.
La elección de ese gesto y la confrontación política con Karina, la poderosa hermana del presidente, han sido leídas como una muestra de desafío interno. El uso de una canción de Espósito —a quien Milei desprecia y suele denigrar— añade un matiz simbólico a la disputa.
Más allá del tono mediático, la maniobra de Bullrich es interpretada por el llamado “círculo rojo” como una preparación para ofrecer una tercera vía política, una alternativa que evite polarizar entre la extrema opción de Milei y el regreso del kirchnerismo.

