Imágenes difundidas por la propaganda norcoreana muestran varios misiles elevándose y, segundos después, una lluvia de explosivos cayendo sobre una isla pequeña, con decenas de detonaciones que abarcan una amplia superficie. Es la más reciente demostración de fuerza del régimen de Kim Jong-un, que amplía su arsenal en vísperas de la próxima gira asiática de Donald Trump; en esta ocasión, Pyongyang ha probado ojivas con bombas de racimo para aumentar el poder destructivo de sus misiles balísticos de corto alcance.
Corea del Norte informó que el ensayo, realizado el día anterior, evaluó nuevas capacidades de los proyectiles tácticos de la familia Hwasong-11. Según la agencia estatal KCNA, una ojiva de racimo denominada Standard Tipo 2 puede devastar entre 12 y 13 hectáreas, aproximadamente el equivalente a 18 campos de fútbol.
La agencia encargada del programa de misiles afirmó que está desarrollando cuatro variantes de estas municiones, diseñadas para distintos objetivos militares, y que planea entregarlas a las unidades operativas antes de que termine el año.
Aunque Pyongyang presentó el ensayo como parte de sus actividades científicas habituales, su alcance supera la mera exhibición propagandística. Las bombas de racimo dispersan numerosas submuniciones sobre una amplia zona, lo que permite atacar simultáneamente concentraciones de tropas, vehículos, aeródromos o instalaciones militares, y además plantea un riesgo persistente para la población civil por los explosivos que pueden quedar sin detonar.
No es la primera vez que el régimen experimenta con este tipo de armamento: en abril, Kim Jong-un supervisó pruebas de bombas de racimo montadas en misiles balísticos de corto alcance. La novedad de este fin de semana es el anuncio de introducir diversas variantes en unidades operativas y mejorar la capacidad de atacar grandes superficies.
La prueba se suma a semanas de intensa actividad militar en la península. El jueves, Pyongyang lanzó alrededor de una decena de misiles balísticos de corto alcance desde las cercanías de Wonsan, en la costa oriental; los proyectiles recorrieron unos 250 kilómetros antes de caer en el mar de Japón.
Ese lanzamiento coincidió con la visita a Corea del Sur del ministro de Exteriores alemán, Friedrich Merz. Dos semanas antes, Corea del Norte había disparado varios misiles desde las inmediaciones de su capital, uno de los cuales superó los 900 kilómetros de recorrido; aquella demostración siguió al ensayo exitoso de Corea del Sur con su propio misil hipersónico.
La carrera armamentista norcoreana no se limita a misiles balísticos. La semana pasada, Kim pidió lograr la “superioridad absoluta” en tecnología de drones durante una exhibición de aeronaves no tripuladas que, según medios oficiales, incorporaban sistemas de inteligencia artificial. En octubre, Pyongyang también anunció pruebas de torpedos guiados por IA y de misiles de crucero lanzados desde submarinos.
Todos estos ensayos ocurren en un contexto de crecientes tensiones en la frontera militarizada entre las dos Coreas, donde el Norte continúa levantando vallas y reforzando posiciones. En ese marco resurgen los rumores sobre un posible encuentro entre Kim y Donald Trump.
¿Habrá cumbre con Trump?
El presidente de Estados Unidos tiene prevista una gira por Asia en noviembre: primero irá a Manila para una reunión de líderes del bloque Quad (Estados Unidos, Japón, India y Australia) y luego a Shenzhen para la cumbre de la APEC los días 18 y 19.
Según The Wall Street Journal, en agosto Trump pidió a sus asesores que estudiaran la posibilidad de organizar una reunión con el líder norcoreano durante su viaje a China. El propio Trump alimentó las especulaciones al decir que esperaba encontrarse con Kim antes de que acabe el año; en octubre sugirió que ambos podrían verse durante la gira y, una semana después, reconoció no saber si se había solicitado formalmente una reunión.
La última aclaración la realizó este sábado el secretario de Estado, Marco Rubio: aseguró que el presidente sigue abierto al diálogo con Kim Jong-un si Pyongyang está dispuesto a abordar asuntos que preocupan a Estados Unidos y a sus aliados.
Rubio hizo estas declaraciones tras conversaciones trilaterales con sus homólogos de Corea del Sur y Japón en Atlanta, en las que los tres reafirmaron su compromiso con la desnuclearización completa de Corea del Norte. Según Rubio, la posición presidencial es que Trump estaría dispuesto a dialogar si Corea del Norte muestra voluntad de tratar las preocupaciones compartidas con sus aliados.
Hasta ahora no hay señales desde Corea del Norte de que Kim tenga previsto viajar a China para reunirse con Trump, ni se ha anunciado la posibilidad de un encuentro en la frontera intercoreana como el que ambos sostuvieron en junio de 2019.
En aquella ocasión, Trump cruzó simbólicamente la línea de demarcación militar y se convirtió en el primer presidente estadounidense en ejercicio en pisar suelo norcoreano. La fotografía del apretón de manos entre ambos líderes, que ya se habían reunido antes en Singapur (2018) y Hanói (2019), dio la vuelta al mundo, pero el gesto no logró desbloquear las negociaciones sobre el desarme nuclear de Pyongyang, que siguen estancadas.

