2 de septiembre de 2026
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Paraíso insular que facilita la evasión de sanciones a Rusia

Paraíso insular que facilita la evasión de sanciones a Rusia

Las playas de arena blanca, las aguas turquesas y los complejos turísticos exclusivos de este archipiélago en el sur de Asia atraen a millones de visitantes cada año. No obstante, detrás de ese paisaje turístico ha surgido discretamente un comercio: una red de empresas que facilita que Rusia eluda las sanciones internacionales.

Documentos revisados por The Wall Street Journal y entrevistas con funcionarios occidentales señalan que cientos de millones de dólares en mercancías restringidas o destinadas a entidades sancionadas han pasado por el aeropuerto. Entre esos bienes hay componentes con posible uso civil y militar; las bodegas de carga suelen contener repuestos de aeronaves, piezas electrónicas y otros artículos regulados.

Aunque el volumen que transita por las Maldivas es pequeño en comparación con las principales rutas de evasión —como China, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos, que suman cerca de 15.000 millones de dólares anuales—, este flujo revela hasta qué punto la estrategia para sortear las restricciones abarca lugares remotos y poco esperados.

A lo largo de más de cuatro años de conflicto, Moscú ha mostrado repetidamente su capacidad para identificar y explotar lagunas en el régimen de sanciones, obligando a las autoridades occidentales a intensificar esfuerzos para cortar el suministro de bienes clave para su economía y aparato militar.

Los documentos examinados —incluidos conocimientos aéreos, manifiestos de carga y correos electrónicos entre empresas de logística— detallan cómo opera este flujo a través de las Maldivas.

Cada mañana llega a Malé un vuelo comercial de Aeroflot, la principal aerolínea rusa. Intermediarios locales, en coordinación con compañías logísticas vinculadas a Rusia, gestionan el paso aduanero de mercancías procedentes de Estados Unidos, Europa y China; pocas horas después, esos cargamentos regresan en vuelos de Aeroflot rumbo a Moscú.

Una vez en Rusia, los envíos se redistribuyen y, en algunos casos, terminan en entidades sancionadas, entre ellas S7 Airlines y sus filiales de mantenimiento, que han tenido dificultades para conseguir repuestos para su envejecida flota.

«Esto demuestra la existencia de canales eficaces muy alejados de los sospechosos habituales», afirmó Pavlo Shkurenko, investigador de sanciones en el Instituto de la Escuela de Economía de Kiev.

El gobierno de las Maldivas y la empresa pública que gestiona el aeropuerto, Maldives Airports Company, no respondieron a las solicitudes de comentario.

El archipiélago maldivo está formado por más de mil islas, muchas ocupadas por un único complejo hotelero. Más de dos millones de turistas visitan las islas cada año, atraídos por aguas donde se observan tortugas, mantarrayas y tiburones ballena. Malé, en cambio, es una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, con calles estrechas y un intenso movimiento de motocicletas.

El éxito de Rusia al canalizar mercancías por las Maldivas se apoya en vínculos económicos con el país insular: los turistas rusos son la segunda nacionalidad más numerosa después de los chinos, por lo que una ruptura diplomática con Moscú podría perjudicar seriamente la recuperada economía turística de las islas.

Hoy, el gobierno maldivo obtiene ingresos no solo por tributos al turismo, sino también por el comercio. En 2024 la Maldives Airports Company registró beneficios récord y se consolidó como la empresa estatal más rentable del país, recaudando tarifas por servicios comerciales y de manipulación de carga, además de obtener beneficios en la venta de combustible.

Algunos de los suministros que salen de Malé con destino a Moscú están catalogados como bienes de doble uso, es decir, pueden emplearse con fines civiles o militares, y resultan útiles para la industria aeronáutica rusa, entre otras aplicaciones.

Los envíos documentados incluyen microchips que sirven tanto para equipos civiles como para sistemas de guiado de misiles, instrumentación óptica que podría emplearse en satélites de vigilancia, y pernos y remaches aeroespaciales de alta resistencia, aplicables a aviones civiles, cazas o cohetes de largo alcance.

Las estadísticas oficiales aduaneras de las Maldivas muestran exportaciones directas insignificantes a Rusia entre 2022 y 2025: apenas unos pocos miles de dólares en atún y folletos. Sin embargo, los datos comerciales rusos compilados por Import Genius indican que las importaciones rusas procedentes de las Maldivas se elevaron a más de 630 millones de dólares en 2022, frente a solo siete millones en 2021.

En 2024 las importaciones rusas desde las Maldivas sumaron 160 millones de dólares, según Import Genius. William George, director de investigación de la firma, advirtió que esas cifras probablemente subestiman el comercio real y señaló que las autoridades rusas comenzaron a censurar parte de estos registros en 2024, bloqueando el acceso por completo a principios de 2025.

Estados Unidos y la Unión Europea impusieron sanciones amplias tras la invasión de Ucrania con el objetivo de debilitar la base industrial rusa y aislarla del comercio global: congelaron activos del banco central ruso, desconectaron a entidades financieras del sistema Swift y restringieron el acceso a microchips avanzados, tecnología aeroespacial y maquinaria industrial clave.

Recientemente, las autoridades occidentales han centrado sus esfuerzos en tapar vacíos legales y sancionar a intermediarios en terceros países —bancos y empresas logísticas— que facilitan el flujo encubierto de suministros occidentales o el desvío opaco de ingresos energéticos hacia Rusia.

Fuentes oficiales indican que el ejecutivo maldivo está bajo creciente presión de Estados Unidos y Europa para cerrar esta ruta. Las autoridades locales conocen el problema y trabajan en medidas para corregirlo, según una persona familiarizada con el asunto.

Una dificultad adicional es la escasez de personal en la oficina de aduanas maldiva, lo que provoca revisiones mínimas de los bienes en tránsito. Por norma, la carga en tránsito rara vez se somete a inspecciones físicas y el control se basa casi exclusivamente en la documentación.

Lejos de disminuir, el comercio sigue creciendo: en julio la Maldives Airports Company anunció un récord diario de mercancía en tránsito por el aeropuerto, con 126 toneladas en una sola jornada. Aeroflot concentró el 12% del transporte de carga saliente en la primera mitad del año, según PSM News.

Los documentos revisados muestran que al llegar la carga, la guía aérea incluye el nombre del exportador y del supuesto comprador, pero una red de empresas locales opacas —como Freight Care y Go Investment— modifica la documentación en las Maldivas para que la mercancía se traslade directamente entre aviones sin entrar formalmente al país.

La carga no se registra como importación y solo pasa por controles aduaneros mínimos antes de transferirse de un avión a otro, confirmaron las fuentes. Se emite entonces una nueva guía aérea para el vuelo a Moscú que omite el nombre del vendedor original, según la documentación y funcionarios occidentales.

Como ejemplo, en mayo de 2024 la alemana Kraemer Mining vendió bombas, baterías, correas trapezoidales y otros componentes por unos 9.000 euros a Peretsvo, con sede en Kirguistán. La mercancía voló de Düsseldorf a Malé en un avión de Emirates y Freight Care, consignada en la guía inicial, gestionó el tránsito en el aeropuerto maldivo, según funcionarios y la propia empresa.

Días después el cargamento partió en un vuelo de Aeroflot hacia Moscú. La aerolínea emitió una segunda guía aérea que no mencionaba a Kraemer Mining ni el origen; en su lugar figuraba como destinatario Gruppa Kompaniy Tehno, un importador ruso de Krasnoyarsk. Ninguna de las compañías respondió a las solicitudes de comentario.

El Journal encontró dos direcciones diferentes asociadas a Freight Care: la indicada en las guías aéreas y otra en el registro mercantil. Ambas correspondían a edificios de oficinas contiguos en Malé, con la delegación de Aeroflot entre ellos. Al visitar esos inmuebles no se hallaron oficinas visibles de la empresa.

Hussain Waheed, director general de Freight Care, reconoció que la firma gestionó carga en tránsito con destino a Rusia pero negó haber participado conscientemente en envíos destinados a la fabricación de armamento: «No apoyamos ninguna guerra», afirmó.

La dirección asociada a Go Investment en la documentación correspondía a una pequeña tienda de productos electrónicos, un domicilio que figura a su vez como sede de múltiples empresas en el registro mercantil. La persona registrada como directivo no respondió a las preguntas y cortó la llamada.

Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por V. Santos.

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